La sombra cayó sobre él apenas unos instantes antes de que el estruendo del aire llegara a sus oídos. Las enormes alas negras se desplegaron de golpe, levantando una fuerte ráfaga que agitó las hierbas salvajes de la llanura y arrancó pequeñas partículas de polvo del suelo.
Frente a él se encontraba un imponente lunarian de unos cuatro metros y medio de altura. Sus enormes alas negras azabache se extendían a ambos lados de su cuerpo, naciendo aparentemente de la característica llama que ardía sobre su espalda alta. A pesar de su gran tamaño, su figura resultaba más estilizada que la de Ubbe, combinando una musculatura bien definida con una constitución que transmitía velocidad y agilidad además de fuerza.
Su piel oscura contrastaba con el intenso blanco de su pelo, un rasgo del que parecía sentirse especialmente orgulloso, ya que de hecho, parecía que parte de aquel pelo había sido incorporado a su propia indumentaria como adorno, otorgándole una apariencia todavía más llamativa.
Ubbe observó la escena sin moverse ni un solo paso.
Sus ojos siguieron al recién llegado hasta que este quedó suspendido frente a él, a apenas unos metros de distancia.
- ¿Un lunarian?
No era la primera vez que veía a alguien de aquella raza, aunque tampoco era algo especialmente común. Lo que sí resultaba curioso era encontrarse a uno sobrevolando tranquilamente la Llanura Pétrea.
Cuando escuchó el grito y la provocación, una sonrisa comenzó a dibujarse lentamente en el rostro del joven buccaneer.
- ¡Claro que soy duro, baby!
Respondió alzando la voz mientras se señalaba el pecho con el pulgar.
Sin apartar la vista de Nine, giró ligeramente el torso y descargó un potente puñetazo contra la roca que había estado utilizando para entrenar. Las grietas que recorrían el granito terminaron por ceder y varios fragmentos se desprendieron de la formación pétrea.
- ¡GAHAHAHA! - La carcajada resonó por la llanura mientras sacudía la mano para desprenderse del polvo.
- ¿Y qué importa cuántos años tengan? Si se rompen es porque eran débiles.
Ubbe volvió a fijar su atención en el hombre alado. Lejos de sentirse intimidado por aquella entrada teatral, parecía divertirse con la situación. El muchacho lo observó de arriba abajo durante unos segundos.
- Aunque tú pareces bastante fuerte, my man -comentó con total naturalidad - No todos los días aparece alguien cayendo del cielo para empezar a gritarme - La sonrisa del buccaneer se ensanchó todavía más.
- ¿Los lunarian saludáis así a todo el mundo? ¿O solo te estás haciendo el chulo?
Ubbe se crujió los nudillos poniéndose frente al desconocido, sacando pecho intentando intimidarle. La actitud del recién llegado no amedrentaba al Buccaneer, pero tampoco iba a estar de buenas con él si venía con esas intenciones. Si llegaban a los puños, no sería culpa de Ubbe, estaba claro. Aunque una pelea de vez en cuando tampoco venía mal.
Frente a él se encontraba un imponente lunarian de unos cuatro metros y medio de altura. Sus enormes alas negras azabache se extendían a ambos lados de su cuerpo, naciendo aparentemente de la característica llama que ardía sobre su espalda alta. A pesar de su gran tamaño, su figura resultaba más estilizada que la de Ubbe, combinando una musculatura bien definida con una constitución que transmitía velocidad y agilidad además de fuerza.
Su piel oscura contrastaba con el intenso blanco de su pelo, un rasgo del que parecía sentirse especialmente orgulloso, ya que de hecho, parecía que parte de aquel pelo había sido incorporado a su propia indumentaria como adorno, otorgándole una apariencia todavía más llamativa.
Ubbe observó la escena sin moverse ni un solo paso.
Sus ojos siguieron al recién llegado hasta que este quedó suspendido frente a él, a apenas unos metros de distancia.
- ¿Un lunarian?
No era la primera vez que veía a alguien de aquella raza, aunque tampoco era algo especialmente común. Lo que sí resultaba curioso era encontrarse a uno sobrevolando tranquilamente la Llanura Pétrea.
Cuando escuchó el grito y la provocación, una sonrisa comenzó a dibujarse lentamente en el rostro del joven buccaneer.
- ¡Claro que soy duro, baby!
Respondió alzando la voz mientras se señalaba el pecho con el pulgar.
Sin apartar la vista de Nine, giró ligeramente el torso y descargó un potente puñetazo contra la roca que había estado utilizando para entrenar. Las grietas que recorrían el granito terminaron por ceder y varios fragmentos se desprendieron de la formación pétrea.
- ¡GAHAHAHA! - La carcajada resonó por la llanura mientras sacudía la mano para desprenderse del polvo.
- ¿Y qué importa cuántos años tengan? Si se rompen es porque eran débiles.
Ubbe volvió a fijar su atención en el hombre alado. Lejos de sentirse intimidado por aquella entrada teatral, parecía divertirse con la situación. El muchacho lo observó de arriba abajo durante unos segundos.
- Aunque tú pareces bastante fuerte, my man -comentó con total naturalidad - No todos los días aparece alguien cayendo del cielo para empezar a gritarme - La sonrisa del buccaneer se ensanchó todavía más.
- ¿Los lunarian saludáis así a todo el mundo? ¿O solo te estás haciendo el chulo?
Ubbe se crujió los nudillos poniéndose frente al desconocido, sacando pecho intentando intimidarle. La actitud del recién llegado no amedrentaba al Buccaneer, pero tampoco iba a estar de buenas con él si venía con esas intenciones. Si llegaban a los puños, no sería culpa de Ubbe, estaba claro. Aunque una pelea de vez en cuando tampoco venía mal.
Karmas
![[Imagen: ksMOGZu.png]](https://i.imgur.com/ksMOGZu.png)
