08-07-2026, 02:50 AM
No aparecía tener mucha relevancia el lugar, un camino bastante espacioso, suficientemente ancho y, afortunadamente, el sol no parecía ser una molestia demasiado grande. Sus ojos exploraban de vez en cuando los lados, contemplando con curiosidad aquel camino que se veía selvático. Aparentemente, no parecían haber más personas. ¿Quizás habría tomado el camino equivocado? ¿O tal vez la fortuna lo llevó a un atajo? Tampoco es que tuviera deseos de tener que encontrarse en ese instante con nadie.
Tomó su ya característica cajita de metal, observándola calmadamente, abriéndola con su diestra, viendo la alineación de los cigarrillos y acomodando uno, apagado, entre sus labios. Cerró el mismo, ahora rebuscando en su bolsillo el mechero que tenía de repuesto, aquel que, tiempo atrás, había preferido no usar. No es que le restara importancia, más bien el anterior no le había dejado encender el mismo en el Jackpot. Todavía tenía preguntas por cómo diantres lo había logrado reparar, pero observarlo le recordaba a aquella deslumbrante sonrisa que le hacía seguir adelante y cumplir su misión y, especialmente, su sueño. Eso logró retrasar un poco más sus pasos, haciendo que alguien, quien fuera, a sus espaldas se le acercara. ¿Al final no iba a estar solo? Mientras no atacara, suponía que estaría bien, tampoco iba a socializar con nadie, a menos que fuera necesario para lo que se venía en esa isla sobre el cielo.
No, esos pasos se aceleraban, su sentido del oído, del que tanto confiaba, le gritaba que alguien, con pasos demasiado seguros, se le estaba acercando. El humo del cigarrillo se elevaba, perdiéndose en el cielo, a medida que se volteaba lentamente. ¿Un enemigo? ¿Quizás un ataque sorpresa? La distancia era suficiente para poder reaccionar a los pasos que cada vez se acercaban más y más a él. ¿A quién se le ocurriría correr de forma tan poco cuidadosa? Era como si quisiera llamar su atención a propósito... Y así lo había logrado, porque se estaba volteando lentamente, pero... De repente...

“Esa voz...”
La voz que hacía tiempo no escuchaba en persona, lejos de, por supuesto, su Den-Den Mushi. ¿Quizás el cielo y el viaje le estaba haciendo alucinar? ¿O tal vez se topó con algún olor que no reconoció? Sus ojos cada vez veían de forma más nítida aquel cabello dorado, tan hermoso bajo la luz del día, más incluso que el propio oro, esos ojos azules tan preciosos con los que soñaba cada maldita noche desde hacía dos años, tanto que casi se le habían difuminado en su mente durante ese tiempo... Y esas gafas que cargaba consigo tan a menudo, ese tono anaranjado que encajaba tantísimo con su tez y su cabello. El cigarrillo comenzó a deslizarse de entre sus labios, perplejo, desencajado y sin palabras. Su voz parecía haberse quedado atascada en su propia garganta, pese a que quería pronunciar su nombre una y otra vez, quería abalanzarse a abrazarlo como no lo había hecho en muchísimo tiempo, demostrarle la añoranza que tanto había estado guardando en su interior. No había cambiado nada, era tan brillante como lo recordaba... Debió pedir un cuadro de él, como mínimo, para cargarla con él. Sus labios se entreabrieron, su pecho apretaba ahora más firme, fuerte, casi llegando a resultar doloroso. Trataba de asimilar aquella sorpresa completamente inesperada. Afortunadamente, fue él quien comenzó la conversación, pudiendo escuchar su voz un poco más. Maldita sea...
Cómo lo había extrañado...
El hombre por el que estuvo dispuesto a llegar lejos, el motivo por el que al fin se atrevió a dar un paso adelante se encontraba ahora mismo frente a él, con esa deslumbrante y preciosa sonrisa que tanto había extrañado. Lo único que fue capaz de responder, al menos físicamente por el momento, fue su mano elevándose hasta uno de sus flequillos, ligeramente más largo y ancho de lo que solía portar cuando estaba en los Blues, tironeando de uno de los mechones delgados que estaban frente a su propia cicatriz. —Bueno, yo me siento igual que siempre. — Respondió al fin, parecía que al fin podía asentar mejor sus pensamientos. Qué irónico que estuvo pensando en él precisamente en el instante que tenía aquel mechero que ese mismo hombre le había arreglado años atrás. Ciertamente él mismo no percibía la diferencia, pero como siempre, Tezca, el Gran Tezca Norova siempre sabía ver más allá de los detalles acerca de él mismo. Y... esa frase...
Esa maldita frase...
No pudo hacer más que sonreír de forma cálida y agradable. ¿Cómo olvidar la forma en la que se conocieron? No podía hacer más que acompañarlo en una risita, una sonrisa tan sincera como única como pocas personas existían en el mundo capaces de mostrárselas, acompañadas de una frase que le traía recuerdos del mismo modo.
—No estaría mal escuchar tu nombre directamente de tus labios...
Elevó su mano, quería tocarlo, acariciar su rostro, el tacto que tanto había anhelado y buscado en el cuerpo de otros y, sin embargo, ninguno como el suyo. Algo simple, aunque solo fuera una simple caricia en su mejilla, mover sus gafas y elevarlas sobre su cabeza para contemplar mejor su rostro... Lo que fuera. Igual que él, no existía picardía en sus palabras, por el contrario, una diversión que compartía junto a ese mismo recuerdo único que solo ellos dos podían comprender. De hecho también buscó acercarse a la vez que él, abrazarlo con fuerza, quería abrazarlo tan fuerte, acariciar su cabello, poder volver a...
¿Qué diantres...? Algo los interrumpió. Ni siquiera tuvo la oportunidad de poder acariciarlo, en absoluto, por el contrario, solo se volteó, a la vez que el propio Tezca para buscar de dónde provenía el sonido que había destruido su gran momento tan esperado por tanto tiempo. Y allí estaba, un ave de cinco metros de alto y ancho. Esa ave los observaba como si tuviera un serio juicio contra ellos. Su sonrisa había desaparecido, siendo sustituido por un rostro mezclado entre molestia con un tic en su ceja.

A diferencia del mismo Tezca, no existía timidez alguna en él, ni rubor alguno. Ni siquiera se apartó de él, observándolo ahora de vuelta, con la misma expresión confundida y en busca de una respuesta que, claramente, por el rostro que su amado le entregaba, no poseía. Lo único que hizo fue elevar sus hombros en señal de desconocimiento. La lejanía era esperable, pero aún así le molestó que ese condenado pollo interrumpiera su momento. ¿Lo bueno? Recordó el cigarrillo que apenas había encendido y se le había caído al suelo. Ya no servía para nada, por ello, con un pisotón, lo apagó allí mismo. —¿Siquiera vendrás con nosotros?
La pregunta fluyó, sin saber si aquel pájaro gordo iba a hablar, pero con esos cantos que parecían más bien intentos de ir al baño lo ponía en serias dudas. En fin, más adelante ya tendrían más tiempo de... Bueno, reencontrarse mejor. Supo que, de todos modos, su objetivo estaba enfocado en seguir con la misión por el momento. Por ello, decidió seguir por aquel ancho camino recto, que parecía ser de lo más seguro. Al menos, silenciosamente, agradecía a los astros aquel bendito reencuentro. Puede que hubiera uno o dos metros de diferencia ahora al andar, y no tuviera la opción de tomarlo de la mano ni similares, pero seguía cerca de él, caminando, ahora sin su cigarrillo. ¿Quién lo necesita cuando estás al lado de Tezca Norova? Claro... que aparentemente ese gordo y feo pájaro encima los estaba acompañando. No sabía por qué diantres los seguía, pero tampoco parecía atacarlos, lejos de esa cara de pocos amigos que parecía poseer. Quizás también venía a disfrutar de su tiempo, quién sabe.
—Creo que siendo recto no debería ser demasiado difícil perderse... Además... — Sus ojos se volvieron ahora hacia el pájaro que Tezca bautizó como Care’malo. —Imagino que tú deberías conocer el camino si vamos por mal camino, ¿verdad? — No es que pudiera confiar en ese ave a la ligera, pero nunca se sabe. Lo mejor era tratarlo con amabilidad, tal vez más adelante habría un silencioso agradecimiento. Por supuesto, conversaba con su amado, siguiéndole el ritmo también, con ambas manos en los bolsillos mientras sonreía de medio lado cada vez que lo observaba. —Curioso, curioso. No es que me haya parado a pensar mucho sobre nada que tenga que ver con hierbas.
Las horas se le pasaron demasiado rápido, mientras le hablaba de unas cosas y otras, siempre, por supuesto, procurando mantener lo profesional aparte. Eso por el momento era algo que debía guardar para sí mismo. Pudo contemplar, sin embargo, y después del largo camino, cómo frente a ellos se alzaba una civilización tan impresionante como curiosa. Los tonos dorados eran, cuanto menos, algo que no se esperaba en absoluto. ¿Serían ventajas de los que vivían aquí en el cielo?
Escuchar a Tezca llamarlo de ese modo todavía se sentía extraño después de tanto tiempo. Hubo un tenue rojo en sus mejillas, mientras elevaba su mirada para contemplar mejor las estructuras... al menos lo que podía ver desde esa distancia.

—Sí que parece un tesoro, sin duda.
Pero nada iba a poder superar al propio Tezca (al menos para él). Además, la mención de su tripulación fue algo que despertó su interés. Recordaba aquellas notas que tomó, y lo último que había comentado sobre ellos. ¿Quién iba a negarlo o rechazarlo? Él desde luego no iba a hacerlo. —Sí, sigamos adelante... Que por cierto, ¿cómo diantres te separaste de ellos? ¿Cómo se atreven a dejarte atrás y solo? — Era algo que llevaba tiempo pensando y no quiso mencionar hasta que el propio Tezca no sacara la conversación. Más les valía tener un motivo de peso... Eso no lo frenó de sus pasos, pero al menos ahora podría decir que estaba cada vez más cerca, o eso esperaba...
Cajita de Tabaco
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