12-06-2026, 03:38 PM
la mañana del 27 de invierno
05:00
Se notaba el invierno sobre baltigo con una firmeza casi opresiva, el viento silbaba entre las estructuras de la de la base revolucionaria arrastrndo el olor del mar y la humedad propias de una isla acostumbrada a soportar tormentas, aun era temprano, tan temprano tan temprano que la mayoría de los reclutas seguían durmiendo bajo sus mantas mientras el sol luchaba por abrirse paso entre nubes grises que cubrían el horizonte...Shiryūko ya estaba levantado y lleno de energía. Acostumbrado desde pequeño a la vida al aire libre y a los largos periodos de vigilancia, no solía permanecer demasiado tiempo tumbado y Aquella mañana no había sido diferente decidió abandonar su habitación recorrió los pasillos de la fortaleza sin un destino concreto aún le resultaba extraño encontrarse allí, la fortaleza le parecía inmensa y llena de personas con historias, ideales y experiencias distintas, hombres y mujeres que habían decidido desafiar al Gobierno Mundial y luchar por algo más grande que ellos mismos y a decir verdad aun no conocía a nadie aquello no le molestaba especialmente nunca había sido alguien que necesitara rodearse constantemente de gente para sentirse cómodo pero tampoco podía negar que empezaba a tener cierta curiosidad por aquellas personas después de todo formaban parte del ejercito revolucionario y tarde o temprano tendría que conocerlos..
Mientras caminaba un sonido empezó a llamar su atención, era metal chocando contra metal de forma continua un ruido pesado y contundente que se sentía extraño, Shiryūko agudizo el oído y se oriento en aquella dirección mientras continuaba buscándolo el sonido continuo repitiéndose varias veces mas despertando cada vez mas su curiosidad, siguió el origen de aquellos golpes hasta llegar a uno de los pabellones de entrenamiento al acercarse el ruido se intensifico y se volvió mas claro —alguien esta entrenado a estas horas... pero este sonido no parecía tratarse de un entrenamiento cualquiera— pensó y se acerco a hurtadillas
Empujó la puerta parcialmente abierta y observó el interior. Sus ojos tardaron apenas unos segundos en encontrar el origen de aquel ruido metálico Se trataba de un mink panda de proporciones enormes que levantaba un peso absurdo con una facilidad increíble. Shiryūko permaneció un momento en silencio viendo aquella escena, no conocía a aquel panda pero alguien recién llegado como él podía sentir de que no estaba observado a un revolucionario cualquiera, el peso que aquel panda levantaba con aparente facilidad era casi absurdo y no pudo apartar la vista de aquella escena simplemente se dedico a observar el entrenamiento sin interrumpir observando cada movimiento sin apartar la vista. Le gustaba fijarse en los detalles cuando veía a alguien luchar o entrenar era una costumbre que había desarrollado hacía años.
Finalmente una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios —creo que los pandas son una especie bastante injustas— y su voz resonó por aquel pabellón mientras cruzaba la entrada y Shiryūko avanzo unos pasos observado las pesas con poco disimulo —Siempre creí que erais mas tranquilos, no que levantarais media fortaleza antes del desayuno— una sonrisa amistosa permaneció unos segundo en su rostro antes de detenerse a una distancia del panda —Shiryūko recién llegado encantado— se presento sin demasiadas ceremonias, Su mirada volvió a desviarse hacia las pesas durante unos instantes antes de regresar al enorme panda
con la tranquilidad que se había presentado y sin hostilidad era evidente que no buscaba problemas tan solo salió a caminar y había terminado encontrando algo mucho más interesante de lo esperado
05:00
Se notaba el invierno sobre baltigo con una firmeza casi opresiva, el viento silbaba entre las estructuras de la de la base revolucionaria arrastrndo el olor del mar y la humedad propias de una isla acostumbrada a soportar tormentas, aun era temprano, tan temprano tan temprano que la mayoría de los reclutas seguían durmiendo bajo sus mantas mientras el sol luchaba por abrirse paso entre nubes grises que cubrían el horizonte...Shiryūko ya estaba levantado y lleno de energía. Acostumbrado desde pequeño a la vida al aire libre y a los largos periodos de vigilancia, no solía permanecer demasiado tiempo tumbado y Aquella mañana no había sido diferente decidió abandonar su habitación recorrió los pasillos de la fortaleza sin un destino concreto aún le resultaba extraño encontrarse allí, la fortaleza le parecía inmensa y llena de personas con historias, ideales y experiencias distintas, hombres y mujeres que habían decidido desafiar al Gobierno Mundial y luchar por algo más grande que ellos mismos y a decir verdad aun no conocía a nadie aquello no le molestaba especialmente nunca había sido alguien que necesitara rodearse constantemente de gente para sentirse cómodo pero tampoco podía negar que empezaba a tener cierta curiosidad por aquellas personas después de todo formaban parte del ejercito revolucionario y tarde o temprano tendría que conocerlos..
Mientras caminaba un sonido empezó a llamar su atención, era metal chocando contra metal de forma continua un ruido pesado y contundente que se sentía extraño, Shiryūko agudizo el oído y se oriento en aquella dirección mientras continuaba buscándolo el sonido continuo repitiéndose varias veces mas despertando cada vez mas su curiosidad, siguió el origen de aquellos golpes hasta llegar a uno de los pabellones de entrenamiento al acercarse el ruido se intensifico y se volvió mas claro —alguien esta entrenado a estas horas... pero este sonido no parecía tratarse de un entrenamiento cualquiera— pensó y se acerco a hurtadillas
Empujó la puerta parcialmente abierta y observó el interior. Sus ojos tardaron apenas unos segundos en encontrar el origen de aquel ruido metálico Se trataba de un mink panda de proporciones enormes que levantaba un peso absurdo con una facilidad increíble. Shiryūko permaneció un momento en silencio viendo aquella escena, no conocía a aquel panda pero alguien recién llegado como él podía sentir de que no estaba observado a un revolucionario cualquiera, el peso que aquel panda levantaba con aparente facilidad era casi absurdo y no pudo apartar la vista de aquella escena simplemente se dedico a observar el entrenamiento sin interrumpir observando cada movimiento sin apartar la vista. Le gustaba fijarse en los detalles cuando veía a alguien luchar o entrenar era una costumbre que había desarrollado hacía años.
Finalmente una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios —creo que los pandas son una especie bastante injustas— y su voz resonó por aquel pabellón mientras cruzaba la entrada y Shiryūko avanzo unos pasos observado las pesas con poco disimulo —Siempre creí que erais mas tranquilos, no que levantarais media fortaleza antes del desayuno— una sonrisa amistosa permaneció unos segundo en su rostro antes de detenerse a una distancia del panda —Shiryūko recién llegado encantado— se presento sin demasiadas ceremonias, Su mirada volvió a desviarse hacia las pesas durante unos instantes antes de regresar al enorme panda
con la tranquilidad que se había presentado y sin hostilidad era evidente que no buscaba problemas tan solo salió a caminar y había terminado encontrando algo mucho más interesante de lo esperado
