3 de Invierno
- Si multiplico esto aquí... Reorganizo estos hombres aquí... -
Había mucho papeles sobre la mesa de piedra de la sala de la cuenca izquierda de la calavera.
- Léeme esto -
Salor, de los piratas Mugre empezó a leer un presupuesto para una nueva zona de emprendimiento en Hachinosu, el papel más alto de la pila de papeles sobre la mesa.
- Muy caro - Respondí - Que bajen... Un cuatro por ciento o me personaré en su isla de mierda y la partiré por la mitad -
Salor asintió mientras escribía.
- ¿Qué has puesto? -
Salor leyó lo redactado.
"El señor de Hachinosu les pide por favor que bajen los presupuestos. No esta conforme. Gracias."
- ¿Cómo? - Le pregunté - Rompe es papel. Ahora - no hubo mayor respuesta que el sonido del papel resquebrajado - Escribe. Y escribe esto según te lo diga o arrancaré tu garganta del cuello con mis propias manos -
Salor agarró con fuerza la pluma, casi tembloroso. Se encorvó en un pose forzada sobre la mesa y me dedico una mirada desde su postura reclinada, indicando que estaba listo para transcribir mis palabras al papel.
- Soy Ashura, o bajáis los precios cuatro millones, como mínimo, o yo mismo me presentaré en vuestras instalaciones y cada berry de más que tenga que pagar lo sufriréis como daños irremediables de vidas, material y recursos. Esto no es una amenaza, es el futuro al que os enfrentáis y es tan cierto como que la tinta de esta hoja - asentí - ¿Has puesto eso? - Salor asintió con rapidez - Pues ya está. Ve al puerto y manda la carta. Necesito que en cuanto llegue la respuesta me lo hagas saber - Salor cruzó su mirada con la mía, parecía que me quería decir algo más, pero antes de que su boca pudiera moverse hablé yo - Largo -
Salor agarró la hoja, la pluma y la tinta y salió despedido hacia Rocky Port, una vez salió me giré para mirar la ciudadela. Dejando detrás de mi la gran pila de papeles de la mesa y las responsabilidades que acarreaban.
Hachinosu estaba lleno de vida, miles de piratas llegaban a nuestras costas día tras día como refugio o descanso y cada berry que no dejaban aquí era dinero que no quedaba en nuestros bolsillos. Bajo el paraguas del gobierno, esto era un vergel y paraiso fiscal y los días estaban en mi contra, pues tarde o temprano me llamarían para cualquier trabajo y las posibilidades de encontrarme a Yugu crecían exponencialemente. Necesitaba esta oportunidad e iba a llevarla a cabo, después acabaría con ese mierdas de Yugu y mi puesto como perro de la marina sería historia, un pequeño capricho antes de empezar el verdadero cambio.
- Voy a conquistar el mundo, voy a dominarlos a todos - me dije a mi mismo observando la ciudadela amarilla, casi furioso, la determinación ardía en mi interior, tanto que me quemaba y me convertía el humo. Sería el humo que bailara sobre las cenizas del mundo y conquistaría las pocas brasas que quedasen tras mi paso - Y estas piedra amarillas serán el cimiento -
- Si multiplico esto aquí... Reorganizo estos hombres aquí... -
Había mucho papeles sobre la mesa de piedra de la sala de la cuenca izquierda de la calavera.
- Léeme esto -
Salor, de los piratas Mugre empezó a leer un presupuesto para una nueva zona de emprendimiento en Hachinosu, el papel más alto de la pila de papeles sobre la mesa.
- Muy caro - Respondí - Que bajen... Un cuatro por ciento o me personaré en su isla de mierda y la partiré por la mitad -
Salor asintió mientras escribía.
- ¿Qué has puesto? -
Salor leyó lo redactado.
"El señor de Hachinosu les pide por favor que bajen los presupuestos. No esta conforme. Gracias."
- ¿Cómo? - Le pregunté - Rompe es papel. Ahora - no hubo mayor respuesta que el sonido del papel resquebrajado - Escribe. Y escribe esto según te lo diga o arrancaré tu garganta del cuello con mis propias manos -
Salor agarró con fuerza la pluma, casi tembloroso. Se encorvó en un pose forzada sobre la mesa y me dedico una mirada desde su postura reclinada, indicando que estaba listo para transcribir mis palabras al papel.
- Soy Ashura, o bajáis los precios cuatro millones, como mínimo, o yo mismo me presentaré en vuestras instalaciones y cada berry de más que tenga que pagar lo sufriréis como daños irremediables de vidas, material y recursos. Esto no es una amenaza, es el futuro al que os enfrentáis y es tan cierto como que la tinta de esta hoja - asentí - ¿Has puesto eso? - Salor asintió con rapidez - Pues ya está. Ve al puerto y manda la carta. Necesito que en cuanto llegue la respuesta me lo hagas saber - Salor cruzó su mirada con la mía, parecía que me quería decir algo más, pero antes de que su boca pudiera moverse hablé yo - Largo -
Salor agarró la hoja, la pluma y la tinta y salió despedido hacia Rocky Port, una vez salió me giré para mirar la ciudadela. Dejando detrás de mi la gran pila de papeles de la mesa y las responsabilidades que acarreaban.
Hachinosu estaba lleno de vida, miles de piratas llegaban a nuestras costas día tras día como refugio o descanso y cada berry que no dejaban aquí era dinero que no quedaba en nuestros bolsillos. Bajo el paraguas del gobierno, esto era un vergel y paraiso fiscal y los días estaban en mi contra, pues tarde o temprano me llamarían para cualquier trabajo y las posibilidades de encontrarme a Yugu crecían exponencialemente. Necesitaba esta oportunidad e iba a llevarla a cabo, después acabaría con ese mierdas de Yugu y mi puesto como perro de la marina sería historia, un pequeño capricho antes de empezar el verdadero cambio.
- Voy a conquistar el mundo, voy a dominarlos a todos - me dije a mi mismo observando la ciudadela amarilla, casi furioso, la determinación ardía en mi interior, tanto que me quemaba y me convertía el humo. Sería el humo que bailara sobre las cenizas del mundo y conquistaría las pocas brasas que quedasen tras mi paso - Y estas piedra amarillas serán el cimiento -
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