22-06-2026, 12:28 AM
Leyenda
Pille al Cocomono desprevenido cuando me lancé con mis patas a agarrar su cabeza, consiguiendo mi objetivo para mi sorpresa y para la del coco, ya que al agarrarle la cabeza su cuerpo se disipó. No pasaron ni diez segundos desde que había agarrado el coco que escuche como el capitán volvía a pronunciar una palabra. "¿Eso debe ser otra de sus técnicas-don?" Me pregunté puesto que el capitán parecía ser como el enmascarado, siempre pronunciabas el nombre de sus ataques en voz alta. Y no fue solo una palabra, muy poco después sonó otra palabra la cual me hizo mirar en esa dirección ya que esta había sonado mucho más cerca.
Al mirar hacía donde había escuchado esta segunda palabra, pude ver como ascendía una pequeña hilera de ¿Esquirlas de hielo?. -¿Qué es ese hielo-don? Con el maldito calor que... ¡Aaaagghh!- Exclamé al verlas, pero no pude acabar la frase, puesto que el capitán apareció delante de mí y me lanzó con espadazo, golpeándome de lleno en el pecho y empujándome para abajo.
El dolor que sentía era bastante raro, nunca había sentido algo igual, si que había recibido cortes dolorosos, puede que no tanto como aquel pero si dolorosos, pero ninguno de ellos se notaba frio y caliente a la vez. Ese profundo dolor me hizo perder un momento el conocimiento por el shock.
-¿Donde estoy-don? ¿Este lugar me suena... pero no puede ser que esté aquí-don?- Pregunté en voz alta mientras miraba a mi alrededor y empezaba a reconocer el lugar donde estaba.
Me encontraba en lo que parecía una cueva, las paredes y el techo eran una misma superficie de piedra, de un color gris oscuro. La habitación o espacio donde me encontraba era de un tamaño aproximado de cuatro por cuatro metros, su forma era similar a la de una cúpula circular, menos por una de las paredes, donde había unos barrotes metálicos y una puerta en medio de barrotes también.
El inmobiliario de la habitación era muy minimalista, en él solo había un retrete, el cual era un simple agujero en el suelo, una pequeña mesa de madera con una silla de madera también y dos colchones en el suelo, estando yo en uno de ellos, en el otro colchón... no me había fijado pero en él se encontraba un hombre mayor el cual reconocí al instante, este me miraba fijamente.
Sin que me dijese nada, pude leer sus ojos, con ellos me decía que había pasado por mucho y que yo era lo suficientemente fuerte para poder con todo aquello, como siempre me decía solo debía levantarme y seguir para delante una y otra vez, que el ganar o el perder no era lo importante, sino aprender de todo lo que se vive en esta vida, de lo bueno y lo malo, de lo fácil y lo complicado. Este me guiño el ojo y me sonrió, lo cual creo un gran brillo, el cual prosiguió de un fuerte dolor en el pecho, obligándome a cerrar los ojos a la vez que me llevaba la mano al pecho.
Cuando volví a abrir los ojos, al principio no supe donde me encontraba, tenía la mente algo borrosa, tarde unos segundos en darme cuenta y recordar donde me encontraba y que estaba haciendo, entonces me di cuenta que me encontraba descendiendo de espaldas puesto que enfrente mío pude distinguir al capitán Ashura manteniéndose en el aire con sus poderes de akuma.
Por mi parte, intente mover mis brazos para frenar la caída, pensando que aun tenía alas por brazos, pero mi sorpresa fue, cuando mi cuerpo había vuelto totalmente a la normalidad. "Mierda..." Pensé al darme cuenta que debía hacer algo para evitar estamparme contra el suelo. Sin darle más vueltas intente moverme en el aire, para dejar de mirar al cielo y poder ver donde iba a caer, cuando lo conseguí ya me encontraba apenas dos metros de altura, me preparé, sabía lo que tenía que hacer, debía evitar el mayor daño posible de la caída y para eso solo se me ocurrió una cosa...
Al llegar al suelo, apoye mis pies en la superficie, pero no con la intención de quedarme ahí clavado y que mis rodillas recibiesen todo el impacto, lo que hice es aprovechar la inercia del descenso e inclinar mi cuerpo hacía delante solo tocar el suelo, para realizar una voltereta y rodar por él, el fuerte dolor de pecho me impidió realizar esta maniobra perfectamente, lo que me hizo acabar cara al suelo, pero evitando el daño de la caída.
Por mi parte, intente mover mis brazos para frenar la caída, pensando que aun tenía alas por brazos, pero mi sorpresa fue, cuando mi cuerpo había vuelto totalmente a la normalidad. "Mierda..." Pensé al darme cuenta que debía hacer algo para evitar estamparme contra el suelo. Sin darle más vueltas intente moverme en el aire, para dejar de mirar al cielo y poder ver donde iba a caer, cuando lo conseguí ya me encontraba apenas dos metros de altura, me preparé, sabía lo que tenía que hacer, debía evitar el mayor daño posible de la caída y para eso solo se me ocurrió una cosa...
Al llegar al suelo, apoye mis pies en la superficie, pero no con la intención de quedarme ahí clavado y que mis rodillas recibiesen todo el impacto, lo que hice es aprovechar la inercia del descenso e inclinar mi cuerpo hacía delante solo tocar el suelo, para realizar una voltereta y rodar por él, el fuerte dolor de pecho me impidió realizar esta maniobra perfectamente, lo que me hizo acabar cara al suelo, pero evitando el daño de la caída.
Estando en el suelo boca abajo, noté unos fuertes pinchazos en la espalda. "Mierda... malditos monos humeantes... aún siguen persiguiéndome-don..." Pensé al reconocer el daño provocado por aquellos seres humeantes, después de recibirlos y con una amplia sonrisa apoye mis manos en el suelo, impulsándome para levantarme.
"Este tipo esta loquísimo de verdad ha intentado matarme-don..." Pensé mientras me incorporaba del suelo. -Eres realmente muy divertido capitán, me gusta la gente como tu-don ¡Vavavavavava!- Exclamé con una fuerte carcajada y cara de loco mientras me tocaba el pecho con mi mano izquierda y luego la miraba, estando esta llena de sangre. El mamonazo me había hecho un duro corte, el cual no dejaba de sangrar levemente además de provocarme un dolor intenso e intermitente pero soportable, como si de un corazón se tratase.
Aun con mi mano sangrienta miré al capitán que seguía frotando en el aire y me coloqué en mi posición base de combate, con mis extremidades tanto brazo como pierna izquierda levemente adelantado y las extremidades diestras más atrasadas, reduciendo las zonas dañables en mi pecho, protegiendo ese corte que me había realizado.
Off
