01-07-2026, 11:46 PM
Las danzas marcaban el compás de una sinfonía capaz de apoderarse de todos mis sentidos, mientras una sucesión de emociones resonaba en mi interior como notas que encontraban una tras otras su lugar en mi corazón y esto ocurría en cada palmada, cada giro, cada exclamación que iba acorde de aquella armonía musical, era imposible no quedar cautivada ni dejarse llevar por aquella melodía hipnótica, una que parecía invitar a los pies a desprenderse de su vergüenza para celebrar la vida, la alegría y todo aquello que hace absolución al ritmo.
—- ¿Bailar con espadas?
Mis ojos apenas por un instante regresaron al verde naciente de aquella prisión esmeralda para escuchar aquella curiosa perspectiva, una que dejaba entrever su destreza con las armas de filo para después iluminarme el pensamiento con una analogía que solo a él le pertenecía, declarando que cada ser vivo encontraba su propia forma de expresarse de una manera distinta a otros, cada quién con una libertad única para seguir el ritmo que le dicta el corazón, y para Dharma, al parecer aquello no era diferente de bailar. — Uhmmm…
Me quedé pensativa comparando ambas ideas, miré con mayor detenimiento el movimiento y la forma en que cada uno de los isleños se desenvolvían durante su danza hasta que nuevamente mi mirada se alzó hacia la del joven de pelo azabache. —- Quizás tengas razón, pero… — sonreí tenuemente mientras la música seguía atrapandome de forma inevitable… —- ¿No te parece que todo es mejor cuando hay música de por medio?, además… eso de bailar con espadas suena genial… siempre y cuando no termines cortando a alguien en el proceso.
Sentí que ahora me encontraba caminando sobre una fina capa de hielo…una que podía romperse de la misma forma con la que un espejismo desaparece en medio del desierto. Cada una de sus palabras ponía a prueba la firmeza de mis propias convicciones. Sus ojos se sumergieron en los míos para desarmar poco a poco mi incredulidad hasta arrastrarla hacia la inmensidad que habitaba en su mirada, permanecí allí, sin apartarme un solo paso. En aquel momento era completamente suya como si mi corazón descansaba entre sus manos y temblaba al ritmo de sus palabras, atrapado por aquel incesante juego de los “¿Y sí…?”
Planteaba un escenario de decisiones de las cuales claramente no estaba dispuesta a pisotear la vida de otros para alcanzar mis anhelos y sueños, pero… antes de poder tan siquiera a responder, Dharma hizo una última pregunta que me tomó por sorpresa… ¿Qué es lo que me hace ser una pirata?, ¿Exactamente qué es lo que me obliga a tomar este camino? La respuesta estaba ahí… atrapada como un nudo en mi garganta puesto que dudaba sobre qué contestar primero, pero entonces…recordar mis ideales irrumpió mi mente como un destello que vigila la penumbra, recordé la promesa que me hice a mí misma desde el instante en que decidí convertirme en pirata. Jamás matar, jamás robar y jamás mentir.
Me acerqué con pasos lentos sin desprender mi mirada de la suya hasta detenerme frente a él, no había desafío en mi postura, tampoco temor, sólo una preocupación imposible de ocultar que se dibujaba con claridad en mi rostro. Pánico. Había caos en las palabras de Dharma, un veneno silencioso que amenazaba con poner a prueba mi honestidad y por eso fue que mi mano derecha buscó la suya con delicadeza, no pretendía sostener la empuñadura de ninguna de sus espadas, por el contrario, mis dedos se posaron con suavidad sobre su muñeca en un contacto tenue que no buscaba detenerlo por la fuerza sino suplicarle en silencio… paciencia y misericordia por aquellos que fueron evocados en nuestra conversación. ¿Daría mi vida?
— La daría. —- respondí con calma sin balbuceos de por medio, con una tonalidad un poco seria de mi parte que mostraba mi determinación y mi sinceridad. —- ¿Cómo es que sabes que ellos no tienen propósito en sus vidas?, ¿Acaso los conoces?.
Solo entonces que la música enmudeció junto con las risas y las danzas, todo aquello desvanecieron hasta convertirse en un silencio absoluto, y frente a mí estaba el verdugo de mis convicciones que me obligaba a elegir entre aquello que anhelaba y aquello en lo que creía. Era una decisión cruel porque ningún sueño sería capaz de florecer si antes debía regarse con la sangre que manchaba mis propias manos.
— ¿Qué es lo que me hace ser pirata? —- bajé la mirada un momento para definir la respuesta pero por más que piense en el significado de ser pirata… no lo encontraba.
— No lo sé… no soy una pirata porque una bandera me define, nunca he hecho una fechoría…— Negué repetidamente con mi cabeza —- sólo soy una errante que eligió recorrer el mundo con su música… y en ese proceso seguí el camino que el destino puso bajo mis pies el ser pirata.
—- ¿Bailar con espadas?
Mis ojos apenas por un instante regresaron al verde naciente de aquella prisión esmeralda para escuchar aquella curiosa perspectiva, una que dejaba entrever su destreza con las armas de filo para después iluminarme el pensamiento con una analogía que solo a él le pertenecía, declarando que cada ser vivo encontraba su propia forma de expresarse de una manera distinta a otros, cada quién con una libertad única para seguir el ritmo que le dicta el corazón, y para Dharma, al parecer aquello no era diferente de bailar. — Uhmmm…
Me quedé pensativa comparando ambas ideas, miré con mayor detenimiento el movimiento y la forma en que cada uno de los isleños se desenvolvían durante su danza hasta que nuevamente mi mirada se alzó hacia la del joven de pelo azabache. —- Quizás tengas razón, pero… — sonreí tenuemente mientras la música seguía atrapandome de forma inevitable… —- ¿No te parece que todo es mejor cuando hay música de por medio?, además… eso de bailar con espadas suena genial… siempre y cuando no termines cortando a alguien en el proceso.
Sentí que ahora me encontraba caminando sobre una fina capa de hielo…una que podía romperse de la misma forma con la que un espejismo desaparece en medio del desierto. Cada una de sus palabras ponía a prueba la firmeza de mis propias convicciones. Sus ojos se sumergieron en los míos para desarmar poco a poco mi incredulidad hasta arrastrarla hacia la inmensidad que habitaba en su mirada, permanecí allí, sin apartarme un solo paso. En aquel momento era completamente suya como si mi corazón descansaba entre sus manos y temblaba al ritmo de sus palabras, atrapado por aquel incesante juego de los “¿Y sí…?”
Planteaba un escenario de decisiones de las cuales claramente no estaba dispuesta a pisotear la vida de otros para alcanzar mis anhelos y sueños, pero… antes de poder tan siquiera a responder, Dharma hizo una última pregunta que me tomó por sorpresa… ¿Qué es lo que me hace ser una pirata?, ¿Exactamente qué es lo que me obliga a tomar este camino? La respuesta estaba ahí… atrapada como un nudo en mi garganta puesto que dudaba sobre qué contestar primero, pero entonces…recordar mis ideales irrumpió mi mente como un destello que vigila la penumbra, recordé la promesa que me hice a mí misma desde el instante en que decidí convertirme en pirata. Jamás matar, jamás robar y jamás mentir.
Me acerqué con pasos lentos sin desprender mi mirada de la suya hasta detenerme frente a él, no había desafío en mi postura, tampoco temor, sólo una preocupación imposible de ocultar que se dibujaba con claridad en mi rostro. Pánico. Había caos en las palabras de Dharma, un veneno silencioso que amenazaba con poner a prueba mi honestidad y por eso fue que mi mano derecha buscó la suya con delicadeza, no pretendía sostener la empuñadura de ninguna de sus espadas, por el contrario, mis dedos se posaron con suavidad sobre su muñeca en un contacto tenue que no buscaba detenerlo por la fuerza sino suplicarle en silencio… paciencia y misericordia por aquellos que fueron evocados en nuestra conversación. ¿Daría mi vida?
— La daría. —- respondí con calma sin balbuceos de por medio, con una tonalidad un poco seria de mi parte que mostraba mi determinación y mi sinceridad. —- ¿Cómo es que sabes que ellos no tienen propósito en sus vidas?, ¿Acaso los conoces?.
Solo entonces que la música enmudeció junto con las risas y las danzas, todo aquello desvanecieron hasta convertirse en un silencio absoluto, y frente a mí estaba el verdugo de mis convicciones que me obligaba a elegir entre aquello que anhelaba y aquello en lo que creía. Era una decisión cruel porque ningún sueño sería capaz de florecer si antes debía regarse con la sangre que manchaba mis propias manos.
— ¿Qué es lo que me hace ser pirata? —- bajé la mirada un momento para definir la respuesta pero por más que piense en el significado de ser pirata… no lo encontraba.
— No lo sé… no soy una pirata porque una bandera me define, nunca he hecho una fechoría…— Negué repetidamente con mi cabeza —- sólo soy una errante que eligió recorrer el mundo con su música… y en ese proceso seguí el camino que el destino puso bajo mis pies el ser pirata.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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