16-06-2026, 01:01 AM
(Última modificación: 16-06-2026, 01:01 AM por Tobias Murray.)
Aquel día tras la incursión en el laboratorio de Utakata había sido tranquilo. Todos los miembros de los Alas Negras habían aprovechado para descansar y recuperarse de la batalla. Tobías había aprovechado para seguir con sus proyectos, pasando casi toda la tarde en su camarote. Ardía en deseos de rebuscar entre las ruinas del L.A.B.O. para recabar información y clasificar materiales. Había mucho que aprovechar pese al estado en el que había quedado, pero ya iría al día siguiente, se había hecho tarde aunque no tuviera nada de sueño. Lo ideal sería hacerlo a plena luz del día, a esas horas no vería un pimiento. El vaquero terminó de fumar su cigarro y recogió los papeles de su escritorio, no iba a dormir todavía, hacía buena noche y le apetecía caminar. Soltó un par de grillos por la habitación para su reptil compañero y se puso el poncho antes de salir. - Pascal, vigila que no entren ni Jolyne ni Garnet, please. - Se recolocó el sombrero y le hizo un gesto de despedida al pequeño camaleón con sus dedos índice y corazón extendidos, alejándolos del ala del sombrero hacia arriba.
Al salir a cubierta todo estaba en calma, solo la tenue brisa otoñal rompía el silencio entre susurros. El mar parecía una balsa, el reflejo de la luna, comenzando a menguar, se veía nítido y resaltaba sobre el negro de la superficie. El carpintero tomó su tabla, la dejó flotando sobre el mar a la altura de la barandilla de cubierta y saltó sobre ella. Impulsándose con pequeñas expansiones gravitatorias, el vaquero alcanzó la playa en menos de un minuto. No quería molestar a Greta, parecía asustarle la oscuridad y además le apetecía caminar. La jumperbike era un medio de transporte fantástico para recorrer largas distancias y además, Tobías le había hecho un par de alforjas que venían de miedo para cargar peso. La gigantesca saltamontes sería indispensable para la tarea de recuperación del laboratorio.
La vida nocturna de Punk Hazard era más abundante que la diurna. Gran variedad de insectos salían a desfilar bajo las estrellas para relacionarse con el medio, alimentarse y reproducirse, en un ciclo eterno. Un paraíso para Kenzo. El resto de fauna también era diversa y estaba muy presente en el ecosistema, pero los invertebrados vencían en número y variedad sobradamente. Barba naranja caminaba sin rumbo predeterminado por aquella vasta jungla, con todos sus sentidos analizando el terreno y su Haki de Observación extendido. Le gustaba simplemente observar, como si de un documental en vivo se tratase, enriqueciéndose de la sabiduría de la madre naturaleza. Una poderosa y en calma presencia apareció a la distancia, la reconoció al instante. Era el joven Kenzo, sentado junto al lago, seguramente meditando. A Tobías se le escapó una sonrisa. El muchacho no perdonaba un día sin entrenar, esa cabezonería lo llevaría lejos en su camino. El lago se encontraba rodeado de una leve franja sin árboles, separándolos una decena de metros de todo el perímetro del agua. El vaquero pensó en poner a prueba su concentración. Volvió a sacar su tabla, la dejó flotando a un metro del suelo y se subió de un ligero salto. Quería acercarse a su hermanito sin hacer el menor ruido. Al llegar al límite de la selva, sin llegar a salir de ésta, el carpintero se mantuvo oculto tras los árboles para observar bien la escena. Kenzo estaba sentado con las piernas cruzadas a un metro del agua, manteniendo sus ojos cerrados. - ¡Overdrive! -
El vaquero gritó el nombre de su técnica para sorprender y desconcertar al muchacho, generando un campo gravitacional sobre su cabeza, apuntando al lago que tenía detrás. Una columna de agua se elevó en un ángulo de cuarenta y cinco grados pasando por encima de Kenzo y cayendo estrepitosamente sobre él, dejándolo completamente empapado. - Jish jish jish. Al final esto va a ser un clásico. - el vaquero le había hecho lo mismo a Garnet el día que éste le enseñó a controlar su Haki.
Al salir a cubierta todo estaba en calma, solo la tenue brisa otoñal rompía el silencio entre susurros. El mar parecía una balsa, el reflejo de la luna, comenzando a menguar, se veía nítido y resaltaba sobre el negro de la superficie. El carpintero tomó su tabla, la dejó flotando sobre el mar a la altura de la barandilla de cubierta y saltó sobre ella. Impulsándose con pequeñas expansiones gravitatorias, el vaquero alcanzó la playa en menos de un minuto. No quería molestar a Greta, parecía asustarle la oscuridad y además le apetecía caminar. La jumperbike era un medio de transporte fantástico para recorrer largas distancias y además, Tobías le había hecho un par de alforjas que venían de miedo para cargar peso. La gigantesca saltamontes sería indispensable para la tarea de recuperación del laboratorio.
La vida nocturna de Punk Hazard era más abundante que la diurna. Gran variedad de insectos salían a desfilar bajo las estrellas para relacionarse con el medio, alimentarse y reproducirse, en un ciclo eterno. Un paraíso para Kenzo. El resto de fauna también era diversa y estaba muy presente en el ecosistema, pero los invertebrados vencían en número y variedad sobradamente. Barba naranja caminaba sin rumbo predeterminado por aquella vasta jungla, con todos sus sentidos analizando el terreno y su Haki de Observación extendido. Le gustaba simplemente observar, como si de un documental en vivo se tratase, enriqueciéndose de la sabiduría de la madre naturaleza. Una poderosa y en calma presencia apareció a la distancia, la reconoció al instante. Era el joven Kenzo, sentado junto al lago, seguramente meditando. A Tobías se le escapó una sonrisa. El muchacho no perdonaba un día sin entrenar, esa cabezonería lo llevaría lejos en su camino. El lago se encontraba rodeado de una leve franja sin árboles, separándolos una decena de metros de todo el perímetro del agua. El vaquero pensó en poner a prueba su concentración. Volvió a sacar su tabla, la dejó flotando a un metro del suelo y se subió de un ligero salto. Quería acercarse a su hermanito sin hacer el menor ruido. Al llegar al límite de la selva, sin llegar a salir de ésta, el carpintero se mantuvo oculto tras los árboles para observar bien la escena. Kenzo estaba sentado con las piernas cruzadas a un metro del agua, manteniendo sus ojos cerrados. - ¡Overdrive! -
El vaquero gritó el nombre de su técnica para sorprender y desconcertar al muchacho, generando un campo gravitacional sobre su cabeza, apuntando al lago que tenía detrás. Una columna de agua se elevó en un ángulo de cuarenta y cinco grados pasando por encima de Kenzo y cayendo estrepitosamente sobre él, dejándolo completamente empapado. - Jish jish jish. Al final esto va a ser un clásico. - el vaquero le había hecho lo mismo a Garnet el día que éste le enseñó a controlar su Haki.
bélico
![[Imagen: l47Ucve.png]](https://imgur.com/l47Ucve.png)
