[Presente Relativo - Entrenamiento] Hoy es un buen día para mo- para entrenar
#1
Día 15 de primavera, año 18
12:00, mediodía

Un sol primaveral, caluroso en exceso para la época del año, coronaba los cielos de Mogaro en aquellos instantes. Las jornadas de las buenas gentes agricultoras de la isla llegaban a su fin, pues se habían levantado extremadamente temprano para cultivar, regar y arreglar cualquier cuestión en sus huertas. Ahora que el sol se había colocado en su cénit sólo restaba esperar a que las plantas hicieran el resto del trabajo. Los pescadores ya hacía tiempo que habían regresado de la pesca mañanera y ahora, con todo el pescado vendido, preparaban sus barcos para la siguiente jornada. Los ganaderos paseaban a sus bestias por los enormes pastos de la isla en dirección a sus corrales para resguardarlas del calor. Les tocaría sacarlas de nuevo al atardecer antes de dormir. Los cazadores descansaban, aunque sólo momentáneamente, de la persecución de los venados con los que alimentaban a sus familias. Todos parecían tomarse un momentáneo respiro en aquel caluroso día de primavera, menos una persona...

En un horizonte de pastos infinitos y pequeñas cabañas humeantes, un panda caminaba animado hacia el punto de encuentro "acordado" con sus subordinados para una sesión de tonificante entrenamiento.

Tres horas antes...

Aquella misma mañana Bambú se levantó eléctrico, esta vez no de forma literal. Estaba animado con la idea de tener discípulos a los que transmitirle sus conocimientos, aunque el proceso resultase doloroso para ellos, ya que el panda no era capaz de contenerse lo más mínimo cuando daba un puñetazo. Tenía curiosidad acerca de lo que podrían hacer Dean y Shirohime contra él, ya que hasta el momento sólo habían entrenado con Kisuke y el muy bribón no tuvo a bien informarle de sus desempeños. Particularmente de si Shirohime poseía algún tipo de habilidad especial más allá de una imaginación desbordante y una nobleza no reconocida por el mundo. También tenía que espabilar a Kelvin, que para ser un gigante era más flojo que Berry y no quería tener que encargarse de su tumba si el Nuevo Mundo decidía darle un revés con la metafórica mano derecha de la realidad. O peor, si Sohem decidía darle un revés con su no tan metafórica mano derecha del inclemente ajuste de cuentas. ¿Cuánto dinero debía? No recordaba que la cifra fuera mencionada, sólo que se encargarían ellos de pagarla. Sin embargo para eso habría que acudir a alguna sede del Banco Goldreich con los abusivos intereses que tenían fama de aplicar. Suspiró ante todos aquellos problemas antes de hacerle un agujero enorme a la puerta del cuarto de Kelvin con un único puñetazo, haciendo saltar astillas por todas partes y provocando un estruendo terrible. —Cielos, no era mi intención... —Sacudió su mano para quitarse las astillas que se le habían clavado y asomó su cabeza por el agujero de la enorme puerta del gigante, rascándose la nuca. —Bueno, ya la arreglaré... Lo hecho, hecho está honhonhon. ¿Estás vestido, no? Bueno, no tienes nada que no haya visto ya, supongo. ¡Firme sargento! He decidido que hoy realizaremos un entrenamiento sorpresa. Nada de hakis, quiero que me enseñéis vuestras habilidades y ver cómo las usáis. Hablo en plural porque ahora mismo voy a por la princesa. —Se quedó en silencio unos segundos, no porque esperase una respuesta del pobre gigante, sino porque estaba pensando si se había dejado algo por explicar a parte del lugar y la hora del encuentro. —Sí, eso es todo. Nos vemos en tres horas en un campo muy bonito que hay al norte del castillo. Esto... —Claro, el gigante no se orientaba nada bien, ¿cómo iba a encontrarlo? Por otro lado el cabrón era una atalaya andante. —Mira, te lo dejo anotado en este papel, lo he dibujado bien grande. Si te pierdes pregunta que aquí todo el mundo es muy majo. ¡Descanse! —Y con las mismas, después de introducir en la habitación de Kelvin un folio entero tamaño A2 con todo el camino dibujado hasta el punto de encuentro, Bambú dio media vuelta y se marchó en dirección a la habitación donde tenía a bien dormir Shirohime y, ocasionalmente, a veces también Berry.

—¡FIRME RECLUTA, AMANECE LA REVOLUCIÓN! —Esta vez gritó delante de la puerta para despertar a la princesa. Se había asegurado de que Berry no estuviera dentro por medio del kenbunshoku, aunque si llegase a estar habría gritado lo mismo. —HOY ENTRENAMOS EN UN CAMPO AL NORTE DEL CASTILLO DENTRO DE TRES HORAS. —No sabía si Shirohime tenía problemas de orientación, creía que no, pero no había compartido tanto tiempo con ella como para averiguarlo. Pasó por debajo de la puerta un folio tamaño A5 con un mapita del camino dibujado. No le gustaba tener que hablarle a través de la puerta, pero tampoco quería abrirla de golpe y encontrarse con una denuncia por acoso entre ceja y ceja. Espera, ¿podía denunciarle Kelvin también? Bueno, mejor ni planteárselo. —¡DESCANSE! —Decidió no deshacerse en detalles con el tema del entrenamiento como con el gigante para no sentir que le estaba hablando a la madera. La siguiente parada era el cuarto de Dean y con eso se daría por satisfecho. Berry estaba por encima de todos ellos, así que decidió darle un descanso a la guerrera.

Lamentablemente, Dean no estaba en su habitación. —¿Dónde se habrá metido tan temprano? —Supuso que estaría entrenando con su espada debajo de una cascada o meditando en una playa o algo similar, que es lo que solían hacer los espadachines que el panda conoció a lo largo de su vida. —Bueno, si aparece bienvenido sea... —Le pasó el mismo mapa que le dibujó a Shirohime por debajo de la puerta y se encaminó hacia el desayuno que le aguardaba. Después de todo aún faltaban unas horas para entrenar a los muchachos.

12:05

El lugar que había escogido Bambú era, en efecto, muy bonito. Se trataba de un campo de pasto completamente verde. La hierba estaba ya algo crecida, llegándole hasta los tobillos al mink. El ganado llevaría ya una semana sin pasar por allí y tendría que pasar otra semana para que estuviera listo, por lo que no habría problemas con los ganaderos del lugar que quisieran utilizar el campo para sus bestias. Aquí y allá había flores de todo tipo. Especies que se podían encontrar en muchas islas diferentes del Grand Line y de los Blues sin ninguna que fuera particularmente especial. Quizás el viejo Peony protestaría ante semejante afirmación y tildaría a Bambú de imbécil degenerado enemigo de las flores y los hongos. ¿Dónde estaría ahora?

El panda aguardaba sentado en el mismo suelo con las piernas cruzadas y los brazos sirviéndole de apoyo a sus espaldas para no quedarse tumbado. Sus manos desnudas sentían el frescor de la hierba en contraste con el calor del sol sobre su pelaje. Miraba el cielo en apariencia distraído con las nubes y no le estaba prestando demasiada atención a la hora en la que vivía. Su haki de observación estaba extendido en un área de cincuenta metros a su alrededor para poder reaccionar con tiempo a la llegada de sus subordinados, aunque conociendo lo estruendosos que eran el gigante y la princesa dudaba que le fueran a hacer falta siquiera. No llevaba ninguna clase de equipamiento, excepto los den den mushis de rigor por si había alguna clase de emergencia. No necesitaba nada más en aquel momento.

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[Presente Relativo - Entrenamiento] Hoy es un buen día para mo- para entrenar - por Max D. Bambú - 09-07-2026, 12:27 PM

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