16-06-2026, 12:11 PM
La pregunta pareció tomar completamente por sorpresa a la muchacha, y durante unos instantes continuó siguiendo los pasos del baile sin responder inmediatamente, observándolo desde detrás de su máscara carmesí como si intentara averiguar si aquello era una simple ocurrencia del momento o una pregunta formulada con verdadera seriedad.
- ¿Fiarme de ti?
Repitió con una pequeña sonrisa.
La música continuaba sonando alrededor de ellos mientras varias parejas giraban por la pista. A esas alturas la joven parecía mucho más cómoda que cuando había comenzado la velada. Los nervios de la entrada habían desaparecido casi por completo y ahora se dejaba llevar por el ambiente de la fiesta, por la conversación y por la compañía.
- La respuesta inteligente sería que no - Admitió finalmente entre una pequeña risa.
- Apenas te conozco. Sé dónde comes, lo que sueles pedir y que bailas mucho mejor de lo que esperaba... pero poco más.
Mientras hablaba volvió a perder el ritmo durante un instante, pisando ligeramente uno de los zapatos de Barald antes de apartarse con expresión avergonzada.
- Perdón... - Murmuró divertida.
Aquello pareció provocarle aún más vergüenza cuando fue consciente de que acababa de confirmar por sí misma que él estaba llevando completamente el control del baile.
- Aunque supongo que si realmente desconfiara de ti no te habría invitado aquí... - Sus dedos se aferraron un poco más a la mano de Barald mientras pronunciaba aquellas palabras - Ni estaría bailando contigo, claro... -
La muchacha parpadeó un par de veces y volvió a pensar en la petición: "Cierra los ojos".
Por un instante pareció comprender algo que hasta ese momento no había pasado por su cabeza. El rubor que ya asomaba ligeramente en sus mejillas se hizo algo más evidente y durante unos segundos apartó la mirada hacia un lado.
- Ah... - Fue todo lo que acertó a decir, no parecía molesta, ni incómoda, mas bien algo nerviosa.
La clase de nervios que aparecen cuando una persona empieza a imaginar cosas que todavía no han ocurrido.
Durante unos instantes permaneció completamente quieta mientras intentaba reunir algo de compostura. Después volvió a mirarlo.
- Aunque es un poco pronto... Supongo que sí...
Respondió finalmente con una voz bastante más suave que antes.
La música seguía sonando a su alrededor. Las conversaciones continuaban llenando el salón. Las luces de las lámparas se reflejaban sobre las máscaras y las copas de cristal, y aun así, por un instante, pareció olvidarse de todo lo demás.
Cerró los ojos lentamente, sin apartarse, sin soltar su mano, sin romper la distancia que existía entre ellos.
Simplemente permaneció allí, esperando.
Con una pequeña sonrisa dibujada en los labios,
Y con la sensación de que ya sabía perfectamente qué era lo que Barald iba a hacer a continuación, o al menos eso quería creer.
Mientras tanto, la fiesta continuaba su curso ajena a aquella pequeña escena. Los camareros seguían recorriendo el salón cargados de bandejas y copas relucientes, los invitados cambiaban constantemente de grupo entre risas y conversaciones, y la música de la orquesta envolvía cada rincón de la estancia con elegantes melodías. Cerca de los grandes ventanales, el anfitrión seguía recibiendo a todo aquel que deseaba acercarse a él, mientras algunos asistentes abandonaban momentáneamente el bullicio del interior para dirigirse a la terraza exterior en busca de aire fresco. La velada estaba lejos de terminar, y cada minuto parecía traer consigo nuevos encuentros y nuevas historias.
- ¿Fiarme de ti?
Repitió con una pequeña sonrisa.
La música continuaba sonando alrededor de ellos mientras varias parejas giraban por la pista. A esas alturas la joven parecía mucho más cómoda que cuando había comenzado la velada. Los nervios de la entrada habían desaparecido casi por completo y ahora se dejaba llevar por el ambiente de la fiesta, por la conversación y por la compañía.
- La respuesta inteligente sería que no - Admitió finalmente entre una pequeña risa.
- Apenas te conozco. Sé dónde comes, lo que sueles pedir y que bailas mucho mejor de lo que esperaba... pero poco más.
Mientras hablaba volvió a perder el ritmo durante un instante, pisando ligeramente uno de los zapatos de Barald antes de apartarse con expresión avergonzada.
- Perdón... - Murmuró divertida.
Aquello pareció provocarle aún más vergüenza cuando fue consciente de que acababa de confirmar por sí misma que él estaba llevando completamente el control del baile.
- Aunque supongo que si realmente desconfiara de ti no te habría invitado aquí... - Sus dedos se aferraron un poco más a la mano de Barald mientras pronunciaba aquellas palabras - Ni estaría bailando contigo, claro... -
La muchacha parpadeó un par de veces y volvió a pensar en la petición: "Cierra los ojos".
Por un instante pareció comprender algo que hasta ese momento no había pasado por su cabeza. El rubor que ya asomaba ligeramente en sus mejillas se hizo algo más evidente y durante unos segundos apartó la mirada hacia un lado.
- Ah... - Fue todo lo que acertó a decir, no parecía molesta, ni incómoda, mas bien algo nerviosa.
La clase de nervios que aparecen cuando una persona empieza a imaginar cosas que todavía no han ocurrido.
Durante unos instantes permaneció completamente quieta mientras intentaba reunir algo de compostura. Después volvió a mirarlo.
- Aunque es un poco pronto... Supongo que sí...
Respondió finalmente con una voz bastante más suave que antes.
La música seguía sonando a su alrededor. Las conversaciones continuaban llenando el salón. Las luces de las lámparas se reflejaban sobre las máscaras y las copas de cristal, y aun así, por un instante, pareció olvidarse de todo lo demás.
Cerró los ojos lentamente, sin apartarse, sin soltar su mano, sin romper la distancia que existía entre ellos.
Simplemente permaneció allí, esperando.
Con una pequeña sonrisa dibujada en los labios,
Y con la sensación de que ya sabía perfectamente qué era lo que Barald iba a hacer a continuación, o al menos eso quería creer.
Mientras tanto, la fiesta continuaba su curso ajena a aquella pequeña escena. Los camareros seguían recorriendo el salón cargados de bandejas y copas relucientes, los invitados cambiaban constantemente de grupo entre risas y conversaciones, y la música de la orquesta envolvía cada rincón de la estancia con elegantes melodías. Cerca de los grandes ventanales, el anfitrión seguía recibiendo a todo aquel que deseaba acercarse a él, mientras algunos asistentes abandonaban momentáneamente el bullicio del interior para dirigirse a la terraza exterior en busca de aire fresco. La velada estaba lejos de terminar, y cada minuto parecía traer consigo nuevos encuentros y nuevas historias.
La Mascarada de Valmont
![[Imagen: ksMOGZu.png]](https://i.imgur.com/ksMOGZu.png)

![[Imagen: iUNXRg3.png]](https://i.imgur.com/iUNXRg3.png)