[EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver
#15
Aquello me venía como anillo al dedo. Justo aquel día había logrado uno de los looks de los que me sentía más orgullosa, e incluso aquel vulgar uniforme carcelario podía ser vestido con cierta clase, si uno sabía lo que hacía. Salir de mi celda había sido sencillo. Aquellos amigos de lo mundano lo habían puesto fácil: por simples que fuesen sus mentes —acorde con sus correspondientes estirpes—, parecían haberse dado cuenta finalmente de que Impel Down... ¡Bueno, no era tan difícil de escapar, al fin y al cabo! Solo hacía falta un poquitín de ayuda externa, una palanca que abriese la grieta, y todo comenzaba a fluir. Yo misma había planeado algo similar, claro, solo que se me habían adelantado. Por apenas unos días, seguramente, si mis contactos en el exterior no me habían fallado. Aunque quién sabe, uno nunca puede fiarse demasiado de gente con una mente tan simplona. En cualquier caso, había llegado la hora, por un motivo o por otro, y el mundo volvía a pertenecer a Candice Bonbon. Me tocaba reclamar lo que era mío, y el Gobierno Mundial sabría lo que se había perdido.

— ¡Es Yojimbo el de las Alas Negras! ¿Acaso tu mutación en la vista te ha dejado sordo además de calvo? — pregunté ante el hombre de cuestionables cualidades capilares, que, además, también resultaba ser bastante estulto, el pobrecillo, contemplándolo desde su lado. Me froté las muñecas, resentidas tras mucho tiempo sin su correspondiente skincare y ligeramente enrojecidas. Anque, claro, había sido capaz de mantener un cutis casi perfecto, incluso en aquellas hórridas condiciones. — Soy Candice Bonbon y... ¡Uggh! — dije, posando mi mirada sobre aquella espantosa criatura que había ido a parar a aquel lugar. Ni siquiera Impel Down merecía unos visitantes tan cervales. Era imprescindible retirar mi mirada de aquella visión pesadillesca cuanto antes; al fin y al cabo, lo feo también se contagia. — No quiero pasar en este sitio ni un segundo más, caramelo, así que contad conmigo también... Os hará falta algo de juventud y talento entre tanto abuelo. — concedí, consciente de que aquella manga de ineptos veteranos e inhábiles trasnochados necesitaría algo más que determinación y ayuda caracolesca para que su empresa concluyese con éxito. Yo, desde luego, no tenía ninguna intención de terminar mis días allí. Tenía mucho por hacer.

Y si alguno se atrevía a subestimarme por mi juventud... ¡Lo pagaría claro, evidentemente! Candice Bonbon no es ninguna mindundi, como ellos. ¿Y de qué iba aquel viejo, hablando de la nueva escuela? No tenía ni idea, pero, si de algo estaba segura, es de que precisamente aquel tal Strahd no había pisado una institución educativa en su vida, y se notaba tanto en sus modales como en su olor corporal. Ahora, era imprescindible hacerme con el liderazgo de aquel intento de fuga, y ellos querrían lo mismo, si tenían cualquier interés en que saliese bien. Porque el protagonismo no se roba, se gana a pulso, y es el precio a pagar por un trabajo bien hecho. Así son las cosas, caramelo. El desfile incesante de entes apocalípticamente feos, auténticos atentados contra cualquier sentido de la clase, la elegancia o el lado más refinado de la vida, no había terminado, por desgracia, como pude comprobar cuando hizo aparición en escena aquel enorme gigante ancestral. ¡Y fijo que todos se creerían que él iba a ser nuestro salvador! Nada más lejos de la realidad. Como me habían demostrado mis muchos años de experiencia (¡sí, muchos!), el tamaño no lo era todo, y a menudo era una simple baza que jugar a la hora de aterrar a un enemigo. El verdadero poder se gestaba, a diferencia de lo que todos aquellos impresionables viejos pudiesen suponer, en la capacidad táctica, la intelectualidad y el control del campo de batalla. E incluso en una cierta elegancia, que también era importante el saber estar.

Sin embargo, no era momento de empezar a juzgar a mis más que cuestionables aliados temporales y por cuestiones estrictamente tácticas: al fin y al cabo, no dejábamos de estar en Impel Down, la prisión del mundo por excelencia, y donde se juntaba lo peorcito de cada casa —con excepción de mí misma, claro, que no dejo de ser la excepción que confirma la regla—, y si bien el calvo, el tonto, la cabra, el viejo y el troglodita monstruoso no eran los socios más fiables de los que podía disponer, eran mejor que nada. — Va siendo hora de que nos pongamos en movimiento, caramelo. No van a tardar... —, dije, haciendo un gran esfuerzo por simplificar mi lenguaje para que sus pobres y marchitos cerebros entendiesen de qué estaba hablando. Y es que, dentro de lo peor, daba por hecho que aún estaban por llegar los peores de verdad.



Info
  Responder


Mensajes en este tema
RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - por Candice Bonbon - 26-06-2026, 04:45 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 2 invitado(s)