13-06-2026, 12:25 PM
Base Revolucionaria, Báltigo
13:00 del 27 de invierno, año 17
13:00 del 27 de invierno, año 17
Kisuke estaba disfrutando de una buena jarra de cerveza tras su entrenamiento personal matutino. Desde que habían llegado a aquella isla, no había tenido tiempo para si mismo entre unas cosas y otras, que si presentaciones, reuniones, planificación... Ni un ratito para si mismo había tenido el antiguo pescador y, sin duda, poder entrenar, "conversar con sus katanas", meditar para mejorar su control del haki y de su akuma no mi... habían sido tres o cuatro horitas, pero que, sin duda, le habían hecho desconectar y relajarse. No es que fuese una persona asocial, pero uno de vez en cuando necesitaba tiempo para si mismo, y eso, desde hacia mucho, era algo de lo que cada vez disponía menos el Comandante del Ejército del West Blue.
"Necesitaba este ratito para mi, eso sin duda... kuhahahaha"
Sacó un cigarro mientras recordaba la reunión con los nuevos miembros de los Toros Negros que había ido muy bien, aunque sin duda iba a ser caótico hasta que se adaptasen los unos a los otros, pero Kisuke confiaba plenamente en que todo iría bien. Eran buenos muchachos y estaban comprometidos con la causa, además de tener un tremendo potencial, que tendrían que pulir y sacar a relucir tanto su querido amigo Panda como él mismo. Miró por la ventana que había junto a su mesa y pudo ver los remolinos que generaba el constante viento que soplaba en aquel terruño en medio del Grand Line, recordando con nostalgia su anterior estancia allí. La cantina era un bullir de gente, pero aún así, por temor o por respeto, no molestaban al Comandante que parecía estar relajándose y disfrutando de un momentito de paz de entre todas sus obligaciones. Tanto en su llegada como el día anterior, Kisuke no había parado de saludar y conversar con multitud de jóvenes revolucionarios que le miraban con una mezcla de admiración y respeto que, aunque el espadachín comprendía, no dejaba de incomodarle ligeramente. Sabía de su posición, era algo incuestionable, pero no dejaba de ser uno más de ellos, una persona con ganas y convicción de cambiar el sistema, por lo que aunque tuviese un puesto de poder, el no podía dejar de sentirse como un soldado más, igual que todos los allí presentes.
"Solo soy un simple pescador con mala leche con ganas de cambiar el mundo... kuhahaha..."
No obstante, aquella mañana, parecía que la euforia inicial de ver un alto mando de la Armada Revolucionaria se había apaciguado, puesto que, hasta ese momento, la gente con la que se encontraba se limitaba a saludarlo y no lo habían abordado a preguntas sobre sus aventuras, a veces desmedidamente exageradas por los rumores, o sobre como llevar su carrera militar en la Armada. Kisuke no sabía nunca bien que responder, porque cuando el partió de su tierra natal, nunca pensó que llegaría a ser Comandante, pero al final ahí estaba, así que no sabía que decir cuando le preguntaban sobre eso.
"¿Cómo coño iba yo a saberlo?"
"Necesitaba este ratito para mi, eso sin duda... kuhahahaha"
Sacó un cigarro mientras recordaba la reunión con los nuevos miembros de los Toros Negros que había ido muy bien, aunque sin duda iba a ser caótico hasta que se adaptasen los unos a los otros, pero Kisuke confiaba plenamente en que todo iría bien. Eran buenos muchachos y estaban comprometidos con la causa, además de tener un tremendo potencial, que tendrían que pulir y sacar a relucir tanto su querido amigo Panda como él mismo. Miró por la ventana que había junto a su mesa y pudo ver los remolinos que generaba el constante viento que soplaba en aquel terruño en medio del Grand Line, recordando con nostalgia su anterior estancia allí. La cantina era un bullir de gente, pero aún así, por temor o por respeto, no molestaban al Comandante que parecía estar relajándose y disfrutando de un momentito de paz de entre todas sus obligaciones. Tanto en su llegada como el día anterior, Kisuke no había parado de saludar y conversar con multitud de jóvenes revolucionarios que le miraban con una mezcla de admiración y respeto que, aunque el espadachín comprendía, no dejaba de incomodarle ligeramente. Sabía de su posición, era algo incuestionable, pero no dejaba de ser uno más de ellos, una persona con ganas y convicción de cambiar el sistema, por lo que aunque tuviese un puesto de poder, el no podía dejar de sentirse como un soldado más, igual que todos los allí presentes.
"Solo soy un simple pescador con mala leche con ganas de cambiar el mundo... kuhahaha..."
No obstante, aquella mañana, parecía que la euforia inicial de ver un alto mando de la Armada Revolucionaria se había apaciguado, puesto que, hasta ese momento, la gente con la que se encontraba se limitaba a saludarlo y no lo habían abordado a preguntas sobre sus aventuras, a veces desmedidamente exageradas por los rumores, o sobre como llevar su carrera militar en la Armada. Kisuke no sabía nunca bien que responder, porque cuando el partió de su tierra natal, nunca pensó que llegaría a ser Comandante, pero al final ahí estaba, así que no sabía que decir cuando le preguntaban sobre eso.
"¿Cómo coño iba yo a saberlo?"
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