27-11-2023, 01:46 PM
Alzeid comenzó a avanzar por aquellos raíles sin ningún problema aparente. Afortunadamente, el camino a seguir era completamente recto, sin ningún tipo de altibajo salvo por algunos tramos que se encontraban en peor estado, por lo que continuar hasta donde el sonido metálico comenzaba era bastante sencillo. A pesar de la oscuridad que reinaba en aquel lugar, pues no había ningún candelabro que lo iluminase, el oído de Alzeid le permitía seguir la vagoneta con total exactitud a pesar de la escasa visión que poseía. Si a esto le sumamos la llanura del recorrido, podemos deducir que estaba saliendo mucho mejor de lo planeado y de lo esperado. Aunque durante este pequeño trayecto centró sus sentidos en no perderse en aquella oscuridad, el joven andrógino sí que logró perderse en sus pensamientos. Las reflexiones sobre el alma eran cada vez mayores y las personas que lo rodeaban parecían no entender nunca a qué se refería, así que vamos a dejar un par de cosas claras. Alzeid no es capaz de ver realmente las almas de las personas, pero sí que parece detectar alrededor de ellas una especie de aura, un color que los acompaña, aunque seguramente ésto sea algo sugestionado por su propia creencia y determinación a querer ver realmente esas almas. Así, durante este paseo que se estaba dando sobre un par de patines, no podía dejar de pensar... - ¿Quizá debería crear mi propia religión? Ganaría mucho dinero si lo sé aprovechar. - Discutía consigo mismo. - Y eso me permitiría hacer que todas las personas comprendan la importancia que tienen las almas. La dualidad que existe en nosotros. La necesidad de cuidar las vasijas que las guardan y protegen... Nuestros cuerpos. - Continuaba exponiendo, como si estuviese realizando una ponencia frente a miles de personas. Aunque tan sólo estaba hablando con la pared. Literalmente. - Mmm... - Suspiró. - ¿La religión de las almas no es algo pobre y poco fashion? Nada llamativo. Tengo que darle un par de... vueltas... - Redujo su tono de voz, aunque nunca variaba demasiado y siempre hablaba de la misma manera, puesto que el sonido que producido por la vagoneta era cada vez más débil, siendo esto un indicativo de que estaba reduciendo su velocidad. O eso pensaba Alzeid. - ¿Llegamos...? - Se preguntaba, mientras erguía su cuerpo un poco más para ver si podía ver algo. Al fondo había luz, o algo más de claridad por lo menos. Aprovechó esto para darle otra patada a la vagoneta e intentar llamar la atención de las personas que pudiesen estar en el lugar. Esto provocaría mucho más ruido del que hasta ahora había hecho, aunque los canarios no habían cesado en sus intentos por detener aquel medio de transporte con sus cánticos.
Y, a lo lejos pero mucho más cerca de lo que creía, había luz. El camino desembocaba en una sala mucho más amplia en la que se encontraba la vagoneta restante, completamente cargada de material de valor. ¿Estaban trabajando para extraer material de valor? Alzeid no se lo podía creer. Aún sumergido en la oscuridad del camino que lo había llegado a aquel lugar, examinaba la situación aunque no podía ver con total claridad lo que estaba sucediendo. Desde donde se encontraba, podía avistar una serie de sacos repletos de material, aunque no podía deducir qué era, y a personas trabajando con maquinaria que tampoco conocía, pero que no había duda de que era la causante del incesante sonido metálico que había estado escuchando hasta ese momento. Eran ellos. A falta de poder avistar todo lo que estaba sucediendo, Alzeid no pudo identificar a ninguna personaje que encajase con la descripción de Glatus, el hombre que estaban buscando, cuya información había podido leer en los informes que le había robado a Daryl sigilosamente. De la conversación que estaban manteniendo, Alzeid había deducido un par de cosas: que estaban ahí trabajando, que la chica que había realizado el disparo y cuyo nombre era Aimi era la vice-capitana y que existía la posibilidad de que estuviesen esperando por Sadine. Era la chica que había acabado con su propia vida y por cuya muerte tenía que castigar a Glatus. Aunque Alzeid no había recordado su nombre, al escucharlo comenzó a recordar cómo su compañero, aquel sin sentido del ridículo, llamaba por ella con una voz bastante tímida y de tono bajo. Alzeid tenía que aprovechar esa oportunidad para recabar información sobre dónde estaba Glatus y cumplir con el objetivo de su misión. El canino de los agentes no podía llevarse la gloria. Tampoco era capaz de salvar ningún alma cuando la suya estaba hecha pedazos.
Y, a lo lejos pero mucho más cerca de lo que creía, había luz. El camino desembocaba en una sala mucho más amplia en la que se encontraba la vagoneta restante, completamente cargada de material de valor. ¿Estaban trabajando para extraer material de valor? Alzeid no se lo podía creer. Aún sumergido en la oscuridad del camino que lo había llegado a aquel lugar, examinaba la situación aunque no podía ver con total claridad lo que estaba sucediendo. Desde donde se encontraba, podía avistar una serie de sacos repletos de material, aunque no podía deducir qué era, y a personas trabajando con maquinaria que tampoco conocía, pero que no había duda de que era la causante del incesante sonido metálico que había estado escuchando hasta ese momento. Eran ellos. A falta de poder avistar todo lo que estaba sucediendo, Alzeid no pudo identificar a ninguna personaje que encajase con la descripción de Glatus, el hombre que estaban buscando, cuya información había podido leer en los informes que le había robado a Daryl sigilosamente. De la conversación que estaban manteniendo, Alzeid había deducido un par de cosas: que estaban ahí trabajando, que la chica que había realizado el disparo y cuyo nombre era Aimi era la vice-capitana y que existía la posibilidad de que estuviesen esperando por Sadine. Era la chica que había acabado con su propia vida y por cuya muerte tenía que castigar a Glatus. Aunque Alzeid no había recordado su nombre, al escucharlo comenzó a recordar cómo su compañero, aquel sin sentido del ridículo, llamaba por ella con una voz bastante tímida y de tono bajo. Alzeid tenía que aprovechar esa oportunidad para recabar información sobre dónde estaba Glatus y cumplir con el objetivo de su misión. El canino de los agentes no podía llevarse la gloria. Tampoco era capaz de salvar ningún alma cuando la suya estaba hecha pedazos.
Alzeid dedujo, de lo que pudo escuchar, que la mejor manera de entrar en escena no era una ofensiva, pues perdería toda posibilidad de obtener información. Así que optó por el camuflaje, por el engaño y la seducción. Soltó su melena, dejando caer algunos mechones por sus hombros y por el pecho, y comenzó a andar lentamente, saliendo poco a poco de aquella oscuridad y levantando levemente su vestido. Los bajos que había realizado en él después de la batalla con Sadine, ya que su sangre lo había manchado, hizo que el vestido fuese más corto de lo que originalmente era, dejando al descubierto gran parte de sus piernas. - ¿Estás esperando por Sadine? Entonces debes de ser Aimi, ¿no? - Preguntó, con una sonrisa en el rostro mientras entraba en el lugar. - Me dijo que estarías por aquí trabajando, como siempre. Y que eras la más lista del grupo y con la que podría hacer negocios más interesantes. - Se mordió el labio. - ¿Estaba en lo cierto? - Preguntó, despreocupado, mientras jugaba con los mechones que caían sobre su hombro derecho. - Tengo bastante dinero y me gustaría seguir haciendo más. - Susurró mientras sacaba un fajo de billetes de su bolsillo y le daba un beso. - ¿Me podéis ofrecer algo tú o Glatus? - Esto era importante, ¿dónde estaba su objetivo? Alzeid esperaba que Aimi le pudiese dar alguna respuesta. Si no era el caso... tendría que acabar con ella.
Resumen
Karmas
Bélico
