Lo que parecía ser una escolta de un criminal cualquiera se transformó, en lo que canta un gallo, en un intento de fuga a escala gigantesca y a decir verdad... ¡Prefería mil veces algo de gresca! Total, estaba seguro de que yo sólo podría aplacar a todos esos piratuchos de pacotilla que intentaban escapar de su inevitable destino. Eso es porque no se habían cruzado nunca con el gran Sheit, ¡el único que algún día herederá el puesto del aniki!
Habiéndonos dirigido hacia el interior de la fortaleza, empezamos a recorrer los cinco miembros del Zoodiacool la primera planta de la prisión, el infierno carmesí. Una planta que contenía lo que parecía ser un bosque de color rojizo, repleto de pinchos con ese mismo color debido a la sangre que derramaban los prisioneros con el mero hecho de posar sus pies sobre el suelo. ¡Toririri! ¡Ilusos! Si sólo pudieran volar como nosotros hacíamos, ¡seguro que se ahorraban más de un disgusto!
Sobrevolando la estancia gracias al uso continuado del Geppo, con mis dos espadas a mi cintura, podía sentir como el aire abanicaba las plumas cerúleas de mi cabeza. Iba detrás del joven Tenma que, a su vez, iba detrás del viejo Ryu y del recién incorporado Zoodiacool, Mardano. Estábamos todos preparados para dar un buen espectáculo de los que le gustaba al aniki en Impel Down. Tenma entonces, en cierto momento, pareció quejarse de no ir por las escaleras de acceso, notándosele algo dudoso sobre la orden que nos había dado el propio aniki. Era fuerte, pero se notaba que aún le faltaba espabilar.— ¡Toririririri! No te desanimes Tenma-kun, esto han sido órdenes del aniki, ¡seguro que tiene un plan! — Exclamé, intentando hacer que se animara. A veces me sorprendía lo mucho que podía llegar a motivarse con tan poca cosa, la verdad. Fue en ese momento que ese estúpido cerdo tuvo que meterse dónde no le llamaban. Lo tenía a mi derecha y, aún así, se me había olvidado de que existía, así de insignificante era su presencia para mi.
Sin embargo, sus palabras, llenas de burlas y de insultos hacia mi, con esa risa que tanto me sacaba de quicio, hizo que me fuera imposible mantenerme sereno.— ¡¿UUH?! — Pregunté, mirándole, encarándome hacia él, preparado para meterle la paliza de su vida y demostrarle de una vez por todas quién era el digno sucesor del aniki. Ante mi gesto, el puto puerco captó perfectamente el mensaje, repitiendo mi pregunta como un papagayo y dirigiéndose hacia mi - sin dejar de saltar con el geppo -, enzarzándonos así en una de nuestras innumerables y épicas batallas por ver quién de los dos era el que sobraba aquí.
Habiéndonos dirigido hacia el interior de la fortaleza, empezamos a recorrer los cinco miembros del Zoodiacool la primera planta de la prisión, el infierno carmesí. Una planta que contenía lo que parecía ser un bosque de color rojizo, repleto de pinchos con ese mismo color debido a la sangre que derramaban los prisioneros con el mero hecho de posar sus pies sobre el suelo. ¡Toririri! ¡Ilusos! Si sólo pudieran volar como nosotros hacíamos, ¡seguro que se ahorraban más de un disgusto!
Sobrevolando la estancia gracias al uso continuado del Geppo, con mis dos espadas a mi cintura, podía sentir como el aire abanicaba las plumas cerúleas de mi cabeza. Iba detrás del joven Tenma que, a su vez, iba detrás del viejo Ryu y del recién incorporado Zoodiacool, Mardano. Estábamos todos preparados para dar un buen espectáculo de los que le gustaba al aniki en Impel Down. Tenma entonces, en cierto momento, pareció quejarse de no ir por las escaleras de acceso, notándosele algo dudoso sobre la orden que nos había dado el propio aniki. Era fuerte, pero se notaba que aún le faltaba espabilar.— ¡Toririririri! No te desanimes Tenma-kun, esto han sido órdenes del aniki, ¡seguro que tiene un plan! — Exclamé, intentando hacer que se animara. A veces me sorprendía lo mucho que podía llegar a motivarse con tan poca cosa, la verdad. Fue en ese momento que ese estúpido cerdo tuvo que meterse dónde no le llamaban. Lo tenía a mi derecha y, aún así, se me había olvidado de que existía, así de insignificante era su presencia para mi.
Sin embargo, sus palabras, llenas de burlas y de insultos hacia mi, con esa risa que tanto me sacaba de quicio, hizo que me fuera imposible mantenerme sereno.— ¡¿UUH?! — Pregunté, mirándole, encarándome hacia él, preparado para meterle la paliza de su vida y demostrarle de una vez por todas quién era el digno sucesor del aniki. Ante mi gesto, el puto puerco captó perfectamente el mensaje, repitiendo mi pregunta como un papagayo y dirigiéndose hacia mi - sin dejar de saltar con el geppo -, enzarzándonos así en una de nuestras innumerables y épicas batallas por ver quién de los dos era el que sobraba aquí.
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