03-07-2026, 07:39 AM
Días antes
Arabasta
Cubierta del Royal Flush
¡Felicidad!
¿Cómo no podría estar alegre en tan maravilloso día?
¡Por fin partirían de Arabasta!
Y, por favor, no, que nadie crea que el médico pelirrosa de los Valar tiene algo contra tan maravillosa isla, porque si fuera por él, se quedaría mucho más tiempo en las desérticas y exóticas tierras y aun así, ahora que partía, el pirata sonreía de oreja a oreja y estaba dispuesto, incluso, a unirse al coro de voces que cantaban alegres en la cubierta del Royal Flush.
—Canto, bailo…hoy hago lo que quieras, Capiguana —. Su tono, más alegre de lo usual fue acompañado de un tamborileo que empezó sutil, siguiendo el compás de la melodía que Maki empezaba tocar desde su amada guitarra, siendo inevitable que, en algún punto, se uniera a la danza junto con la mujer, antes peliverde y ahora calva, y con Merlot, por supuesto, ignorando a los niños que para él eran simples polizones e irónicamente, la razón de su alegría, por al fin ¡AL FIN! bajarían del Royal Flush.
La paz volvió cuando se alejaron de las costas de Arabasta, los Valar, desde el punto de vista del médico, por fin recuperaban su privacidad, además, dejaban de gastar necesarios recursos en personas que no los estaban beneficiando en absoluto.
Saludó a la costa que se alejaba de ellos, incluso tiró un beso hacia la isla, uno que Mara, la mujer que les entregó las velas y credenciales con los que se encargarían de pasar al majestuoso evento del que ella misma les informó, creyó que era para ella… ¿Cómo culparla? Él médico se sabía hermoso, era normal que acelerara el corazón de algunos, aunque no era lo importante, si no que, con ese simple gesto, con una banal despedida, los Valar pudieron, por fin, dar inicio a su próxima aventura.
Día 2 de Primavera
Cerca del Knock Up Stream
Se arregló como si tuviera que presentarse ante los mismísimos dioses. Mara había dejado en claro las instrucciones a seguir para poder pasar por aquellas aguas que estarían custodiadas por unidades del gobierno mundial y ¿Cómo no? Al ser piratas con un precio por su cabeza era mejor disimular.
El barco ya había sido ataviado con velas y banderas que hacían alusión a la compañía de transporte. Lo miró casi con pena, pues para él era una lástima tener que cubrir los colores de su nueva bandera para dar paso a una distinta; sin embargo, harían lo que fuera necesario para pasar desapercibidos, así como ellos mismos ahora lucían elegantes trajes que evocaban a épocas tan lejanas que solo eran recordadas por medio de libros de historia y leyendas que el médico solía olvidar por más que se las contaran.
La larga túnica rojiza barrió el suelo de madera de la cubierta del Royal Flush cuando el médico salió de su habitación, dispuesto a ayudar en lo que fuera necesario para que el barco siguiera su rumbo; sin embargo, se arrepintió casi de inmediato al ver, por fin, el cordón del gobierno. Nunca debió salir de su cuarto, de hecho, estaba por devolverse, pero entonces, la potente voz de su capitana lo detuvo en seco.
¿Qué no viviría con miedo al mar?
Él debería tomar su ejemplo. No es como que fuera un cobarde, simplemente, era precavido, pero algo era cierto, tenían que prepararse para pasar, si algo le pasaba al barco y a ellas, también le pasaría a él…Salió a ayudar, sí, esa era su idea inicial, así que eso haría; sin embargo, lo cierto es que se la pasó mordiéndose el interior de la boca para calmarse y aspirando esencia de menta cuando fue su turno de pasar por el cordón del gobierno, una tarea que fue más tranquila de lo que creyó, pero era lo que estaba por venir lo que haría que el médico se asombrara y asustara a partes iguales.
Sorprendido.
Sus ojos se abrieron como luna llena cuando se dio cuenta de las nubes tormentosas que los rodeaban. Su boca se abrió para decir algo, pero se cerró enseguida cuando sintió gotas de agua salada en su cara. Su largo cabello trenzado se meció con el viento y por un momento creyó que la corona dorada de hojas de olivo saldría volando de su cabeza cuando fue consciente de la brisa tormentosa que azotó tanto su cuerpo como las velas y maderas del barco, pero su sorpresa real se debía a los coros celestiales que empezó a escuchar de repente.
Escuchó la voz de Maki al fondo, profiriendo amenazas a los dioses que él prefería obviar, pues estaba demasiado embelesado en aquella sinfonía tanto armónica como terrorífica que provenía desde los cielos.
¿Así se escucharían los ángeles?
Sí, debía ser eso, un coro de ángeles listo para recibir a cualquiera que se atreviera a surcar aquellas aguas que los llevarían directamente hacia el cielo.
El viento acompaña a las voces.
Las nubes de tormenta se hacen más evidentes. Oscurecen aún más el cielo.
Las cosas chocan contra las cubiertas de los barcos. Se escuchan como miles de tambores resonando al mismo tiempo.
El mar… ¡Oh, el mar! Tan hermoso como letal, pues en ese instante estaba tan vivo como ellos, era el protagonista en una escena digna de ser retratada por el mejor de los pintores. Era peligroso, pero al mismo tiempo tan hipnotizante que el médico arrastró sus botas por el suelo del Royal Flush hasta acercarse a uno de los barandales del barco para sentir ese peligro inminente más de cerca, pero entonces…el verdadero protagonista cobró vida.
—¡ESTO NO LO ADVIRTIÓ MARA! —Con fuerza suficiente para no salir despedido por la fuerza que imprimió en el mar, la columna de agua que apareció frente a los barcos, el médico se sujetó del borde del Royal Flush. Miró hacia atrás, Maki parecía emocionada y Merlot…Merlot intentaba no perder los estribos. —¡MAKI, ESTE ES UN BUEN MOMENTO PARA QUE DES UN MENSAJE DE ALIENTO! —. Esta vez el médico gritó con más fuerza, intentando ubicar a su capitana en medio del caos de agua y espuma mientras que, antes de llegar a la columna de agua, corrió para plegar las velas. No podía dejar que se dañaran.
—¡Y TU, MERLOT, OLVIDA QUE DETESTAS SER NAVEGANTE, SOLO AFFÉRRATE AL TIMÓN! —No había dejado la comodidad de Arabasta para perder la vida en una corriente como esa. Podían sortear eso y mucho más, confiaba en que Merlot había estudiado y aprendido de Thrym todo lo que tuviera que ver con navegación y sí el gigante era un excelente navegante, la sirena de etérea belleza, también lo sería, a pesar de todo.
Entonces, de un momento a otro, tan rápido que fue imposible contar los segundos, el Royal Flush empezó a subir a toda velocidad por aquella corriente que lo había dejado sin palabras, porque sí, cualquier otro grito que pudiera proferir quedó atrapado en sus labios en cuanto la travesía real inició, pues en lo único que podía pensar era en la comodidad de su habitación, en llegar lo más rápido posible a esa isla y, por supuesto, en mantenerse con vida…eso sí, a pesar del pánico que podría significar el subir por aquella corriente, el pelirrosa se atrevió a sonreír: hace mucho que no se sentía tan vivo…Tal vez este viaje le traería más beneficios que ningún otro. Lo presentía.
Ya no había necesidad de que las velas estuvieran escondidas…era momento de que el viento los ayudara a subir por aquella corriente que parecía imposible, así que, aferrado a las sogas del marco, el médico desplegó las velas…Ellas lo llevarían al cielo.
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