13-06-2026, 07:07 AM
—¡Ah! ¡Cuántas ojeras! Va a envejecer con rapidez si no se cuida, eso sería una lástima —. Sí, esa fue la primera reacción de la pelirroja al ver al chico sin los lentes, de hecho, la chica se sobresaltó y se inclinó hacia atrás, sorprendida por las bolsas negras bajo los ojos del pirata y los ojos rojizos que, para ella, mostraban una evidente falta de sueño. ¿De verdad podría él cumplir con la misión que ella tenía en mente? Bueno, esperaba que sí, no tenía más opción que confiar, aunque preferiría no hacerlo. Suspiró con desgano y algo de decepción.
—No habrá asesinatos ¡No, no! De hecho, necesito que sea usted lo más discreto posible, debe infiltrarse en el lugar como si fuera un noble más. Espero que pueda hacerlo —. La mujer miró como el chico bebía su café de manera casi desesperada. Volvió a suspirar, empezaba a arrepentirse. ¿Acaso él no había notado la taza que estuvo frente a él desde el inicio? Sacudió su cabeza de lado a lado, aunque en un gesto delicado, pero que hizo que, de todos modos, sus rizos rojizos se movieran con gracia. Debía concentrarse, ya había hecho todo un esfuerzo para conseguir la información del pirata frente a ella y peor aún, había ido en persona a conocerlo. No podía echarse para atrás. —Créame que, si ese café le pareció delicioso, le parecerán mucho mejores los que pruebe en la subasta. Esos ladrones de la subasta saben como deleitar el paladar de sus invitados —. Esas últimas palabras salieron casi con fastidio, aunque en ningún momento perdió el tono delicado con el que hablaba la chica.
Sin embargo, a pesar de su molestia evidente, su mirada verdosa no perdió de vista al pirata, fue por ello que pudo descubrir los ojos de él yendo directo hacia en donde debería estar su escote, algo que cubría el vestido blanquecino que llevaba puesto…Claro que, a pesar de todo, aquella mirada, acompañada de tan inoportunas palabras, no solo hicieron que la chica se sonrojara si no que, inevitablemente, levantó su mano y dejó caer sobre la mejilla ajena el peso de su palma.
Una cachetada sonora hizo eco en el bar. Tanto fue el impacto que los otros clientes y el bartender parecieron despertar de su letargo y miraron hacia el par con una curiosidad que no se molestaron en ocultar.
—Ustedes no se metan, caballeros, esto es entre él y yo —espetó la mujer mientras se arreglaba el vestido y volvía a sentarse con elegancia en su silla. El golpe la había ayudado a liberar su enojo, así que, pasados unos segundos, la chica tuvo la mente tan en calma como para escuchar las disculpas, educadas para sus oídos, que venían del pirata.
—Por supuesto, seguro que su reputación le precede —. Señaló el cartel de “se busca” que ella aun tenía en sus manos. En su tono se dejó escuchar un dejo de sarcasmo. —Aun así, lo cierto es que sí confío en usted para este trabajo, como le expliqué antes no puedo contar con nadie más. La tarifa permanecerá en 170 millones, soy una dama de palabra. Ni un berrie más ni uno menos. No aceptaré otro tipo de negociaciones, así que ahora escúcheme con atención —. La pelirroja miró hacia su alrededor antes de acercarse un poco al pirata, no es que necesitara bajar su tono para lo que diría, pero quería crear algo de drama.
—En un par de horas regresaré a este lugar. Procura estar en esa misma mesa. Traeré conmigo lo que necesita para la fiesta: el traje, la máscara y la invitación…además, le daré las instrucciones necesarias para entrar al lugar —. Agelena hablaba con seguridad. Era claro que necesitaba que el trabajo se cumpliera al pie de la letra. —Así que, nos vemos hasta entonces.
Sin decir más nada, Agelena se levantó de su asiento y dio media vuelta para salir de la posada, no sin antes colocarse la capucha con la que había entrado, para cubrir sus rizos pelirrojos. Luego de que la chica abriera a puerta y se fuera sin decir “adiós”, el lugar quedó en completo silencio. Los otros clientes no sabían lo que había ocurrido y al bartender poco le importaba. Era normal para él encontrarse con gente de toda clase en su pequeño negocio.
8:15 a.m.
Como lo prometió, Agelena estuvo en el lugar casi dos horas después. Entró por la misma puerta de antes y se quitó la capucha nada más sentirse en “zona segura”. Sus ojos verdosos registraron todo el lugar con cautela, ahora no había clientes entrometidos, solo estaba el barteneder que limpiaba un par de vasos con desinterés. Esta vez no se alteró al ver a la silueta con capucha entrar, pues pudo reconocer con facilidad que se trataba de la misma chica de la mañana, de hecho, sonrió con ligereza al verla de nuevo y la saludó, dándole el visto bueno para que se sentara, algo que la chica no tardó en hacer.
Por supuesto, no fue en una mesa al azar, si no en la misma en la que se había encontrado más temprano con el pirata, a quien, nuevamente, encontró sentado ahí. Le agradaba que le hubiera obedecido.
—Buenos días, Monsieur Minamoto, espero que este par de horas le haya servido para descansar —. Al decir eso, la chica colocó sobre la mesa un maletín de cuero café. Lo deslizó por la madera, hasta que quedara más del lado del pirata que del de ella.
—No se ilusione, eso no es dinero, como le dije eso se verá al final. En este maletín está la ropa que deberá llevar al baile, también un par de zapatos y la máscara que debe llevar sí o sí. Es obligatorio. Si no va vestido como lo indican, no lo dejarán pasar —. Recalcó eso mientras lo miraba directo a los ojos. —Y también, lo último, pero lo más importante…
De un bolsillo plano de la maleta, la mujer sacó un sobre amarillento que no dejó que el hombre abriera, si no que ella abrió, revelando en su interior otro sobre, este de un color morado con detalles en plata, también fue ella la que se dio el lujo de abrirlo, a fin de cuentas, el sello había sido roto desde hace rato, se notaba. En el interior del sobre había una carta, bueno, una invitación, mejor dicho, una que ella le extendió al pirata frente a ella.
Invitación
—Por favor, tómese su tiempo para leerla. Ahí están los detalles del lugar. Es obligatorio que lleve esta invitación consigo o, si no, tendrá que arreglárselas para entrar de otro modo…siempre que sea un modo discreto, claro. Recuerde que no deseo que llame la atención —. Guardó silencio por un rato, esperando que el hombre terminara de leer la invitación, para luego darle más detalles del sitio. Necesitaba que todo quedara claro.
—El Hotel Domus Aurea está cerca de un puerto importante. Llegar no es difícil y en cuanto presente la invitación, un encargado lo llevará hacia el salón Argentum…Ahí es donde se llevará a cabo el baile y la subasta. Sé de una buena fuente que frente al salón habrá una tarima y a un lado de esa tarima hay una puerta…es un depósito. Se supone que ahí tienen todas las piezas que subastarán —. Hizo una pausa para que el pirata pudiera procesar lo que ella decía. —Debe entrar a ese salón y robar la pieza…Le aseguró que la reconocerá…No hay otro diamante negro en esa subasta Ahora…¿Cómo entrará al depósito? No lo sé, para eso lo contraté…Un pirata seguro sabe como hacer un buen robo ¿Puedo confiar en que lo harás, no es así? —Esperó una respuesta antes de levantarse de la mesa. Su visita debía ser rápida.
—Todo lo que necesites lo encontrarás en el maletín, incluyendo mi contacto de den den mushi, por si necesita comunicarse conmigo durante el día. Sea puntual, la fiesta inicia a las 8:00 p.m., así que si está media hora antes sería mucho mejor —. La chica iba a dar media vuelta, pero lo cierto es que se detuvo antes y miró el cabello del chico. —¡Ah! Y se me olvidaba, sé que tiene compañeros de tripulación con mejor gusto…dígales que lo ayuden con un mejor peinado que ese —. La pelirroja sonrió con burla y ahora si se giró para salir de la posada. De nuevo reinó el silencio.
Frente al Domus Aurea
7:40 p.m.
Todo estaba listo. Por la cantidad de personas que había, era obvio que el evento sería importante. Todos ahí estaban bien vestidos, con trajes elegantes, algunos otros, extravagantes, pero…eso sí, todos llevaban su rostro cubierto con una máscara que representaba o a un insecto o a un artrópodo. No se podía saber la identidad real de nadie.
Frente a las puertas del hotel había un par de cintas custodiadas por un par de guardias: dos lunarians de al menos cuatro metros. Sus alas negras imponían respeto, aunque lo cierto es que su altura también ayudaba. Sus rostros estaban serios y a más de uno ya habían corrido por no cumplir con el código de vestimenta o por no presentar su invitación, aunque…eso no debería ser problema para nuestro protagonista ¿O sí? Agelena le había proporcionado todo… ¿Qué podía salir mal ahora que era su turno en la fila?
—Buenas noches, invitación, por favor —. La voz del guardia sonó más agradable de lo que el sujeto parecía. El hombre extendió su mano, esperando recibir el papel morado que le daría el pase al interior de la fiesta.
Invitación al baile
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