13-06-2026, 01:56 PM
Antes de alejarse, el niño tocó con su dedo índice una de las piernas del panda, cuya covertira de pelaje propio de su especie la hacía más blanda de lo que parecía, aunque luego a la hora de golpearla se endureciera como el mismísimo acero. El chaval era raro, para qué mentir. Empezó a agitar su brazo como si fuera un pollo, a mover su cabeza de un lado a otro y por encima llamó puto peluche al mariscal. —Oe oe, eso sólo lo puede hacer el comandante, honhonhon. —No se lo tomó a mal porque estaba hablando con un jovenzuelo que probablemente llevase menos de un año metido en el Ejército. Algún día se toparía con un sargento menos paciente y entonces se llevaría una buena azotaina, pero Bambú no era tan estricto. Al parecer el muchacho recuperó la compostura (debía de tener algún tic nervioso o algo) y se disculpó por la ofensiva cometida. Al parecer, como muchas veces le había pasado al propio mink, el muchacho estaba todavía planteándose sus posibilidades. —Lo comprendo, yo también estuve en esa fase y, de hecho, nunca se termina de salir del todo de ella. Aún a día de hoy tengo que pensar mucho para elaborar movimientos complejos con los que sorprender y derribar a mis oponentes, honhonhon. —Pero el muchacho sí que tenía un as bajo la manga. Mencionó "un poder" que tenía. El panda arqueó una ceja, curioso ante lo que estaba a punto de ver y se quedó boquiabierto al comprobar que el muchacho empezaba a transformarse muy lentamente en una criatura prehistórica. Poco a poco el niño fue incrementando su tamaño hasta llegar a una altura cercana a los tres metros, sólo unas cuantas cabezas por debajo de la estatura del panda. Dejó que la transformación se sucediera sin interrupción porque quería ver más. Poco a poco, los patrones de la fruta se hicieron aparentes para una persona con tantos estudios como Bambú.
—Oooh, ya veo. Has consumido una zoan prehistórica, ¿verdad? Tan joven y ya con una akuma no mi en su estómago. —Se agachó ligeramente, observando los detalles de la transformación. La zona posterior del torso permanecía con piel humana, al igual que la mandíbula y la boca, pero el resto del cuerpo había adquirido una textura curtida y densa propia de los legendarios espinosaurios. —Ryu ryu no mi: modelo espinosaurio. Si mis conocimientos en la materia no me fallan. —Y no le fallaban, porque Don Bambú era un experto en la materia. En Mogaro había libros verdaderamente interesantes al respecto. Acto seguido, porque la demostración todavía no había terminado, el muchacho se llevó las zarpas a la cola y empezó a tirar con fuerza ante la atenta mirada del panda. —¿Oh? —Y tras un tirón con lo que parecían ser todas sus fuerzas, arrancó la cola y la empuñó en sus manos como si de un enorme sable se tratara. —¡Oh! Seguro que se te ocurre alguna técnica con eso, honhonhon. Sin embargo has sido muy rápido a la hora de guardar tu mangual. Vuelve a empuñarlo y emplea todas tus fuerzas en golpearme ahora, a ver qué eres capaz de lograr. —Se levantó cuan grande era y extendió sus brazos hacia los laterales, dejando una apertura bastante evidente para que el muchacho pudiera volver a utilizarle como muñeco de entrenamiento.
—Oooh, ya veo. Has consumido una zoan prehistórica, ¿verdad? Tan joven y ya con una akuma no mi en su estómago. —Se agachó ligeramente, observando los detalles de la transformación. La zona posterior del torso permanecía con piel humana, al igual que la mandíbula y la boca, pero el resto del cuerpo había adquirido una textura curtida y densa propia de los legendarios espinosaurios. —Ryu ryu no mi: modelo espinosaurio. Si mis conocimientos en la materia no me fallan. —Y no le fallaban, porque Don Bambú era un experto en la materia. En Mogaro había libros verdaderamente interesantes al respecto. Acto seguido, porque la demostración todavía no había terminado, el muchacho se llevó las zarpas a la cola y empezó a tirar con fuerza ante la atenta mirada del panda. —¿Oh? —Y tras un tirón con lo que parecían ser todas sus fuerzas, arrancó la cola y la empuñó en sus manos como si de un enorme sable se tratara. —¡Oh! Seguro que se te ocurre alguna técnica con eso, honhonhon. Sin embargo has sido muy rápido a la hora de guardar tu mangual. Vuelve a empuñarlo y emplea todas tus fuerzas en golpearme ahora, a ver qué eres capaz de lograr. —Se levantó cuan grande era y extendió sus brazos hacia los laterales, dejando una apertura bastante evidente para que el muchacho pudiera volver a utilizarle como muñeco de entrenamiento.
Datos
