28-06-2026, 02:04 AM
La tímida luz de la luna y las estrellas nos iluminaban de tanto en tanto entre que las nubes se lo permitían dando así una opaca noche de otoño que auguraba más frío que respuestas, sin embargo, lejos del frío de pronto una súbita y cálida sensación me abrigaba por dentro. Aquello que comenzó como una fuga de allí donde me encontraba, al no hallarme pronto se empezó a transformar en un camino que me dictaba seguir, no quedarme allí… El agua estancada se pudre, o así dicen, y no soy quién para ponerme como juez a juzgar sobre lo que se cree, menos cuando mi interior gritaba por más, por lanzarme al camino.
No podía mentir, entre esa amalgama de sensaciones brotando, fluyendo y gritando dentro mío, aquel resplandor, éste tipo, era de alguna forma la confirmación de que cuando el corazón habla a veces simplemente lo mejor es que la mente calle, y dejar que nuestro interior nos guíe. El instinto no falla. Eso quizás reforzaba mi nuevo ánimo y risa, esa que a cada sonido me renovaba el ser. Estaba vivo, y recordar las palabras de Akira y como me veía me reconfortaba y recordaba que pueden haber desvíos, pero el camino es inquebrantable y no está escrito. Que se puede olvidar quien es uno pero nunca dejar de ser. Sus palabras retumbaban en mi mente inundando mi pecho de calma, paz… “El hombre más libre del mundo” así me había llamado y por un rato había olvidado aquello, me había olvidado quien era, sin embargo aquel resplandeciente joven me había recordado quién era. Ya no habían dudas. A veces la vida te daba tortazos, y te desorienta, pero todas las piezas habían vuelto a su lugar nuevamente.
Por lo pronto aquella botella había sido el nexo que nos unía con aquel varón de cabello albino, la calma me invadía y esos aires de libertad que siempre fluían por mi ser de pronto nuevamente emanaban como una fuente de agua viva en mi interior devolviéndome la tranquilidad de aquel que no necesita respuestas porque no tiene dudas ni preguntas. Sin embargo, como quien va recuperando el calor poco a poco después de haber estado sepultado por el frío, poco a poco volvía a reencontrarme con Cill Blinton, ese hombre al que había olvidado en algún punto del camino.
Mi vista se volvió a Hasegawa en el momento que pronunció mi nombre, le dediqué una mirada suave, tranquila con una sonrisa, como si solo me hubiese quedado con mi nombre e ignorado el resto de lo que mencionaba. ~...Smokey Pirates…~ solté una risa muda, de esas que salen en un rápido y seco reflejo de exhalar. Me parecía curioso como mi nombre viajaba más allá de lo que creía y en parte me resultaba gracioso. De cualquier modo, ver que aquel tipo aceptó mi botella y tomó un trago sellando un pacto de confianza entre caballeros fue la confirmación de esa señal que creía, que estaba donde tenía que estar en el momento que tenía que ser.
El albino devolvió la botella y con la misma soltura y naturalidad, me incliné levemente a tomar aquel licor nuevamente mientras escuchaba su réplica redoblando la apuesta. Lo miraba a los ojos, seguro, no despistado ni ingenuo, pero tampoco a la defensiva, más bien con interés genuino, su pregunta tenía matices interesantes… ~¿Un pirata como yo? ¿Será un marine acaso? Podría conocer a Polaris…~ su pregunta y tono era peculiar, claramente los piratas no le pasaban desapercibidos, me resultaba intrigante el saber el porqué, sobre todo al pensar en la posibilidad de conocer a Akira… Ya llevaba tiempo sin verle…
El peliblanco ya había terminado de sellar la apuesta en el aire. No había lugar a la negación, sonrisa en rostro me quité tranquilamente mi capa roja dejándola caer a mi lado, y desatando mi katana de la cintura para sentarme en la misma posición que mi interlocutor, estando al alcance de nuestros brazos, claro, para poder pasarnos el licor, y apoyé mi katana a mi lado.
Asentí con mi cabeza en silencio como ese que acepta sin rechistar y tomé previamente un trago y deje descansar la botella aún sujetándola, sobre mi rodilla.
—Cill Blinton, lo demás no son cosas que yo mismo haya acuñado o adoptado para mí mismo— le dije con amabilidad y calma. —Lamento decepcionarte, solo soy un simple y libre navegante que desea conocer aquello que la libertad tiene para ofrecer a los que se animan a ir tras ella— continué para finalizar con una tranquila risa y dar otro trago. —No existen tal Smokey Pirates… Y cien millones de berries es solo un número, no deberías prestar atención a ello— culminé riendo y luego de un trago le acerqué la botella.
—La última vez que recuerdo, estuve en Kutsukku hace un tiempo defendiendo la libertad de los míos, los tuyos…— le dije, inclinando mi rostro mientras enfatizaba mi mirada en sus ojos, haciendo pública mi sospecha de que pertenecía a la marina. —Y muchos más, teniendo que acabar con el capitán de la marina Landon Coates. Curioso— finalicé riendo levemente. —A veces el dorado no es oro, y a veces oculto en el fango se pueden encontrar las pepas más puras de oro.—
argumenté queriendo dejar un punto. —La libertad no la define nuestro camino, sino como lo andamos ¿No crees?— le pregunté para encender un cigarro.
—Me interesa ese debate, y la apuesta también, no tengo prisas… Solamente que creo… Que ponerle un techo a la libertad, es limitarla, me gusta creer y vivir con la idea de que nunca hay que cortarle las alas a la libertad, nunca se sabe que tan alto nos puede llevar a volar— le dije sin ahondar mucho más. —¿Cómo te llamas por cierto? Me gustaría saber con quien hablo— finalicé con una honesta sonrisa
No podía mentir, entre esa amalgama de sensaciones brotando, fluyendo y gritando dentro mío, aquel resplandor, éste tipo, era de alguna forma la confirmación de que cuando el corazón habla a veces simplemente lo mejor es que la mente calle, y dejar que nuestro interior nos guíe. El instinto no falla. Eso quizás reforzaba mi nuevo ánimo y risa, esa que a cada sonido me renovaba el ser. Estaba vivo, y recordar las palabras de Akira y como me veía me reconfortaba y recordaba que pueden haber desvíos, pero el camino es inquebrantable y no está escrito. Que se puede olvidar quien es uno pero nunca dejar de ser. Sus palabras retumbaban en mi mente inundando mi pecho de calma, paz… “El hombre más libre del mundo” así me había llamado y por un rato había olvidado aquello, me había olvidado quien era, sin embargo aquel resplandeciente joven me había recordado quién era. Ya no habían dudas. A veces la vida te daba tortazos, y te desorienta, pero todas las piezas habían vuelto a su lugar nuevamente.
Por lo pronto aquella botella había sido el nexo que nos unía con aquel varón de cabello albino, la calma me invadía y esos aires de libertad que siempre fluían por mi ser de pronto nuevamente emanaban como una fuente de agua viva en mi interior devolviéndome la tranquilidad de aquel que no necesita respuestas porque no tiene dudas ni preguntas. Sin embargo, como quien va recuperando el calor poco a poco después de haber estado sepultado por el frío, poco a poco volvía a reencontrarme con Cill Blinton, ese hombre al que había olvidado en algún punto del camino.
Mi vista se volvió a Hasegawa en el momento que pronunció mi nombre, le dediqué una mirada suave, tranquila con una sonrisa, como si solo me hubiese quedado con mi nombre e ignorado el resto de lo que mencionaba. ~...Smokey Pirates…~ solté una risa muda, de esas que salen en un rápido y seco reflejo de exhalar. Me parecía curioso como mi nombre viajaba más allá de lo que creía y en parte me resultaba gracioso. De cualquier modo, ver que aquel tipo aceptó mi botella y tomó un trago sellando un pacto de confianza entre caballeros fue la confirmación de esa señal que creía, que estaba donde tenía que estar en el momento que tenía que ser.
El albino devolvió la botella y con la misma soltura y naturalidad, me incliné levemente a tomar aquel licor nuevamente mientras escuchaba su réplica redoblando la apuesta. Lo miraba a los ojos, seguro, no despistado ni ingenuo, pero tampoco a la defensiva, más bien con interés genuino, su pregunta tenía matices interesantes… ~¿Un pirata como yo? ¿Será un marine acaso? Podría conocer a Polaris…~ su pregunta y tono era peculiar, claramente los piratas no le pasaban desapercibidos, me resultaba intrigante el saber el porqué, sobre todo al pensar en la posibilidad de conocer a Akira… Ya llevaba tiempo sin verle…
El peliblanco ya había terminado de sellar la apuesta en el aire. No había lugar a la negación, sonrisa en rostro me quité tranquilamente mi capa roja dejándola caer a mi lado, y desatando mi katana de la cintura para sentarme en la misma posición que mi interlocutor, estando al alcance de nuestros brazos, claro, para poder pasarnos el licor, y apoyé mi katana a mi lado.
Asentí con mi cabeza en silencio como ese que acepta sin rechistar y tomé previamente un trago y deje descansar la botella aún sujetándola, sobre mi rodilla.
—Cill Blinton, lo demás no son cosas que yo mismo haya acuñado o adoptado para mí mismo— le dije con amabilidad y calma. —Lamento decepcionarte, solo soy un simple y libre navegante que desea conocer aquello que la libertad tiene para ofrecer a los que se animan a ir tras ella— continué para finalizar con una tranquila risa y dar otro trago. —No existen tal Smokey Pirates… Y cien millones de berries es solo un número, no deberías prestar atención a ello— culminé riendo y luego de un trago le acerqué la botella.
—La última vez que recuerdo, estuve en Kutsukku hace un tiempo defendiendo la libertad de los míos, los tuyos…— le dije, inclinando mi rostro mientras enfatizaba mi mirada en sus ojos, haciendo pública mi sospecha de que pertenecía a la marina. —Y muchos más, teniendo que acabar con el capitán de la marina Landon Coates. Curioso— finalicé riendo levemente. —A veces el dorado no es oro, y a veces oculto en el fango se pueden encontrar las pepas más puras de oro.—
argumenté queriendo dejar un punto. —La libertad no la define nuestro camino, sino como lo andamos ¿No crees?— le pregunté para encender un cigarro.
—Me interesa ese debate, y la apuesta también, no tengo prisas… Solamente que creo… Que ponerle un techo a la libertad, es limitarla, me gusta creer y vivir con la idea de que nunca hay que cortarle las alas a la libertad, nunca se sabe que tan alto nos puede llevar a volar— le dije sin ahondar mucho más. —¿Cómo te llamas por cierto? Me gustaría saber con quien hablo— finalicé con una honesta sonrisa
