16-06-2026, 01:20 AM
(Última modificación: 16-06-2026, 02:07 AM por Ryota Miyamoto.)
El fuerte golpe en la mejilla del pirata puso orden a la conversación.
Ryota guardó silencio, aún con la mejilla sonrojada por el golpe, ante las palabras de la señorita tras su disculpa. Incluso pudo recordar aquello que escucho apenas abrió sus ojos, si no tenia que eliminar a nadie eso le facilitaba el trabajo o solo significaba lo realmente complicado que seria. “Aunque no hay nada fácil que cueste 170 millones…” Dedujo con las palabras de la peli roja en segundo plano.
No la ignoraba, tan solo comenzaba a procesar la situación gracias a la cafeína y al dolor, sin embargo, su penoso estado lo haría ver como un idiota que no tenía mucho que decir al respecto. Una muy mala primera impresión.
Asintió sin dudar cuando ella le pidió reunirse allí en un par de horas. Eso le daba algo de tiempo para suplir el descanso que no tuvo la noche anterior y recibirla con la elocuencia que le caracterizaba.
Una vez la hermosa damisela abandonó la taberna, Ryota dejó caer su cabeza contra la mesa frente a él para quedar dormido mientras se imaginaba con los 170 millones y la peli roja abrazándolo cuando le diera lo que fuera que le pidiera conseguir.
8:15 a.m.
Cuando el ángel de cabello rojo volvió a aparecer en la taberna, Ryota ya se encontraba con un mejor semblante esperándola en la misma mesa. Gracias al tiempo, pudo dormir apenas lo necesario para ser persona y el cantinero no dudó en ofrecerle un batido, especialidad de la casa para sobrellevar con mejor dignidad la resaca.
“Dos huevos, sardinas, anchoas, un par de ajos, chile picante, sal, una cerveza y caldo de pollo, esto amigo te dejara como nuevo.”
Fueron las palabras del envejecido hombre cuando minutos antes le ofrecía el brebaje al pirata. Y no mintió, basto con beberlo para que Ryota sintiera cómo su cuerpo recobraba la voluntad. “Gracias, Bro, eres mi héroe.” Agradeció al mismo tiempo que bebía.
Regresando al presente, el saludo del ángel adinerado, vino acompañado con la presentación del maletín. El sonido del cuero golpeando contra la madera se escuchó y los orbes de color miel, enfocaron primero la maleta café en frente suya y luego a la señorita. “Waw, nadie antes se había preocupado tanto por mí.” Dijo con un tono jocoso, antes de que Angelena sacara del maletín un sobre amarillento, el cual contenía lo que parecía una carta que la señorita no tardó en ofrecer al pirata.
Fue un buen gesto que la mujer no se dejara llevar por sus prejuicios sociales y diera por hecho que un pirata sabía leer. Eso demostraba lo agradable que era pese a su posición burocrática.
Ryota abrió la carta mientras inflaba una bomba de chicle sabor a menta y leyó su contenido al mismo tiempo que escuchaba a la pelirroja.
Angelena explicó con sumo detalle los pasos que él debería seguir para llevar a cabo el trabajo y no dejo ninguna duda en su discurso. Recalco la forma limpia y discreta con la que deseaba llevar ese “robo” y, le recordó al pirata que era exactamente lo que debía tomar de la subasta. “Un diamante negro… eso no se ve todos los días.” Pensó en ello mientras la mujer hablaba, luego le ofreció una sonrisa serena cuando esta le hizo la pregunta.

“Seguro, te traeré ese diamante, pero no te acostumbres a regalos tan caros, eso podría dañar nuestra relacion.”
Su tono coqueto y guiñarle el ojo no ayudaron a que ella no lo abandonara de inmediato. Levantándose de la mesa, Angelena le ofreció unas últimas palabras, recordándole la puntualidad que debía tener y aún más importante, el aspecto que necesitaba retocar para la tarea.

“No pos, si me vas a pegar no me insultes…"
Pensó viendo a su benefactora abandonar el lugar entre sonrisas. “Bien, será mejor que me ponga manos a la obra… a quien podría preguntarle para que me ayude…” Inclino ligeramente su mesa hacia atrás mientras inflaba otra bomba de chicle. “¿Tezca? Nah, demasiado extravagante… ¿Yuuki? No creo… ni loco le digo a Runin, seguro se enojará cuando le diga que me contrato una belleza… y Barald… el cabron nunca se peina ahora que lo pienso…” Sin poder encontrar una opción adecuada, los ojos del castaño, se desviaron al tabernero… de repente sonrió.
Frente al Domus Aurea
7:50 p.m.
7:50 p.m.
Lo que en un principio le pareció una particular coincidencia, se convirtió en una desagradable realidad cuando vio la máscara que debía portar. Por supuesto, se opuso de inmediato a la idea de llevarla puesta sobre su rostro, sin embargo, tuvo que verse en la penosa necesidad de portarla, pues formaba parte del código de vestimenta exigido en la invitación.
“De todos los artrópodos, porque una araña…”
Refunfuñaba por lo bajo en medio de la larga fila de personas adineradas que ascendía por las escaleras hasta la entrada del hotel. Todos los presentes vestían con la misma etiqueta y portaban mascaras similares a la suya por lo que, le pareció normal no reconocer a nadie, aunque seguro no frecuentaban los mismos círculos sociales.
Una vez logro llegar a la puerta, dos grandes guardias de raza lunarian solicitaron la invitación que Angelena le había entregado. “Claro, debo tenerla por aquí…” Explico buscando en su elegante chaqueta por algunos segundos hasta que dio con la invitación y una vez encontrarla, la entregó a uno de los dos guardias con agrado.
Al no ver nada mal con la invitación, las puertas se abrieron ante el pirata permitiéndole ingresar a un mundo de lujos, máscaras y excesos aristocráticos a los que un simple marinero del south blue no estaba acostumbrado.

Los pasos del castaño acompañaron a quien fuera el encargado de llevarlo hasta el salón Argentum del que su benefactora le hablo. Debía contener las ganas de disfrutar de la fiesta y enfocar toda su atención para encontrar la tarima. “Cielos, cuántas bellezas, esta es como la Disneylandia para degenerados.” Pensó al ingresar al salón, notando a los acaudalados ciudadanos de Legance riéndose entre ellos y disfrutando la velada con la seguridad descarada que otorgaba portar máscaras.
“Bien, no debe ser tan difícil encontrar la tarima… waos, esa rubi… no, no…” Movió su rostro de lado a lado negándose a sus instintos más primarios que luchaban frente a los placeres de la noche. “Son 170 millones Ryota, termina esto y luego haz lo que quieras, quizás con la señorita kekeke.” Fantaseaba para si mismo esquivando a los invitados para dirigirse hacia la primera tarima que pudiera divisar.
¿Qué trampas y tentaciones lo esperaban esa noche? Lo descubriremos.
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