Perros callejeros [Aventura T1 || Pres. Abs.]
#1
Día 88 de Invierno del año 17
En algún rincón del barrio pobre de Baquella, Baterilla.

La noche anterior...

Quizás por lo económico del lugar —o quizás porque te va la marcha—, el día anterior decidiste hospedarte en una posada-taberna del barrio pobre de Baquella. Allí mismo descubriste que ofrecían cenas a buen precio, así que, alrededor de las diez, cenaste sin prisas, compartiste un rato con el resto de los comensales y, después, subiste a la habitación. Una vez ahí, hiciste todo lo que debías hacer, echaste la llave, te dejaste caer en la cama y te dormiste casi al instante.

Madrugada del 88. Tres de la mañana.

La habitación donde te encuentras es un cuarto diminuto… aunque, siéndo honestos, llamarlo cuarto sería un pecado por lo grande que le queda. Y es que, la palabra correcta sería cuartucho. Efectivamente, te encuentras en un cuchitril irregular, estrecho y algo opresivo, donde el espacio es un lujo por el que en su momento te negaste a pagar.

Una terrible decisión si lo piensas bien.

Por suerte para ti los dueños han sido lo suficientemente generosos como para dejarte lo esencial: una cama individual, un pequeño rincón para maletas, bahules o mochilas, una silla de mimbre y una ventana desproporcionadamente grande que domina prácticamente por completo una de las paredes. Y, aunque hubiera estado bien que te dejaran un cuenco con agua y una trapo al que fingidamente llamarías toalla, como anoche no fuiste particularmente derrochadora en la taberna, se han ahorrado el pequeño gasto y ahora te toca pasar calor. Sobre todo porque no puedes dejar la puerta abierta, misma que parece estar encajada a presión en un lugar donde no debería haber cabido nunca.

Si hacer un pequeño esfuerzo por recordar aún —cuando estés adormilada—, sabrás que la puerta se encuentra al sur, justo a los pies de la cama, separada de su extremo por apenas un metro de suelo desnudo. Es lo primero que verías al sentarte o incorporarte, como una salida siempre presente pero nunca del todo invitadora.

En la pared oeste encontrarás la ventana abierta, de lado a lado, ocupando casi todo el ancho disponible. Está colocada a metro y medio del suelo, demasiado baja para ser decorativa y demasiado alta para ser íntima. Si anoche te fijaste, pues ahora es demasiado oscuro como para hacerlo, verás que se trata de una estructura de madera con doble persiana: la interior se abre hacia dentro con un crujido seco, mientras que la exterior se abre hacia fuera.

Debajo de esa ventana, la silla de mimbre espera sin moverse nunca. Está ligeramente desplazada, a unos dos metros de la cama, como si alguien la hubiera arrastrado ahí en algún momento y luego olvidado devolverla a su sitio original.

En esa misma pared, más cerca de la esquina y hundiéndose un metro en la estructura, hay un hueco irregular. No es exactamente un armario ni una estantería —pese a que hace metro por metro y medio— sino que es una cavidad improvisada donde reposan parte de tus pertenencias.

Como has comprobado, apenas hay nada. Y, por no haber  no hay casi aire ya que está quieto y estancado. No del todo pesado, pero sí como si hubiera desarrollado algún tipo de consciencia y se negara a absorber ni un centímetro más.

Sin embargo, por si eso no fuera suficiente, en medio de un sueño denso y casi pegajoso, de esos que parecen arrastrarte hacia abajo únicamente para drenarte energías en lugar de dejarte descansar, despiertas de golpe ante un ruido metálico y estrepitosamente fuerte. Quizás te remuevas en la cama, quizás incluso entreabras los ojos, pero no será hasta escuchar un golpe seco —de madera contra madera— que tu cerebro se activará y te hará ver que no estás soñando.

Luego, a ese sonido, le seguirá un roce leve, como uñas o garras arañando una superficie rugosa.

¡La ventana!

Cuando mires hacia allí, en el alfeizar de esta, recortada contra la luz tenue del exterior, habrá una silueta pequeña. Ridículamente pequeña. De unos veinte centímetros. Lo cual podría hacerte pensar que es demsiado pequeña para ser alguien… y demasiado definida para ser un animal cualquiera.

Esta, por su lado, está apoyada sobre el alfeizar como si fuera lo más normal del mundo hacer visitas a extraños por la noche, con una pierna colgando, la otra doblada y el cuerpo inclinado hacia dentro de TU habitación. Entonces, cuando ella te vea moverte, se moverá. Girará lentamente, como si acabara de notar que sabes que no estás soñando y, en ese momento, casi absurdo por lo diminuto de la figura, te parecerá escuchar una voz...

O mejor dicho: Un insulto.

En ese momento también te darás cuenta de algo y es que, la ventana... nunca la abriste y, la silla de mimbre no estaba así antes. También recordarás que tu ropa, la debiste de haber dejado doblada —o al menos ordenada—, no dispersa que es cómo está ahora por el suelo. Parece que alguien ha estado buscado en ella con prisa.

El hueco en la pared… está ligeramente revuelto.

Sí, efectivamente, te acaban de robar.
Y para peor... no fue alguien de tu tamaño.

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Bai Mudan
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Nv.23 — Silogista
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Perros callejeros [Aventura T1 || Pres. Abs.] - por Bai Mudan - 28-06-2026, 05:07 PM

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