14-06-2026, 09:03 PM
(Última modificación: 14-06-2026, 09:07 PM por Max D. Bambú.)
Día 29 de Invierno del año 17- 18:31 a.m.
Cañón de Marfil
Cañón de Marfil
Quedaban tan solo un par de días para que los recién renovados Toros Negros partieran en dirección al Nuevo Mundo, hacia Mogaro, para reorganizarse allí y empezar a hacer funcionar el astillero más importante jamás concebido. Con tan poco tiempo en sus manos, el panda tenía ganas de hacer algo de turisteo. En parte porque nunca había visitado el Cañón de Marfil y en parte porque necesitaba alejarse un poco del constante bullicio y ajetreo de la Base Revolucionaria. Tuvo ya dos ocasiones en las que se encontró con novicios revolucionarios que sin ton ni son le pidieron al panda un entrenamiento. Que por él perfecto, claro, entrenaba a quien lo quisiera, pero le apetecía descansar un poco después de tanto trabajo y tantas emociones. En esta ocasión, para no repetir el susto de hacía un par de días en el Valle del Silencio, Bambú se llevó sus dos caracolófonos con él por si acaso ocurría una hecatombe en Báltigo, uno nunca sabía.
Dos enormes paredes de piedra blanquecina se erigían colosales a ambos lados del panda. Entre medias, un camino de varias decenas de metros de ancho y en apariencia interminable cubierto de polvo y piedras blancas rotas, probablemente fragmentos desprendidos de las paredes del propio cañón. Era el tipo de localización que uno se imaginaría en una novela de aventuras, pero en la realidad rara vez había tesoros ocultos en cada esquina del mundo. El Cañón de Marfil era un lugar fantástico, pero frío en invierno. En el fondo del mismo soplaba un viento huracanado y helado que invitaba a buscar refugio a cualquiera que circulase por allí. Don Bambú lo encontró en una hendidura en una de las dos paredes de piedra y alabastro. En su interior una pequeña cueva le esperaba. La oquedad no debía de llegar a los cinco metros de profundidad y dentro de la misma el sonido del viento era lo único que atacaba al mink.
Un sonido familiar se elevó por encima del aullido del viento en el Cañón de Marfil. Bambú notaba movimiento en su bolsillo derecho. Metió la mano y sacó de su interior su den den mushi blanco, que parecía estar recibiendo una llamada. ¿Había pasado algo en la Base? Sin darle más vueltas, aceptó la llamada pulsando un botón en el caparazón del caracol.
—¡OE GARNET! ¡HACÍA UN MONTÓN QUE NO LLAMABAS HONHONHONHON! —Con una sonrisa de oreja a oreja escuchó las palabras del músico lascivo. Al parecer estaba al tanto de las noticias y quería saber qué tal estaba. —Honhonhon, si hubieras estado aquí te habrías alistado al momento. Nuestra Comandante Suprema es exactamente tu tipo. Han pasado muchas cosas, liberamos el Reino de Mogaro de su dictadura y ahora es una base revolucionaria, hemos conocido a lo más grande del Ejército y ahora tenemos sangre nueva en el escuadrón, honhonhon. Ya los conocerás, te caerán bien compadre. —Lamentablemente, no todo eran buenas noticias. ¿Cómo empezar a contarle lo de Kovashi? ¿El asesinato de Derya? Era difícil hablar de ello así de buenas a primeras, así que decidió empezar dejando que Garnet le contase sus preocupaciones, que seguro que eran muchas. No sin antes felicitarlo, claro. —No soy el único que ha hecho cosas molonas me parece, ¿eh? Veo que finalmente os habéis cargado al Dr. Utakata. ¿Te acuerdas cuando nos mandó su MDU-06 a los Cabos Gemelos? ¡El viejo nunca se habría imaginado que acabaríais siendo vosotros los que acabasen con él, honhonhon! ¿Cómo fue todo? Espero que nos dejéis visitar Punk Hazard algún día. —Era verdaderamente admirable lo que sus amigos los Alas Negras habían logrado. Sólo esperaba que la marina no les mandase a un almirante como venganza, aunque a estas alturas igual hasta le plantarían cara. —Pero antes dime tú cómo estás, amigo. He leído la noticia de Yojimbo... Maldita sea, me llegó demasiado tarde, quizás habría podido pedir ayuda. ¿Cómo lo estáis llevando? —No es que tuviera una extensa relación con Yojimbo, pero siendo un personaje tan importante en la vida de Garnet no se alegraba en absoluto del nefasto destino que le había sido impuesto.
Dos enormes paredes de piedra blanquecina se erigían colosales a ambos lados del panda. Entre medias, un camino de varias decenas de metros de ancho y en apariencia interminable cubierto de polvo y piedras blancas rotas, probablemente fragmentos desprendidos de las paredes del propio cañón. Era el tipo de localización que uno se imaginaría en una novela de aventuras, pero en la realidad rara vez había tesoros ocultos en cada esquina del mundo. El Cañón de Marfil era un lugar fantástico, pero frío en invierno. En el fondo del mismo soplaba un viento huracanado y helado que invitaba a buscar refugio a cualquiera que circulase por allí. Don Bambú lo encontró en una hendidura en una de las dos paredes de piedra y alabastro. En su interior una pequeña cueva le esperaba. La oquedad no debía de llegar a los cinco metros de profundidad y dentro de la misma el sonido del viento era lo único que atacaba al mink.
Peré peré peré peré peré... Peré peré peré peré peré...
Un sonido familiar se elevó por encima del aullido del viento en el Cañón de Marfil. Bambú notaba movimiento en su bolsillo derecho. Metió la mano y sacó de su interior su den den mushi blanco, que parecía estar recibiendo una llamada. ¿Había pasado algo en la Base? Sin darle más vueltas, aceptó la llamada pulsando un botón en el caparazón del caracol.
Peré peré peré pe- ¡PANDA, COLEGUI! ¡CUÁNTO TIEMPO! PUAJAJAJAJAJAJA ¿ES O NO ES?
—¡OE GARNET! ¡HACÍA UN MONTÓN QUE NO LLAMABAS HONHONHONHON! —Con una sonrisa de oreja a oreja escuchó las palabras del músico lascivo. Al parecer estaba al tanto de las noticias y quería saber qué tal estaba. —Honhonhon, si hubieras estado aquí te habrías alistado al momento. Nuestra Comandante Suprema es exactamente tu tipo. Han pasado muchas cosas, liberamos el Reino de Mogaro de su dictadura y ahora es una base revolucionaria, hemos conocido a lo más grande del Ejército y ahora tenemos sangre nueva en el escuadrón, honhonhon. Ya los conocerás, te caerán bien compadre. —Lamentablemente, no todo eran buenas noticias. ¿Cómo empezar a contarle lo de Kovashi? ¿El asesinato de Derya? Era difícil hablar de ello así de buenas a primeras, así que decidió empezar dejando que Garnet le contase sus preocupaciones, que seguro que eran muchas. No sin antes felicitarlo, claro. —No soy el único que ha hecho cosas molonas me parece, ¿eh? Veo que finalmente os habéis cargado al Dr. Utakata. ¿Te acuerdas cuando nos mandó su MDU-06 a los Cabos Gemelos? ¡El viejo nunca se habría imaginado que acabaríais siendo vosotros los que acabasen con él, honhonhon! ¿Cómo fue todo? Espero que nos dejéis visitar Punk Hazard algún día. —Era verdaderamente admirable lo que sus amigos los Alas Negras habían logrado. Sólo esperaba que la marina no les mandase a un almirante como venganza, aunque a estas alturas igual hasta le plantarían cara. —Pero antes dime tú cómo estás, amigo. He leído la noticia de Yojimbo... Maldita sea, me llegó demasiado tarde, quizás habría podido pedir ayuda. ¿Cómo lo estáis llevando? —No es que tuviera una extensa relación con Yojimbo, pero siendo un personaje tan importante en la vida de Garnet no se alegraba en absoluto del nefasto destino que le había sido impuesto.
Resumen
