29-11-2023, 03:04 AM
(Última modificación: 29-11-2023, 03:12 AM por Ikirami.
Razón: habia omitido que Irina se había destransformado
)
“Sospechoso…” pensó Ikirami mientras al revisar la habitación había visto unas marcas extrañas marcas en la tierra junto a la caja que sostenía el Den den mushi. Sin duda, algo había pasado ahí. ¿Se trataría como sospechaba de una posible ruta de huida? Desde esa distancia no podía estar segura, pero no iba a dejarlo pasar sin más.
El maldito pirata rio alabando el discurso de Irina. Después movió una mesa para colocarla entre ellas y el hombre, justo en el medio de donde se habían colocado ambas. Cogió una silla y se sentó en el centro. De esta forma, Glatus estaba a escasos dos metros de ellas en diagonal, con la mesa separándolos, en el lado derecho de la sala. Ikirami apoyó el vaso que había cogido sobre la mesa, jugando inocentemente con él cuando el hombre mencionó algo que casi la saca de su papel. Afirmó casi sin ninguna duda que Irina se trataba de una agente del gobierno, añadiendo además que la marina no actuaría así. Siendo sinceros, Ikirami tenía claro hacía rato que el grupo al que acompañaba no era de Marines. Sin embargo, nunca había escuchado hablar de agentes del Gobierno como tal. Sí que había algunos rumores de personas que trabajaban directamente para el gobierno de forma encubierta, pero era la primera vez en su vida que escuchaba hablar a alguien de ello de forma seria. Bajó la mano por debajo de la mesa, apoyándola en su pierna y cerró el puño con fuerza controlando así el nerviosismo que comenzaba a aflorar en ella.
“¿En qué demonios me he metido? - se preguntó- Si no voy con cuidado podría traerme muchos problemas.” Era tan solo una soldado raso, apenas llevaba unos meses siendo oficialmente una Marine. Además, casi todo lo que había hecho hasta el momento era papeleo y limpieza de la base. ¿Podía su ambición haber arruinado su futuro al precipitarse? Sí, era una posibilidad. Pero también era una oportunidad. Si la misión salía bien, tal vez sus superiores le concediesen un ascenso.
Paralelamente, Glatus continuó con su discurso ininterrumpido. Al parecer, las actividades ilegales que llevaba a cabo ya no le satisfacían, era un hombre ambicioso. Y entonces, habló del incidente de los Cabos Gemelos. Ella había leído algo sobre el tema en el periódico, pero no sabía más que la información oficial sobre ello. Mencionó a un tal Finn, por lo que decía supuso que se refería a otro pirata y que había recibido su merecido. Glatus admiraba su trabajo y consideraba una lástima lo que sucedió, pero ahora iba a retomar su lugar como… traficante de esclavos.
El puño que presionaba bajo la mesa, el cual había relajado un poco con su determinación renovada, ahora lo apretaba con tanta fuerza que las uñas se le clavaban en la palma haciéndole herida y sangrando ligeramente. Gracias eso pudo contener la rabia lo suficiente para no lanzarse a matar a ese hombre en ese mismo instante. Después, añadió que si le ayudaban les cedería una parte de lo que sacase.
Miró a su compañera, con la rabia ardiendo en su interior tan fuerte que sentía que apenas podía respirar. “Dile que no hay negociación. Este energúmeno no puede salir de aquí con vida. No podemos permitirlo. Por favor, deja que lo mate” suplicó Ikirami. En vano, pues era solo un pensamiento e Irina no era capaz de leer su mente. Por un instante, pensó que la cosa saldría como quería. Irina declaró que se sentía ofendida por su oferta. Hizo una pulla hacia los Marines y la miró un momento. Pero continuó diciéndole que podía aspirar a algo más grande que “amaestrar” humanos. Dijo algo del casino Ranara, y ofrecerle un trato para darle una parte si iba a la cárcel sin resistirse y les proporcionaba información.
“Estás fingiendo, ¿verdad? No puedes estar hablando en serio de dejar a un monstruo como este vivo, en libertad tras poco tiempo y además premiarle. No, no puede ser. ¿No?” La confianza que había depositado en la agente se esfumaba poco a poco, incluso había vuelto a su forma normal. Pero estaban en una clara ventaja. Irina, Jude y ella contra solo él. Después de lo que había dicho estaba claro que había que matarlo. No había otra opción. Cualquier otra significaría permitir que ese hijo de puta maldito pudiese seguir respirando y haciendo el mal, acabando con vidas. No, no podían.
Pero estaba acorralada. Si Jude era también agente del gobierno y así es como trabajaban, ella no podía hacerles frente como si nada. Si se lanzaba a por él y ellas la enfrentaban, el rastrero malnacido podía incluso aprovechar para escapar. Sin embargo, si Glatus rechazaba la propuesta, no les quedaría otra opción que atacarlo. Pasó unos segundos sopesando lo que podía hacer. Podía decir algo que forzase a Glatus a rechazar la oferta, pero Irina sabría que lo había hecho a propósito y tomar represalias después. Estaba entre la espada y la pared. O se arriesgaba a que el despreciable quedase con vida y arruinase la vida de personas o a que su propio futuro se desplomase. Las vidas de otros o la suya propia. Una vez llegado a ese punto, las dudas se desvanecieron.
Se levantó poco a poco y rodeó la mesa hasta situarse a lado de Glatus, a apenas un metro de él. Se apoyó con la mano herida en la mesa y miró fijamente a los ojos del monstruo esbozando una sonrisa maquiavélica.
-Ya lo ves. Unos meses, unos años… Solo tendrías que aguantar ese tiempo para obtener tu recompensa. Una mayor de lo que esperabas, seguro. -dijo a la vez que levantaba ligeramente la cabeza y lo miraba altivamente- Sin embargo, me pregunto si tu cuerpecito aguantaría ese tiempo allí. Un hombre tan atractivo como tú, en un lugar como Impel Down podría ser visto como un tierno bizcochito. -hizo énfasis en el nombre del lugar, esperando que la mala fama del lugar le borrase cualquier intención de aceptar el trato- Está claro que un Pirata de tu nivel no podría ir a ningún otro lugar que no fuese ese, no por nada te has ganado el interés del propio Gobierno. No tiene muy buena fama, lo sé. Pero luego te podría esperar algo suculento. Si es que sobrevives, claro.
Sabía que Irina no se refería a Impel Down cuando sugirió la oferta de la cárcel. Pero también sabía que nadie en su sano juicio aceptaría jamás ser enviado a un pozo de la desesperación como aquel durante meses o incluso años. Era la última baza que le quedaba antes de comenzar el conflicto ella misma. Y aprovechó su sed de sangre para esbozar una de las sonrisas más venenosas que jamás había mostrado y dirigirla directamente a Glatus. Si el hombre hacía cualquier movimiento para escapar o atacar, estaba preparada para impedírselo.
El maldito pirata rio alabando el discurso de Irina. Después movió una mesa para colocarla entre ellas y el hombre, justo en el medio de donde se habían colocado ambas. Cogió una silla y se sentó en el centro. De esta forma, Glatus estaba a escasos dos metros de ellas en diagonal, con la mesa separándolos, en el lado derecho de la sala. Ikirami apoyó el vaso que había cogido sobre la mesa, jugando inocentemente con él cuando el hombre mencionó algo que casi la saca de su papel. Afirmó casi sin ninguna duda que Irina se trataba de una agente del gobierno, añadiendo además que la marina no actuaría así. Siendo sinceros, Ikirami tenía claro hacía rato que el grupo al que acompañaba no era de Marines. Sin embargo, nunca había escuchado hablar de agentes del Gobierno como tal. Sí que había algunos rumores de personas que trabajaban directamente para el gobierno de forma encubierta, pero era la primera vez en su vida que escuchaba hablar a alguien de ello de forma seria. Bajó la mano por debajo de la mesa, apoyándola en su pierna y cerró el puño con fuerza controlando así el nerviosismo que comenzaba a aflorar en ella.
“¿En qué demonios me he metido? - se preguntó- Si no voy con cuidado podría traerme muchos problemas.” Era tan solo una soldado raso, apenas llevaba unos meses siendo oficialmente una Marine. Además, casi todo lo que había hecho hasta el momento era papeleo y limpieza de la base. ¿Podía su ambición haber arruinado su futuro al precipitarse? Sí, era una posibilidad. Pero también era una oportunidad. Si la misión salía bien, tal vez sus superiores le concediesen un ascenso.
Paralelamente, Glatus continuó con su discurso ininterrumpido. Al parecer, las actividades ilegales que llevaba a cabo ya no le satisfacían, era un hombre ambicioso. Y entonces, habló del incidente de los Cabos Gemelos. Ella había leído algo sobre el tema en el periódico, pero no sabía más que la información oficial sobre ello. Mencionó a un tal Finn, por lo que decía supuso que se refería a otro pirata y que había recibido su merecido. Glatus admiraba su trabajo y consideraba una lástima lo que sucedió, pero ahora iba a retomar su lugar como… traficante de esclavos.
El puño que presionaba bajo la mesa, el cual había relajado un poco con su determinación renovada, ahora lo apretaba con tanta fuerza que las uñas se le clavaban en la palma haciéndole herida y sangrando ligeramente. Gracias eso pudo contener la rabia lo suficiente para no lanzarse a matar a ese hombre en ese mismo instante. Después, añadió que si le ayudaban les cedería una parte de lo que sacase.
Miró a su compañera, con la rabia ardiendo en su interior tan fuerte que sentía que apenas podía respirar. “Dile que no hay negociación. Este energúmeno no puede salir de aquí con vida. No podemos permitirlo. Por favor, deja que lo mate” suplicó Ikirami. En vano, pues era solo un pensamiento e Irina no era capaz de leer su mente. Por un instante, pensó que la cosa saldría como quería. Irina declaró que se sentía ofendida por su oferta. Hizo una pulla hacia los Marines y la miró un momento. Pero continuó diciéndole que podía aspirar a algo más grande que “amaestrar” humanos. Dijo algo del casino Ranara, y ofrecerle un trato para darle una parte si iba a la cárcel sin resistirse y les proporcionaba información.
“Estás fingiendo, ¿verdad? No puedes estar hablando en serio de dejar a un monstruo como este vivo, en libertad tras poco tiempo y además premiarle. No, no puede ser. ¿No?” La confianza que había depositado en la agente se esfumaba poco a poco, incluso había vuelto a su forma normal. Pero estaban en una clara ventaja. Irina, Jude y ella contra solo él. Después de lo que había dicho estaba claro que había que matarlo. No había otra opción. Cualquier otra significaría permitir que ese hijo de puta maldito pudiese seguir respirando y haciendo el mal, acabando con vidas. No, no podían.
Pero estaba acorralada. Si Jude era también agente del gobierno y así es como trabajaban, ella no podía hacerles frente como si nada. Si se lanzaba a por él y ellas la enfrentaban, el rastrero malnacido podía incluso aprovechar para escapar. Sin embargo, si Glatus rechazaba la propuesta, no les quedaría otra opción que atacarlo. Pasó unos segundos sopesando lo que podía hacer. Podía decir algo que forzase a Glatus a rechazar la oferta, pero Irina sabría que lo había hecho a propósito y tomar represalias después. Estaba entre la espada y la pared. O se arriesgaba a que el despreciable quedase con vida y arruinase la vida de personas o a que su propio futuro se desplomase. Las vidas de otros o la suya propia. Una vez llegado a ese punto, las dudas se desvanecieron.
Se levantó poco a poco y rodeó la mesa hasta situarse a lado de Glatus, a apenas un metro de él. Se apoyó con la mano herida en la mesa y miró fijamente a los ojos del monstruo esbozando una sonrisa maquiavélica.
-Ya lo ves. Unos meses, unos años… Solo tendrías que aguantar ese tiempo para obtener tu recompensa. Una mayor de lo que esperabas, seguro. -dijo a la vez que levantaba ligeramente la cabeza y lo miraba altivamente- Sin embargo, me pregunto si tu cuerpecito aguantaría ese tiempo allí. Un hombre tan atractivo como tú, en un lugar como Impel Down podría ser visto como un tierno bizcochito. -hizo énfasis en el nombre del lugar, esperando que la mala fama del lugar le borrase cualquier intención de aceptar el trato- Está claro que un Pirata de tu nivel no podría ir a ningún otro lugar que no fuese ese, no por nada te has ganado el interés del propio Gobierno. No tiene muy buena fama, lo sé. Pero luego te podría esperar algo suculento. Si es que sobrevives, claro.
Sabía que Irina no se refería a Impel Down cuando sugirió la oferta de la cárcel. Pero también sabía que nadie en su sano juicio aceptaría jamás ser enviado a un pozo de la desesperación como aquel durante meses o incluso años. Era la última baza que le quedaba antes de comenzar el conflicto ella misma. Y aprovechó su sed de sangre para esbozar una de las sonrisas más venenosas que jamás había mostrado y dirigirla directamente a Glatus. Si el hombre hacía cualquier movimiento para escapar o atacar, estaba preparada para impedírselo.
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