02-07-2026, 10:03 PM
Al fin, el día había llegado. Las interminables semanas que llevábamos en aquella isla de bárbaros iban a terminarse. Por fin podríamos proseguir nuestro camino, seguir en busca de nuestros sueños o nuestros objetivos. Volveríamos a navegar, a sentir la brisa marina empujando nuestro barco hacia nuevas aventuras y sin duda hacia nuevos retos. Aquel era un día importante, pues volveríamos a escribir una página en nuestra historia. Qué nos esperaría allá arriba? Aquello daba igual. No importaba si más allá en nuestro camino nos aguardaban bestias, demonios o incluso dioses, pues cualquier destino sería mejor que fallecer por aburrimiento, borracheras o contagiados por la necedad que poblaba Jaya. Ningun gran personaje de relatos históricos terminaba su historia en un sumidero como aquel. Si pretendíamos hacernos con un gran nombre, debíamos enfrentarnos a grandes retos, lograr las mayores gestas. Y qué hay más épico que navegar más allá de las nubes.
Nubes. Negras y amenazantes. Antes de haber pasado el cordón militar, nadie hubiera pensado que ellas serían el escollo más grande a superar. Lo peor que te podrías cruzar en altamar. Una tormenta, como la que en su día me separó de mis padres, volvía para torpedear nuestro camino. Intenté controlar mi respiración, sin éxito. Miré a un lado, luego al otro. Los ojos saltaban entre cada uno de mis compañeros, buscando seguridad. La seguridad que solo me ofrecería amarrarme al mástil de nuestra querida Black Widow. Ella me tendría a salvo entre sus brazos. Recordé las palabras de Kiyoshi mientras revisaba cual podría ser el lugar más seguro del barco. De veras había dicho que era valioso? No pensase que lo fuese, pero si que tenía algo valioso para mis compañeros. Debía ponerme a salvo, aunque antes, había algo que tenía que hacer. Metí la mano en el bolsillo. Mis temblores provocaron que un par de pañuelos de tela saltarán disparados hacia el suelo. Tras varios intentos y unas cuantas búsquedas, logré sacar lo que quería.
—Eros, Kiyoshi, Uker. Tomad esto antes de que la tormenta nos alcance.
Mis temblorosas manos repartieron los antídotos, pero mi mente no pudo dejar de buscar una y otra vez señales de que la tormenta comenzaba. Di unos pasos hacia el mástil con la intención de encontrar una buena soga que me mantuviese a salvo. Mi inquietud debía de ser notable, pues el capitán pareció entenderlo con tal solo un vistazo.
—Te lo agradezco, Eros. Esperaré abajo hasta que lleguemos a nuestro destino, sea cual sea ese... Avisadme cuando todo esté en calma.
Acepté la invitación de mi capitán y me dirigí a mí camarote. Puse un pie en el primer escalón, me giré para revisar a mis compañeros en cubierta, quién sabe si por última vez. Cerré la puerta tras de mi y avancé por el pasillo con una calma impostada. Por mucho que no lo viese, la tormenta seguía formándose allá fuera. Llegué a mí camarote y me dispuse a intentar alejar la imagen de aquellos nubarrones de mi cabeza. Tomé uno de mis libros, pero mis ojos solo danzaban sobre las letras. Ninguna otra imagen llegaba a mis ojos. Entonces decidí tomar el platillo que me había preparado Uker. Al destaparlo percibí un olor algo ácido que me hizo salivar. Tomé un pedazo y lo llevé a la boca. El picante atacó mi lengua. Con fuerza. Se repartió por toda mi boca, incluso llegando a mis labios. Era una mezcla de sabores tan intensa que se convirtió en lo único que atendía mi mente. Este tipo de sabores siempre me habían cautivado, por lo que no dudé en tomar un pedazo más. Y luego otro. Y otro. Y así continué hasta que sorprendí a mí mano rebañando los últimos restos de la deliciosa salsa de zanahoria.
Mientras chupaba uno de mis dedos, aprovechando la intimidad para tener una notable falta de modales, levanté la mirada hacia el ojo de buey de mi camarote. Me había distraído por completo, pero necesitaba saber cómo estaba la cosa ahí fuera. Me asomé, mis uñas rechinando contra la madera del marco. Fuera, una gran cantidad de barcos. Cuándo habían aparecido? Acaso llevaban fuera todo el rato? Parecía una treta del dios del engaño Loki. Ante aquella imagen, mi cuerpo reaccionó como por instinto. Corrí a cubierta, pues no sabía si se trataban de amigos, desconocidos o tal vez enemigos.
Abrí la puerta con un golpe. El viento amenazó con llevarse mi sombrero. Lo así con fuerza y lo calé tanto como pude. Avance aferrado a su ala arrastrando los pies, por el peso extra que les imponía el cielo cada vez más negro. Eché un vistazo al agua frente a nosotros. El mar se había convertido en una sopa apunto de hervir. Las burbujas ascendían con frecuencia creando una ondulación en la superficie. Una gota golpeó mi frente. Pronto la acompañaron más. Ya nos había alcanzado la tormenta. Pero no era la única que iba a hacer presencia. El agua a nuestro alrededor empujaba con fuerza. Ya estaba aquí; llegaba el Knock Up Stream.
—Hagamos esto juntos, amigos. Uker guía nuestro camino. Eros, protégenos. Kiyoshi, cuida de mi cadáver. Black... digo Widow —dije sin saber cómo dirigirme a ella—, llévanos más allá de las nubes.
El cielo pareció rajarse. La lluvia comenzó a golpear con fuerza cada palmo de la cubierta. Los truenos sonaban como cañonazos. Tan solo podía oír lo que decían mis compañeros a duras penas. Las piernas me temblaban, pero la determinación que no hace tanto había nacido en mi, me permitió llegar hasta el mástil. Está vez sí, rodeé mi cuerpo con la soga y me amarré al barco. No quería salir despedido y acabar en el fondo del mar, pero mucho menos aún separarme de mis compañeros. Até como pude un nudo más. Solo pide coger el aire justo para hablar una última vez.
—Poseidón. Kanaloa. Ruijin. Si alguno de vosotros existe, os lo suplico, no devoréis este barco!
Nubes. Negras y amenazantes. Antes de haber pasado el cordón militar, nadie hubiera pensado que ellas serían el escollo más grande a superar. Lo peor que te podrías cruzar en altamar. Una tormenta, como la que en su día me separó de mis padres, volvía para torpedear nuestro camino. Intenté controlar mi respiración, sin éxito. Miré a un lado, luego al otro. Los ojos saltaban entre cada uno de mis compañeros, buscando seguridad. La seguridad que solo me ofrecería amarrarme al mástil de nuestra querida Black Widow. Ella me tendría a salvo entre sus brazos. Recordé las palabras de Kiyoshi mientras revisaba cual podría ser el lugar más seguro del barco. De veras había dicho que era valioso? No pensase que lo fuese, pero si que tenía algo valioso para mis compañeros. Debía ponerme a salvo, aunque antes, había algo que tenía que hacer. Metí la mano en el bolsillo. Mis temblores provocaron que un par de pañuelos de tela saltarán disparados hacia el suelo. Tras varios intentos y unas cuantas búsquedas, logré sacar lo que quería.
—Eros, Kiyoshi, Uker. Tomad esto antes de que la tormenta nos alcance.
Mis temblorosas manos repartieron los antídotos, pero mi mente no pudo dejar de buscar una y otra vez señales de que la tormenta comenzaba. Di unos pasos hacia el mástil con la intención de encontrar una buena soga que me mantuviese a salvo. Mi inquietud debía de ser notable, pues el capitán pareció entenderlo con tal solo un vistazo.
—Te lo agradezco, Eros. Esperaré abajo hasta que lleguemos a nuestro destino, sea cual sea ese... Avisadme cuando todo esté en calma.
Acepté la invitación de mi capitán y me dirigí a mí camarote. Puse un pie en el primer escalón, me giré para revisar a mis compañeros en cubierta, quién sabe si por última vez. Cerré la puerta tras de mi y avancé por el pasillo con una calma impostada. Por mucho que no lo viese, la tormenta seguía formándose allá fuera. Llegué a mí camarote y me dispuse a intentar alejar la imagen de aquellos nubarrones de mi cabeza. Tomé uno de mis libros, pero mis ojos solo danzaban sobre las letras. Ninguna otra imagen llegaba a mis ojos. Entonces decidí tomar el platillo que me había preparado Uker. Al destaparlo percibí un olor algo ácido que me hizo salivar. Tomé un pedazo y lo llevé a la boca. El picante atacó mi lengua. Con fuerza. Se repartió por toda mi boca, incluso llegando a mis labios. Era una mezcla de sabores tan intensa que se convirtió en lo único que atendía mi mente. Este tipo de sabores siempre me habían cautivado, por lo que no dudé en tomar un pedazo más. Y luego otro. Y otro. Y así continué hasta que sorprendí a mí mano rebañando los últimos restos de la deliciosa salsa de zanahoria.
Mientras chupaba uno de mis dedos, aprovechando la intimidad para tener una notable falta de modales, levanté la mirada hacia el ojo de buey de mi camarote. Me había distraído por completo, pero necesitaba saber cómo estaba la cosa ahí fuera. Me asomé, mis uñas rechinando contra la madera del marco. Fuera, una gran cantidad de barcos. Cuándo habían aparecido? Acaso llevaban fuera todo el rato? Parecía una treta del dios del engaño Loki. Ante aquella imagen, mi cuerpo reaccionó como por instinto. Corrí a cubierta, pues no sabía si se trataban de amigos, desconocidos o tal vez enemigos.
Abrí la puerta con un golpe. El viento amenazó con llevarse mi sombrero. Lo así con fuerza y lo calé tanto como pude. Avance aferrado a su ala arrastrando los pies, por el peso extra que les imponía el cielo cada vez más negro. Eché un vistazo al agua frente a nosotros. El mar se había convertido en una sopa apunto de hervir. Las burbujas ascendían con frecuencia creando una ondulación en la superficie. Una gota golpeó mi frente. Pronto la acompañaron más. Ya nos había alcanzado la tormenta. Pero no era la única que iba a hacer presencia. El agua a nuestro alrededor empujaba con fuerza. Ya estaba aquí; llegaba el Knock Up Stream.
—Hagamos esto juntos, amigos. Uker guía nuestro camino. Eros, protégenos. Kiyoshi, cuida de mi cadáver. Black... digo Widow —dije sin saber cómo dirigirme a ella—, llévanos más allá de las nubes.
El cielo pareció rajarse. La lluvia comenzó a golpear con fuerza cada palmo de la cubierta. Los truenos sonaban como cañonazos. Tan solo podía oír lo que decían mis compañeros a duras penas. Las piernas me temblaban, pero la determinación que no hace tanto había nacido en mi, me permitió llegar hasta el mástil. Está vez sí, rodeé mi cuerpo con la soga y me amarré al barco. No quería salir despedido y acabar en el fondo del mar, pero mucho menos aún separarme de mis compañeros. Até como pude un nudo más. Solo pide coger el aire justo para hablar una última vez.
—Poseidón. Kanaloa. Ruijin. Si alguno de vosotros existe, os lo suplico, no devoréis este barco!
Antología
