02-07-2026, 05:57 PM
(Última modificación: 02-07-2026, 05:59 PM por Bertram Gaufrid.)
El joven marine de la división 60, un arquero que partió de su isla natal al perder a toda su familia a manos de un ataque pirata, se halla en el barco comprado junto a sus compañeros de la marina, una goleta que los acompaña desde el origen de la división, antes de pasar a ser la división 60, cuando aún eran la 84. Pese a que el arquero no llegó a presenciar, pero sus abuelos, antes de fallecer, dejaron una nota escondida y escrita con sus últimas fuerzas explicando al joven pelirrojo lo sucedido y que su hermana adoptiva, Titta, había logrado escapar, motivando su viaje en su búsqueda. En un inicio pensó en viajar por el mundo y ganarse la vida atrapando piratas y criminales de forma independiente, sin estar ligado a nadie ni a ninguna organización, pero algo en su interior le impulsó a cambiar su punto de vista, en lugar de solo atraparlos por dinero, el joven decidió unirse a la marina y hacer todo lo que pueda para evitar que otros pasen por lo mismo que él. Pese a ese objetivo tiene sus principios a los que no traiciona, y de base evita asesinar a los criminales a sangre fría, lamentablemente la mayoría actúa de tal manera que el joven no puede evitar matarlos durante el combate, o acaban tan heridos que la gente a la que dañó es la que termina con su vida, como el hombre que robaba los animales en la isla de Drum y que mató a un civil inocente tras disparar a Rasmussen.
Tras los últimos actos de la división 60 en Drum, los marines parten hacia la arenosa y calurosa isla de Arabasta, donde pretenden seguir sus aventuras y sus labores, aunque lo único que llega a hacer al menos el arquero pelirrojo de la tripulación es pasar un día entero reuniendo materiales, y luego fabricando algunos objetos de cara al futuro. Tras eso es que mediante un periódico descubre la noticia de lo que está por suceder en el cielo, por muy increíble que parezca sí que es viable acceder a una especie de isla al cielo siguiendo un camino concreto, muy poco común y tremendamente peligroso, casi más que el cruce al Grand Line por lo poco que conoce el joven arquero de esos temas. El joven, al igual que el resto de la división se encuentra a borde del Royal Quiver, la fiel goleta que sigue ahí, llevándolos a todas partes pero con marcas de sus viajes y trotes, marcas de las reparaciones que fueron necesarias, tablones crujiendo al caminar, y las amarras resistiendo impasibles a pesar de todo el esfuerzo que han hecho hasta el momento.
Tras partir de las calurosas aguas de Arabasta los marines se aventuran hacia una zona donde se supone podrán encontrar la forma de acceder a una isla en los cielos, donde parece se están organizando una especie de juegos a manos de alguien que parece disfrutar de ese tipo de eventos. El joven arquero al saber lo posiblemente peligroso que puede resultar el siguiente viaje decide asegurarse que su fiel montura esté segura y cómoda en la bodega, eventualmente si logran hacerse con un barco mayor quizás tengan más espacio para que el pobre walkie blanco pueda estar más cómodo sin compartir la bodega con el resto de los objetos, aunque por precaución el animal está en una zona donde si se agita el barco y los barriles empiezan a moverse no le harán daño. Tras un raudo viaje gracias a la gran destreza y las grandes dotes navegadoras de Stroud, los marines de la división 60 se hallan ya en el punto indicado para acceder a lo que parece ser una corriente única y peligrosa. El joven arquero se apoya en uno de los laterales del barco, completamente tranquilo, acostumbrado a que a veces el clima no ayuda, sobre todo después de lo que vivió tras su misión en el pueblo Bighorn donde el propio clima de la isla lo heló por completo e hizo que perdiera parte de su potencia. Al igual que el último viaje así que pasaba por una corriente concreta, el cielo está cubierto de nubes, cargadas y lloviendo, mientras que el marine se mantiene sereno en su puesto, sus ojos avizores atentos al entorno por si acaso pasa algo, aunque lo que más le llama la atención es el estado del mar, no es un experto en navegación ni en corrientes, pero sí sabe que el agua del mar no suele estar en un estado similar a agua hirviendo en una olla, a punto de estallar.
Con un vistazo al entorno el joven arquero puede ver como varios barcos parecen estar llegando al mismo punto, todos ellos parecen pertenecer al mismo grupo de embarcaciones, algo así como los barcos comerciales que se usaron en el cruce a estos mares hace ya tanto tiempo cuando el marine cruzó con sus compañeros de división en el mismo barco que llevan ahora. Bertram se rasca tras la cabeza en un momento antes de seguir revisando su nuevo arco, un arco propio hecho por él mismo a mano en Arabasta en lugar de comprar uno propio, si bien sabe que hay arcos mejores que el que acaba de fabricar prácticamente, prefiere un arco hecho a medida para él y luego ir mejorándolo poco a poco con sus conocimientos a un arco común y corriente, pues al hacerlo él mismo puede hacerlo a su preferencia, además que tiene un cierto sentimiento de satisfacción en conseguir crear cosas por sí mismo, algo que complemente sus instintos de cazador. El aire agita su largo pelo rojo que se encuentra empapado y en un momento se escucha la voz de Stroud entre los rugidos del viento y una extraña melodía que envuelve el lugar dando indicaciones para preparar la embarcación para lo que se avecina.
El arquero se mueve ágilmente por el barco, colocándose el arco a su espalda y empieza a asegurar los cabos, comprobar todos los enganches del barco y las velas, mientras Stroud sigue dando indicaciones y moja y Kibai se reparten el resto de tareas. El joven arquero observa el barco y presta atención al entorno, viendo como las nubes parecen ocultar algo distinto a lo habitual, como si fueran un verdadero presagio de lo que se avecina. Y de pronto, sin más aviso que una agitación más fuerte en el agua, una enorme columna de agua desafía por completo lo que el marine sabe de las leyes de la física y se alza violentamente hacia el cielo, atravesando las nubes y perdiéndose entre ellas mientras arrastra todos los barcos de la zona consigo. Bertram logra agarrarse hábilmente a las flechastes de babor para asegurar su firmeza en el barco y evitar salir despedido a una muerte segura, pues incluso si cayera desde una altura relativamente baja, si cae al mar no tiene forma de salvarse.
El barco cruje por todos lados mientras es empujado violentamente por la potente columna de agua conocida como Knock Up Stream, notándose lo mucho que aguanta el barco y lo mucho que aguantó desde el primer viaje tomado por los marines a borde de su fiel compañera, la Royal Quiver, siempre avanzando como una flecha, un nombre apropiado para una división fundada por un arquero y que actúa como una flecha de justicia. El viento se vuelve cada vez más violento, pero ni siquiera la fuerza ensordecedora del viento logra sobreponerse a esa misteriosa melodía que cada vez suena más fuerte y cercana conforme el barco va subiendo por una terrible corriente que parece no seguir ninguna ley natural. El joven Bertram mira al horizonte, la mirada siempre al frente determinado a avanzar sin preocuparse por lo que hay atrás y no encontrando motivos par ano hacer caso al aviso de Stroud de no mirar abajo a lo que con una sonrisa dice
-Comandante, al igual que mis flechas no tengo por costumbre mirar atrás, y actualmente abajo es mirar atrás. No es que sirva de algo, sir. Nuestro destino está arriba, sobre esas inmensas nubes donde seguiremos siendo fieles a la justicia, seremos las flechas que abatan el mal.-
Sus palabras apenas superan el sonido del viento, el agua y menos aún de esa extraña melodía que va engullendo todos los demás sonidos como cuando el viento engulle los sonidos por su fuerza y distorsionar las ondas de sonido. Ya no hay vuelta atrás, el barco ahora solo tiene dos destinos, llegar arriba o estrellarse contra el mar.
Tras los últimos actos de la división 60 en Drum, los marines parten hacia la arenosa y calurosa isla de Arabasta, donde pretenden seguir sus aventuras y sus labores, aunque lo único que llega a hacer al menos el arquero pelirrojo de la tripulación es pasar un día entero reuniendo materiales, y luego fabricando algunos objetos de cara al futuro. Tras eso es que mediante un periódico descubre la noticia de lo que está por suceder en el cielo, por muy increíble que parezca sí que es viable acceder a una especie de isla al cielo siguiendo un camino concreto, muy poco común y tremendamente peligroso, casi más que el cruce al Grand Line por lo poco que conoce el joven arquero de esos temas. El joven, al igual que el resto de la división se encuentra a borde del Royal Quiver, la fiel goleta que sigue ahí, llevándolos a todas partes pero con marcas de sus viajes y trotes, marcas de las reparaciones que fueron necesarias, tablones crujiendo al caminar, y las amarras resistiendo impasibles a pesar de todo el esfuerzo que han hecho hasta el momento.
Tras partir de las calurosas aguas de Arabasta los marines se aventuran hacia una zona donde se supone podrán encontrar la forma de acceder a una isla en los cielos, donde parece se están organizando una especie de juegos a manos de alguien que parece disfrutar de ese tipo de eventos. El joven arquero al saber lo posiblemente peligroso que puede resultar el siguiente viaje decide asegurarse que su fiel montura esté segura y cómoda en la bodega, eventualmente si logran hacerse con un barco mayor quizás tengan más espacio para que el pobre walkie blanco pueda estar más cómodo sin compartir la bodega con el resto de los objetos, aunque por precaución el animal está en una zona donde si se agita el barco y los barriles empiezan a moverse no le harán daño. Tras un raudo viaje gracias a la gran destreza y las grandes dotes navegadoras de Stroud, los marines de la división 60 se hallan ya en el punto indicado para acceder a lo que parece ser una corriente única y peligrosa. El joven arquero se apoya en uno de los laterales del barco, completamente tranquilo, acostumbrado a que a veces el clima no ayuda, sobre todo después de lo que vivió tras su misión en el pueblo Bighorn donde el propio clima de la isla lo heló por completo e hizo que perdiera parte de su potencia. Al igual que el último viaje así que pasaba por una corriente concreta, el cielo está cubierto de nubes, cargadas y lloviendo, mientras que el marine se mantiene sereno en su puesto, sus ojos avizores atentos al entorno por si acaso pasa algo, aunque lo que más le llama la atención es el estado del mar, no es un experto en navegación ni en corrientes, pero sí sabe que el agua del mar no suele estar en un estado similar a agua hirviendo en una olla, a punto de estallar.
Con un vistazo al entorno el joven arquero puede ver como varios barcos parecen estar llegando al mismo punto, todos ellos parecen pertenecer al mismo grupo de embarcaciones, algo así como los barcos comerciales que se usaron en el cruce a estos mares hace ya tanto tiempo cuando el marine cruzó con sus compañeros de división en el mismo barco que llevan ahora. Bertram se rasca tras la cabeza en un momento antes de seguir revisando su nuevo arco, un arco propio hecho por él mismo a mano en Arabasta en lugar de comprar uno propio, si bien sabe que hay arcos mejores que el que acaba de fabricar prácticamente, prefiere un arco hecho a medida para él y luego ir mejorándolo poco a poco con sus conocimientos a un arco común y corriente, pues al hacerlo él mismo puede hacerlo a su preferencia, además que tiene un cierto sentimiento de satisfacción en conseguir crear cosas por sí mismo, algo que complemente sus instintos de cazador. El aire agita su largo pelo rojo que se encuentra empapado y en un momento se escucha la voz de Stroud entre los rugidos del viento y una extraña melodía que envuelve el lugar dando indicaciones para preparar la embarcación para lo que se avecina.
El arquero se mueve ágilmente por el barco, colocándose el arco a su espalda y empieza a asegurar los cabos, comprobar todos los enganches del barco y las velas, mientras Stroud sigue dando indicaciones y moja y Kibai se reparten el resto de tareas. El joven arquero observa el barco y presta atención al entorno, viendo como las nubes parecen ocultar algo distinto a lo habitual, como si fueran un verdadero presagio de lo que se avecina. Y de pronto, sin más aviso que una agitación más fuerte en el agua, una enorme columna de agua desafía por completo lo que el marine sabe de las leyes de la física y se alza violentamente hacia el cielo, atravesando las nubes y perdiéndose entre ellas mientras arrastra todos los barcos de la zona consigo. Bertram logra agarrarse hábilmente a las flechastes de babor para asegurar su firmeza en el barco y evitar salir despedido a una muerte segura, pues incluso si cayera desde una altura relativamente baja, si cae al mar no tiene forma de salvarse.
El barco cruje por todos lados mientras es empujado violentamente por la potente columna de agua conocida como Knock Up Stream, notándose lo mucho que aguanta el barco y lo mucho que aguantó desde el primer viaje tomado por los marines a borde de su fiel compañera, la Royal Quiver, siempre avanzando como una flecha, un nombre apropiado para una división fundada por un arquero y que actúa como una flecha de justicia. El viento se vuelve cada vez más violento, pero ni siquiera la fuerza ensordecedora del viento logra sobreponerse a esa misteriosa melodía que cada vez suena más fuerte y cercana conforme el barco va subiendo por una terrible corriente que parece no seguir ninguna ley natural. El joven Bertram mira al horizonte, la mirada siempre al frente determinado a avanzar sin preocuparse por lo que hay atrás y no encontrando motivos par ano hacer caso al aviso de Stroud de no mirar abajo a lo que con una sonrisa dice
-Comandante, al igual que mis flechas no tengo por costumbre mirar atrás, y actualmente abajo es mirar atrás. No es que sirva de algo, sir. Nuestro destino está arriba, sobre esas inmensas nubes donde seguiremos siendo fieles a la justicia, seremos las flechas que abatan el mal.-
Sus palabras apenas superan el sonido del viento, el agua y menos aún de esa extraña melodía que va engullendo todos los demás sonidos como cuando el viento engulle los sonidos por su fuerza y distorsionar las ondas de sonido. Ya no hay vuelta atrás, el barco ahora solo tiene dos destinos, llegar arriba o estrellarse contra el mar.
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