[Pasado Fic.] La vara de Sage
#5
Quedaban cinco horas para el examen físico. No tenía demasiado tiempo para entrenar, pero viendo el teórico, no creía que me costase mucho hacer el práctico. Me levanté y fui al bosque que había en dirección a las ruinas. Escalé un árbol hasta su copa. Al estar arriba de todo, estiré ambos brazos hacia el cielo aguantando la respiración. Solté el aire muy poco a poco y noté como el aire frío salía y entraba en mis pulmones. Era una sensación hipnótica y me sentí ligeramente mareado. Bajé los brazos lentamente hasta ponerlos completamente estirados delante de mí. Abrí los ojos y miré hacia adelante, donde se encontraba la montaña que albergaba la sala de la antigua civilización. Mi mirada era decidida y firme. Me puse la capucha despacio, como contagiado del movimiento de los árboles azotados por aquella suave brisa mañanera. Cerré los ojos despacio. El sol del este me daba en la espalda, calentándola. Estaba a unos veinte metros del suelo y debajo de mí se encontraba una maraña de ramas y hojas. Me dejé caer hacia adelante, las ramas arañaban mi peluda piel castaña y mi pico negro. Estiré los brazos como un rayo y me agarré a una rama cuando quedaban unos quince metros y con la inercia salí volando hasta orea rama, la cual crujió cuando me posé en ella. Se rompió y volví a caer hacia abajo. Di una patada al tronco del cual se había desprendido la rama y volé girando mi cuerpo hacia atrás dando una voltereta. Otro tronco detrás mío me goleó la espalda. El asunto se me escapaba de las manos. Me dejé caer poco a poco agarrándome a diversas ramas y llegué al suelo. Me dolían las manos y la espalda, pero me esforcé para no hacer muecas de dolor, pese a que estaba solo. Caminé pocos pasos hasta encontrarme con la entrada al viejo templo de nuevo. Me senté en la puerta, con la montaña a mis espaldas y el bosque ante mí. Crucé las piernas y tapé mi cabeza con la capucha, que se había retirado en la primera caída. Empecé a meditar.
La diosa de los bosques, Dhanna se me apareció en la mente, una mujer hermosa, de piel verdosa, rojos cabellos y los ojos brillantes. Me habló de que yo tenía el favor de los dioses. No eran palabras habladas en el idioma común, pero era completamente comprensible para mí. Se alejó hacia el bosque y yo abrí los ojos. Por la posición del sol podía adivinar que habían pasado varias horas. Me levanté y despacio, avance hacia el lugar donde habíamos montado el campamento. Estaba lleno de energía, pero la diosa madre me había dicho que no podía correr ni contarle a nadie su visión. La imagen de la mujer más hermosa que había visto en la vida me había quedado grabada en la mente. Llegué al poblado improvisado ya siendo medio día. La cabeza estaba completamente despejada y no tenía ninguna necesidad básica. Quizá la diosa me hubiera otorgado el don para no cansarme durante las pruebas de hoy. Quedaban dos horas para la prueba, pero yo no podía esperar más. Fui hasta la tienda de los ancianos y me senté con las piernas cruzadas en el suelo, con la capucha puesta, esperando a que salieran los sabios.
 
-Joven Plátypo, ¿estas preparado para la segunda prueba? Consta de tres partes: La primera es orientación. Cojeras un barco y saldrás de la isla con uno de nosotros. Te dejaremos en medio del mar y tendrás que llegar a la isla contigua, donde me yo estaré esperándote. Vamos allá.
No dirigimos a la costa, donde al lado del gran barco que solíamos usar, había dispuesto un pequeño bote salvavidas. Subí con Jull, el viejo lémur y navegamos durante un par de horas. Él manejaba el bote y llegados al punto me deseó suerte y me ordenó que saltara. Me tiré al agua helada del peligroso mar lleno de monstruos en el que nos encontrábamos. Me sumergí un par de metros para acostumbrarme a la temperatura y volví a salir a la superficie, viendo como el bote se alejaba por donde habíamos venido. El lémur me había comentado durante el trayecto que mi destino estaba hacia el noreste, así que miré el sol, el cual estaba casi en su punto más alto y me dirigí hacia la isla que me habían ordenado. No tardé mucho en ver el pequeñísimo islote en el cual se encontraba el mink gorila llamado Jon junto a otro bote salvavidas, casi del tamaño de la propia isla. Me miró y admiró la velocidad con la que había llegado. Era hora de volver al poblado y prepararme para la segunda parte de aquella prueba de habilidades físicas. Subimos al bote y, mientras navegábamos, Jon comentó que nunca nadie había batido los récords marcados hace mucho por Sage y que estaba orgulloso de que alguien de la tribu se pareciera a su maestro.
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[Pasado Fic.] La vara de Sage - por Plátypo - 01-11-2023, 09:38 PM
RE: [Pasado Fic.] La vara de Sage - por Plátypo - 04-11-2023, 04:20 PM
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