20-06-2026, 02:40 AM
Respiré aliviado al notar que mi intervención legal había evitado que estos dos hombres se molieran a golpes en medio del salón, aunque decidieran ignorar por completo los canales burocráticos del Gobierno, y para delegar en mis hombros la tremenda responsabilidad de ser el juez oficial de su disputa. Si es que tampoco podia objetar nada, la gente en Roshwan era de los mas simple antes que todo.
Frente a mí, a escasos diez centímetros de mis botas claras, el tabernero castaño y el gordo rubio depositaron dos enormes copas de vidrio. Al mirar las estructuras de cristal, tragué saliva con una pizca de timidez que intenté ocultar de inmediato endureciendo mi expresión. Las copas medían exactamente quince centímetros de alto, igualando mi estatura, lo que me impedía ver el contenido desde arriba de forma adecuada o beber de manera convencional sin arriesgarme a volcarme todo el líquido encima.
—Este....— Exclamé con timidez. —Para poder dictar un veredicto justo, necesito que me faciliten ciertas cosas para la degustación, porfis..—
Apreté los puños enguantados, sintiendo la presión de todas las miradas de la taberna sobre mi espalda, y trate de detallar lo que necesitaba:
—Necesitare una pequeña cajita de madera para pararme encima que no llego al nivel de las copas y se me va a caer todo encima. Y unas bombillitas para cada copa y un poquito de agua para enjuagar el paladar... si no es molestia claro...—
El cantinero asintió con seriedad y buscó rápidamente los objetos tras el mostrador. En menos de un minuto, dispuso las cosas que le había pedido. Colocó una cajita de té de madera de cinco centímetros de alto exactamente en el medio de ambas copas, retrasada unos diez centímetros hacia mí. Introdujo una pequeña bombilla en la copa de la izquierda y otra en la copa de la derecha. Finalmente, depositó el dedal de metal con agua a la izquierda de mis botas.
Subí a la cajita de madera con un salto ágil. Me llevé la mano derecha a la cabeza y ajuste mi ushanka, asegurándome de que quedara perfectamente alineada antes de empezar la evaluación. Me incliné hacia adelante desde el borde de mi tarima improvisada, extendiendo mis manos enguantadas, sujeté la base de la primera bombilla. Moví el utensilio en círculos concéntricos lentos, agitando un poco el jugo oscuro del invasor para liberar su aroma. Me acerqué al borde del cristal, cerré los ojos y aspiré profundamente, concentrándome en las notas olfativas que emanaban del vidrio.
Sin emitir ningún juicio gestual, caminé sobre la superficie de la cajita para posicionarme frente a la copa del tabernero castaño. Repetí el procedimiento de la primera copa, generando un pequeño torbellino que desprendió el aroma del "Spécktal". Acerqué mi nariz al borde superior de la copa y analicé el olor fijamente.
Frente a mí, a escasos diez centímetros de mis botas claras, el tabernero castaño y el gordo rubio depositaron dos enormes copas de vidrio. Al mirar las estructuras de cristal, tragué saliva con una pizca de timidez que intenté ocultar de inmediato endureciendo mi expresión. Las copas medían exactamente quince centímetros de alto, igualando mi estatura, lo que me impedía ver el contenido desde arriba de forma adecuada o beber de manera convencional sin arriesgarme a volcarme todo el líquido encima.
—Este....— Exclamé con timidez. —Para poder dictar un veredicto justo, necesito que me faciliten ciertas cosas para la degustación, porfis..—
Apreté los puños enguantados, sintiendo la presión de todas las miradas de la taberna sobre mi espalda, y trate de detallar lo que necesitaba:
—Necesitare una pequeña cajita de madera para pararme encima que no llego al nivel de las copas y se me va a caer todo encima. Y unas bombillitas para cada copa y un poquito de agua para enjuagar el paladar... si no es molestia claro...—
El cantinero asintió con seriedad y buscó rápidamente los objetos tras el mostrador. En menos de un minuto, dispuso las cosas que le había pedido. Colocó una cajita de té de madera de cinco centímetros de alto exactamente en el medio de ambas copas, retrasada unos diez centímetros hacia mí. Introdujo una pequeña bombilla en la copa de la izquierda y otra en la copa de la derecha. Finalmente, depositó el dedal de metal con agua a la izquierda de mis botas.
Subí a la cajita de madera con un salto ágil. Me llevé la mano derecha a la cabeza y ajuste mi ushanka, asegurándome de que quedara perfectamente alineada antes de empezar la evaluación. Me incliné hacia adelante desde el borde de mi tarima improvisada, extendiendo mis manos enguantadas, sujeté la base de la primera bombilla. Moví el utensilio en círculos concéntricos lentos, agitando un poco el jugo oscuro del invasor para liberar su aroma. Me acerqué al borde del cristal, cerré los ojos y aspiré profundamente, concentrándome en las notas olfativas que emanaban del vidrio.
Sin emitir ningún juicio gestual, caminé sobre la superficie de la cajita para posicionarme frente a la copa del tabernero castaño. Repetí el procedimiento de la primera copa, generando un pequeño torbellino que desprendió el aroma del "Spécktal". Acerqué mi nariz al borde superior de la copa y analicé el olor fijamente.
Cajita Feliz
