01-07-2026, 02:47 PM
El gancho metálico —ese que ahora cuelga del borde de la ventana como si siempre hubiera estado ahí—, con su cuerda serpenteando hacia el vacío, podría hacerle pensar a cualesquiera que lo viera que alguien fue directamente a por tu habitación, que eras un objetivo y que, por supuesto, había una intención clara.
Sin embargo, esto no es así.
La idea del ladrón había sido mucho más simple, casi insultantemente poco pensada, pues en realidad intentaba enganchar el gancho al sobresaliente del terrado, dejarse caer haciendo rappel y entrar por las habitaciones una por una sin ningún criterio de selección en particular.
Y, prácticamente, así había sucedido.
Por eso, cuando llegó a tu cuarto y rebuscó entre tus cosas, apenas pudo llevarse un par de objetos pequeños. Cosas sin valor real, baratijas que, con suerte, regalaría a su hermana por su cumpleaños y así hacerla sentir un poco mejor.
Pero, ¿acaso le importaba a la mujer el valor de mercado de sus objetos? Pareciera que no. Porque Drakkar, en cuanto lo descubrió, salió disparada por la ventana sin medir el riesgo que eso conllevaba. Sin recordar que eran las tres de la mañana. Sin recordar que seguía medio dormida. Sin recordar, en definitiva, que la distancia —quizás mal calculada por su único ojo— era demasiado traicionera para un salto limpio.
Saltó igual.
Y la realidad, siempre tan poco comprensiva como un severo padre al castigar a su hijo, se encargó de recordarle que la gravedad no perdona haciendo que, al avanzar apenas medio metro con su salto, cayera de golpe hacia la calle. Entonces, cayó, cayó y siguió cayendo por unos segundos hasta que, al final, su cuerpo chocó contra algo blando —blando en el sentido más generoso de la palabra— y, tras un golpe seco, quedó tendida bajo un lecho de cajas ahora completamente espachurrado.
Así pues, el impacto reverberó por toda la calle, una vía estrecha y notablemente desgastada por el tránsito donde el suelo de piedra irregular incluso sobresale en forma de amenazantes aristas, y aun así la quietud permaneció intacta como si nadie hubiera podido escucharlo.
Cuando te levantes, podrás notar que el aire es frío y parece estancado, cargado con un ligero olor a humedad y residuos acumulados. Esto es porque, a lo largo de la calle, la gente ha estado dejando la basura para que pasen a buscarla haciendo que las bolsas y restos se acumulan sin orden, reforzando la sensación de abandono.
Situacionalmente te encuentras prácticamente debajo de tu ventana y, aunque tu caía prácticamente ha aplastado todas las cajas, todavía quedan algunas desparramadas por el suelo; de hecho, si trasteas con ellas verás que han sido pisadas y aplastadas recientemente, como si alguien hubiera pasado con prisa. Además, parece que el intruso dejó caer parte de su botín.
En diagonal a la izquierda está la calle central desde donde podrás notar que el sonido dominante es el silencio sepulcral. Como mucho, de tanto en cuando, muy a lo lejos, escucharás ladridos que rompen momentáneamente la quietud antes de que todo vuelva a apagarse. Apenas hay luces encendidas y los edificios, pese a que no son gigantes, tapan buena parte de la bóveda iluminada por las estrellas, dejando la calle en una penumbra irregular.
Ahí está la entrada en a la posada-taberna.
Por otro lado, si miras hacia el frente -tomando de referencia la ventana de tu cuarto- verás que hay otro edificio pegado al que tu veía, uno muy estrecho, pegado al que daba a tu cuarto que es mucho más amplio. A ambos lados de esta construcción gemela callejones estrechos se abren como posibles rutas, perdiéndose en la oscuridad.
Sin embargo, esto no es así.
La idea del ladrón había sido mucho más simple, casi insultantemente poco pensada, pues en realidad intentaba enganchar el gancho al sobresaliente del terrado, dejarse caer haciendo rappel y entrar por las habitaciones una por una sin ningún criterio de selección en particular.
Y, prácticamente, así había sucedido.
Por eso, cuando llegó a tu cuarto y rebuscó entre tus cosas, apenas pudo llevarse un par de objetos pequeños. Cosas sin valor real, baratijas que, con suerte, regalaría a su hermana por su cumpleaños y así hacerla sentir un poco mejor.
Pero, ¿acaso le importaba a la mujer el valor de mercado de sus objetos? Pareciera que no. Porque Drakkar, en cuanto lo descubrió, salió disparada por la ventana sin medir el riesgo que eso conllevaba. Sin recordar que eran las tres de la mañana. Sin recordar que seguía medio dormida. Sin recordar, en definitiva, que la distancia —quizás mal calculada por su único ojo— era demasiado traicionera para un salto limpio.
Saltó igual.
Y la realidad, siempre tan poco comprensiva como un severo padre al castigar a su hijo, se encargó de recordarle que la gravedad no perdona haciendo que, al avanzar apenas medio metro con su salto, cayera de golpe hacia la calle. Entonces, cayó, cayó y siguió cayendo por unos segundos hasta que, al final, su cuerpo chocó contra algo blando —blando en el sentido más generoso de la palabra— y, tras un golpe seco, quedó tendida bajo un lecho de cajas ahora completamente espachurrado.
Así pues, el impacto reverberó por toda la calle, una vía estrecha y notablemente desgastada por el tránsito donde el suelo de piedra irregular incluso sobresale en forma de amenazantes aristas, y aun así la quietud permaneció intacta como si nadie hubiera podido escucharlo.
Cuando te levantes, podrás notar que el aire es frío y parece estancado, cargado con un ligero olor a humedad y residuos acumulados. Esto es porque, a lo largo de la calle, la gente ha estado dejando la basura para que pasen a buscarla haciendo que las bolsas y restos se acumulan sin orden, reforzando la sensación de abandono.
Situacionalmente te encuentras prácticamente debajo de tu ventana y, aunque tu caía prácticamente ha aplastado todas las cajas, todavía quedan algunas desparramadas por el suelo; de hecho, si trasteas con ellas verás que han sido pisadas y aplastadas recientemente, como si alguien hubiera pasado con prisa. Además, parece que el intruso dejó caer parte de su botín.
En diagonal a la izquierda está la calle central desde donde podrás notar que el sonido dominante es el silencio sepulcral. Como mucho, de tanto en cuando, muy a lo lejos, escucharás ladridos que rompen momentáneamente la quietud antes de que todo vuelva a apagarse. Apenas hay luces encendidas y los edificios, pese a que no son gigantes, tapan buena parte de la bóveda iluminada por las estrellas, dejando la calle en una penumbra irregular.
Ahí está la entrada en a la posada-taberna.
Por otro lado, si miras hacia el frente -tomando de referencia la ventana de tu cuarto- verás que hay otro edificio pegado al que tu veía, uno muy estrecho, pegado al que daba a tu cuarto que es mucho más amplio. A ambos lados de esta construcción gemela callejones estrechos se abren como posibles rutas, perdiéndose en la oscuridad.
Información 2/4
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
