14-08-2023, 08:35 PM
El caos era demasiado intenso. Si no estabas lo suficientemente despierta, era bastante posible acabar perdido. Todo el mundo estaba chillando y corriendo. El resto de su grupo, si es que se le podía llamar así, acompañaron a los habitantes de la aldea en su huída al bosque. Pues ella no iba a quedarse sola ni de coña. Corrió junto con los demás, siguiéndoles el paso. Quizás allí, alejados del peligro, podrían pensar con más claridad, trazar un plan, esconder a los civiles... Algo. Pero parecía imposible que la situación fuese a calmarse, ni siquiera un poquito. Y a más inri, se había ido haciendo de noche poco a poco, sumado a la densidad de aquellos árboles que les rodeaban por los cuatro costados.
Todo el mundo estaba aterrado, era difícil no empatizar, que no se te contagiase el miedo e inundase tu cuerpo. Derya era fuerte, sabía mantener la calma en momentos complicados, pero tanto grito desesperado empezaba a ponerla de los nervios. Se hizo un moño despeinado. Sabes que una mujer está preparada para la acción si tiene hecho un moño.
Entonces se escuchó un ruido terrible, un gruñido de lo que era claramente una bestia enorme. Un gorila gigante salió de entre la maleza con una rapidez sorprendente, parecía impropia de su tamaño. Apareció y agarró de la pierna a un indefenso niño. El zarandeo que se propinó al pobre chico impactó a todos por igual. Pudo ver por el rabillo del ojo como Kovashi hizo el ademán de desvainar su arma, aunque finalmente no lo hizo. Enseguida hizo grupo con aquel oso marrón, pero no parecía con ganas de ir detrás del gorila. Todo lo contrario a cómo actuó panda, que en un abrir y cerrar de ojos salió corriendo en la misma dirección.
Derya se encontró a sí misma dudando por un momento. ¿Qué era lo que debía hacer? Ayudar al panda, igual que él la había ayudado o a ella, o quedarse allí por si aparecía otra amenaza. Le dio la impresión de que el panda podría con aquel gorila, igual simplemente por la ilusión de la altura, pues a pesar de que era un gorila mucho más grande que un gorila común, el panda le sacaba casi un metro. Y además, tenía un horrible presentimiento que le decía que si se separaba en aquel momento y en aquel lugar de Kovashi, igual no volvía a encontrárselo más. Y aquí se presentaba la dualidad y la hipocresía de la psicología humana. La había estado tratando como una mierda desde que volvieron a verse, y sin embargo, en lo más profundo de ella, sabía que debería de haber un error. Que todo era un malentendido, y que si se sentaban a hablar, la magia que sintieron cuando se conocieron volvería a florecer. En resumen, que estaba tan hecha lío que sus piernas no se movieron. Aunque sí que adoptó una posición defensiva. Al fin y al cabo, su cuerpo era su propia arma.
