10-07-2026, 12:06 AM
(Última modificación: 10-07-2026, 12:08 AM por Juan Sebastian.)
Ost
Momentos antes, durante el camino
La química con mis compañeros marines fluía magníficamente; éramos un grupo tan diverso como entretenido y eso era algo estupendo. Un marine a lo largo del día tenía que ser una figura, una heróica figura en la que los niños pudiesen soñar; ser mediocre mientras se carga con esa responsabilidad era algo inaceptable, un crimen en sí mismo.
Por suerte, todos en el grupo parecían tener personalidades fuertemente marcadas y diferenciales. Stroud, manteniendo su aire solemne y formal, nos hizo entrega de unas tarjetas, donde estaba indicado el número de su Den Den Mushi. Por mi parte, al no estar tan bien preparado, me limité a dictarle el mío con la esperanza de que lo recordase. Bertram mencionó que estuvo en una isla de dinosaurios; mientras lo comentaba, me limité a mirar al cielo, perdido en mis pensamientos y pensando: —Buaahh… Qué chulo…
En la actualidad
Mi salto fue perfecto, olímpico podría decir, al menos para mí… Pero fue eclipsado por el ágil y sutil aterrizaje del camarada Kibai, que se movía con una soltura que era difícil de creer. —¡Ualaaa! —Estaba claro, era algo que me hacía falta, algo que pudiese usar para impresionar a los niños y motivarles por el camino correcto… Con seriedad me acerqué al esbelto felino y, tras apoyarle mi mano izquierda en el hombro, le pregunté: —Compañero, ¿Qué comes para saltar así?
Estaba increíblemente interesado en su respuesta; la clave, sin lugar a dudas, debía residir en su alimentación; era la base del físico, después de todo. Pero, antes de poder escuchar su respuesta, un sonido atravesó mis ¿oídos? como una flecha, ni más ni menos que un reto, un desafío, y ni más ni menos que de manos de mi increíble capitán. No pude aguardar a la contestación del felino; mis pesadas piernas se separaron del suelo con torpeza, avanzando detrás de mi amigo mientras me trastabillaba. —¡Mierda! ¡Enji, espera! Tsk
Viendo que era incapaz de acortar distancias con mi líder de división, tomé una decisión brillante. Guardé mis guantes en mi bolsillo, mi cuerpo se redujo de tamaño y mis extremidades superiores se posaron en el suelo, clavando las escamosas y pequeñitas patitas en la tierra fresca. Una vez mi cuerpo se transformó en el de una tortuga, esbelta y majestuosa, pude correr con libertad, pero de nada funcionó; la figura de Enji estaba cada vez más lejos. —¡Esperaaaa! —grité de forma desesperada, viendo una inminente derrota.
Mi carrera se vio interrumpida por un épico discurso que resonaba como un susurro por el aire. Mi cuello se estiró de forma anormal mientras entrecerraba los ojos para evitar el destello del sol que se alzaba sobre nosotros, logrando discernir lo que parecía ser un grupo de personas en lo alto de un risco. Cuando el discurso cesó, un hombre se dejó caer desde las alturas. —¿Un suicidio? —me pregunté, justo antes de ver cómo el resto de personas se precipitaba al vacío. —¡¿Suicidio en masa?! —rectifiqué, antes de escuchar cómo decenas de personas eran espachurradas contra el suelo, pudiendo percibir desde la distancia el sonido de la carne espachurrada y de los huesos quebrándose. —... —dije, completamente atónito ante tal macabro espectáculo.
Me acerqué a mi capitán pasito a pasito mientras el retumbar de un cuerno de guerra inundaba los cielos con una fuerza abrumadora. Para cuando el sonido del cuerno cesó, dejando un pitido en mis tímpanos, un destello apareció frente a nosotros. Ni más ni menos que un ángel apareció frente a nosotros. —¿Será familia de Masami? —pensé mientras observaba su cuerpo de semblante casi divino desde mi diminuta estatura de tortuga. Los adornos que cubrían su cuerpo no llamaron más mi atención que la sensación que transmitía; de algún modo me parecía evidente que no era como Masmai, tampoco como aquel muchacho de alas negras con quien compartí cautiverio; era distinto.
Nos solicitó información, y no dudé en dar un paso al frente para responder el primero. —¡Yo primero, yo primero! *Ahemm* *Ahemm* Buen día lo primero de todo —dije acompañando mi saludo con una referencia de cabeza, precipitando mi gorra al suelo una vez más. Haciendo como que eso no pasó, proseguí: —...Mi nombre es Juan Sebastián, comandante cangrejo tortuga de la gloriosa División ochenta de la Marina… ¡Y creo que ya! Me gusta la lechuga —dije tras levantar la cabeza, rebosante de confianza. Detrás del ángel pude observar cómo la gente del lugar hacía sus quehaceres, pero mi atención estaba completamente robada por este misterioso sujeto.
Cajita de Tortuga

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