24-06-2026, 04:41 PM
60 de Invierno, Año 16 ❥ Isla Karate - Playa
Words like violence, break the silence. Come crashing in into my little world
─ ♚ ─
Su cuerpo resintió el golpe apenas dio contra el piso de medio lado y el dolor en alguna parte se expandió obligándola a cerrar los ojos por un instante mientras contenía el aliento. El balanceo que percibía aun no lograba atribuirlo a una causa concreta ¿era consecuencia del golpe que acababa de darse o efectivamente el suelo mantenía un leve vaivén? Ese que parecía mecer el mundo entero y se mezclaba con el aire frío que escocía en sus pulmones.
Intento abrir los ojos, pero el esfuerzo le arrancó una punzada sorda desde la nuca, y la presión incomoda de las muñecas silenció la maldición que estuvo a punto de escapar de sus labios carmesí. Era un cuerpo quieto y silencioso en algún lado donde la habían lanzado; su pecho amplio subió y bajo en ese movimiento lento que delataba la inhalación, al momento que el flash de un recuerdo golpeaba su memoria: una sonrisa, una orden, sombras en la vegetación…la pulsación constante detrás de la cabeza al momento que sus ojos se enfrentaban a la oscuridad, le recordó porque estaba ahí.
Iba a arrancarle las uñas si llegaba a tener la oportunidad de quedarse sola con esa mujer.
Intento enfocar lo que fuese que tuviese por el frente en medio de la negrura sin embargo la voz de un hombre proveniente de su espalda preguntando lo que resultaba obvio, hizo que su cuerpo se tensara. Tenía que decidir y rápido, porque atada y aun intentando enfocar de manera correcta a causa del golpe, no podría hacer demasiado.
Decidió no moverse de inmediato, que la diera por dormida o muerta, no le importaba, ella necesitaba analizar antes de actuar y gracias a la verborrea del hombre que estaba ahí logró capturar dos palabras importantes: Mujer y Taberna.
– Dime que el golpe en la cabeza te está haciendo delirar – apretó los dientes mientras hacia el esfuerzo para incorporarse desde su posición acostada de medio lado; el peso lo llevó hacia sus piernas y la cadera, con el empuje de su hombro, lentamente, logró sentarse en el piso. Algunos mechones oscuros escaparon sobre sus facciones, suavizando por una fracción de tiempo, el dolor que cruzó en su rostro – Porque hablas demasiado para alguien que tampoco sabe dónde está – Trato de distinguir lo que le rodeaba, necesitaba entender su entorno con rapidez para reaccionar mientras el olor a sal y madera lograba penetrar en su nariz, incluso cuando esta se negaba a registrar todo tipo de olores – Ahórrate la osadía, no soy tu conquista de taberna, solo tu juicio está tan deplorable como nuestra situación actual –
Giró hacia la voz masculina que estaba a su espalda, la escasa luz que conseguía entrar entre la madera apenas alcanzaba para delinear el perfil de ese rostro de líneas finas y pecas dispersas, las que contrastaban con la frialdad orgullosa y calculada de su expresión.
Lo primero que logró distinguir entre la penumbra, no era un rostro ajeno, sino el tamaño de ese hombre, incluso sentado parecía ocupar mas espacio que una persona normal. La mirada de la Archeron cambió apenas en la oscuridad, no fue sorpresa ni inquietud sino calculo. Esa forma silenciosa que tenia de evaluar aquello que no comprendía antes de decidir si debía ignorarlo, soportarlo o entregarle mínima importancia.
Pero, lo que no lograba distinguir era mucho más importante que un rostro, las penumbras le impedían saber si ese hombre también estaba atado. No había escuchado el roce de algunas cadenas o la dureza de las cuerdas que ella misma llevaba contra sus manos a su espalda y en una situación como la que se encontraba, asumir era una forma particularmente estúpida y rápida de morir – ¿Te secuestraron o eres tan desafortunado para terminar aquí por voluntad propia? – Las vigas de madera cruzada hacia la penumbra… ¿los habían metido a una especie de celda? Eso daba igual, si no conseguía más información sobre la mujer y la taberna.
– Aprovechemos esa facilidad tuya para llenar los silencios ¿la mujer con la que estuviste en la taberna tenía el cabello castaño y los ojos verdes? – permitió que el silencio se asentara, aunque hubiese deseado distinguir por completo a la persona con la que compartía el espacio, no hubiese podido, la oscuridad del lugar solo le dejaba ver las penumbras a medida que su visión iba a adaptándose poco a poco.
– Esos eran los rasgos de la mujer responsable de que terminara aquí – ciertamente no compartía esa información por gusto, ella no confiaba en él.
No era personal, ella no confiaba en nadie.
Sin embargo, necesitaba saber si ambos habían sido atacados por la misma persona.
Intento abrir los ojos, pero el esfuerzo le arrancó una punzada sorda desde la nuca, y la presión incomoda de las muñecas silenció la maldición que estuvo a punto de escapar de sus labios carmesí. Era un cuerpo quieto y silencioso en algún lado donde la habían lanzado; su pecho amplio subió y bajo en ese movimiento lento que delataba la inhalación, al momento que el flash de un recuerdo golpeaba su memoria: una sonrisa, una orden, sombras en la vegetación…la pulsación constante detrás de la cabeza al momento que sus ojos se enfrentaban a la oscuridad, le recordó porque estaba ahí.
Iba a arrancarle las uñas si llegaba a tener la oportunidad de quedarse sola con esa mujer.
Intento enfocar lo que fuese que tuviese por el frente en medio de la negrura sin embargo la voz de un hombre proveniente de su espalda preguntando lo que resultaba obvio, hizo que su cuerpo se tensara. Tenía que decidir y rápido, porque atada y aun intentando enfocar de manera correcta a causa del golpe, no podría hacer demasiado.
Decidió no moverse de inmediato, que la diera por dormida o muerta, no le importaba, ella necesitaba analizar antes de actuar y gracias a la verborrea del hombre que estaba ahí logró capturar dos palabras importantes: Mujer y Taberna.
– Dime que el golpe en la cabeza te está haciendo delirar – apretó los dientes mientras hacia el esfuerzo para incorporarse desde su posición acostada de medio lado; el peso lo llevó hacia sus piernas y la cadera, con el empuje de su hombro, lentamente, logró sentarse en el piso. Algunos mechones oscuros escaparon sobre sus facciones, suavizando por una fracción de tiempo, el dolor que cruzó en su rostro – Porque hablas demasiado para alguien que tampoco sabe dónde está – Trato de distinguir lo que le rodeaba, necesitaba entender su entorno con rapidez para reaccionar mientras el olor a sal y madera lograba penetrar en su nariz, incluso cuando esta se negaba a registrar todo tipo de olores – Ahórrate la osadía, no soy tu conquista de taberna, solo tu juicio está tan deplorable como nuestra situación actual –
Giró hacia la voz masculina que estaba a su espalda, la escasa luz que conseguía entrar entre la madera apenas alcanzaba para delinear el perfil de ese rostro de líneas finas y pecas dispersas, las que contrastaban con la frialdad orgullosa y calculada de su expresión.
Lo primero que logró distinguir entre la penumbra, no era un rostro ajeno, sino el tamaño de ese hombre, incluso sentado parecía ocupar mas espacio que una persona normal. La mirada de la Archeron cambió apenas en la oscuridad, no fue sorpresa ni inquietud sino calculo. Esa forma silenciosa que tenia de evaluar aquello que no comprendía antes de decidir si debía ignorarlo, soportarlo o entregarle mínima importancia.
Pero, lo que no lograba distinguir era mucho más importante que un rostro, las penumbras le impedían saber si ese hombre también estaba atado. No había escuchado el roce de algunas cadenas o la dureza de las cuerdas que ella misma llevaba contra sus manos a su espalda y en una situación como la que se encontraba, asumir era una forma particularmente estúpida y rápida de morir – ¿Te secuestraron o eres tan desafortunado para terminar aquí por voluntad propia? – Las vigas de madera cruzada hacia la penumbra… ¿los habían metido a una especie de celda? Eso daba igual, si no conseguía más información sobre la mujer y la taberna.
– Aprovechemos esa facilidad tuya para llenar los silencios ¿la mujer con la que estuviste en la taberna tenía el cabello castaño y los ojos verdes? – permitió que el silencio se asentara, aunque hubiese deseado distinguir por completo a la persona con la que compartía el espacio, no hubiese podido, la oscuridad del lugar solo le dejaba ver las penumbras a medida que su visión iba a adaptándose poco a poco.
– Esos eran los rasgos de la mujer responsable de que terminara aquí – ciertamente no compartía esa información por gusto, ella no confiaba en él.
No era personal, ella no confiaba en nadie.
Sin embargo, necesitaba saber si ambos habían sido atacados por la misma persona.
Léeme
