11-06-2026, 06:50 AM
Mientras recordaba los gritos y la emoción del mink conejo no pudo evitar pensar en que era bonito que grite con tanta emoción y amor por la gran señora de la revolución, ya que los sueños o sentimientos como aquel lograban dar vida y color a la historia de una persona. Ella no estaba exenta de eso: Le encantaba, amaba con su corazón repartir la euforia y la alegría de su alma pero hoy no fue la ocasión y menos después de haber presenciado en primera fila una ejecución. No podía tomarse este asunto con tanta ligereza como para ver algo así y después hacer como si nada: Shirohime, detestaba la sola idea de los traidores y alguien que entre sus filas no hiciese más que intentar perjudicar a esa noble causa en secreto le daba arcadas de solamente meditarlo un minuto o dos. Sabía que esa mujer era importante, era más que consciente de ello: Tenía la fuerza y el porte que se esperaría de un líder enfocado en socorrer al público atormentado por las sombras de la desgracia que el podrido gobierno provoca. Y compara su color con el del agua de cloacas. Por eso, aunque la líder no tenía la culpa de nada: No gritó por ella. No hizo más que callar y otorgarle el respeto que como todo superior merecía recibir, y nada más. La causa de esa mujer era justa y la respetaba. Mostraba el respeto y la admiración hacia esa mujer de otra forma que mostrando gritos de ovación y amor.
A veces el silencio dice mucho más. Y ese fue el caso.
No pudo quitarse en ningún momento de la cabeza la imagen y descubrir con qué tanta facilidad se podía arrebatar una vida. Entendió que todos, de algún modo u otro éramos inevitablemente vulnerables y que la muerte era capaz de llegar tan rápido que siquiera hay chance de reaccionar: como le pasó al hombre de camisa blanca. Por eso no tenía demasiadas ganas de dormir o siquiera pegar un poco de ojo: Su amiga, Carmen, estaba de la misma forma. Ambas pensaban y analizaban aquello mientras procesaban la información después de que la asamblea finalmente terminó como correspondía. De manera inevitable, todos volverían a sus lugares y ella no estaba exenta de ello: Contaba con que tarde o temprano regresaría de modo que trató de aprovechar todo el tiempo que pudo para caminar y curiosear, observar el lugar y fascinarse por la estructura del paisaje que sus ojos recorrían. Ahora mismo, el calor recorría la planta de sus pies hasta la cabeza y le fue inevitable tener que mantener la piel expuesta con un conjunto negro en su totalidad mientras su amiga funcionaba como un excéntrico collar. Aprovecharía y miraría todo lo que pudiera sin dudarlo un único segundo: Quizás espiaría alguna otra conversación a escondidas o buscaría a los chicos de los que todavía no recuerda su cara o sus nombres pero sí sus voces. Era la única forma para ella de reconocerlos: Ya que no es que quisiese olvidarlos, es que se emocionaba tanto por los pequeños detalles que restaba importancia a lo demás.
Pasó el tiempo.
Corrió el reloj. Tic, tac. Tic, tac.
Sus pasos avanzaron y de pronto, un hombre le entregó un simple papel en blanco con una dirección clara y hora. No le dijo absolutamente nada más que eso. El hombre vestía unos pantalones negros, botas negras bajas y una remera sin mangas blancas con el peinado hacia atrás y mirada seria. No quiso intercambiar más palabras con ella ya sea por ser de pocas palabras o por que no deseaba interactuar de momento con la rubia, pero eso no venía al caso ahora. Mientras tenía el papel en la mano su corazón se sentía cálido por dentro, estaba emocionada o tal vez nerviosa, ansiosa o algo semejante: No podía describirlo con exactitud. La sola idea de todo lo que pasó le ponía los pelos de punta y por desgracia, por más que lo deseara: No podía calmarse del todo.
Entre sus manos giró el papel de un lado a otro y miró con detenimiento lo escrito.
Una oficina con una clara dirección. Una hora. Y una indicación clara: Asiste. Al ver la tinta y la caligrafía, lo corto y directo del mensaje decidió por una vez obedecer y procedió a meter el papel oculto en su pecho. El calor en esa zona era alto debido a la temperatura corporal natural de la chica, poseedora de un cuerpo envidiable, una cara preciosa y una excéntrica personalidad que mostraba de un lado a otro como si ondeara la mejor de las banderas. Sonrió. La curva de sus labios se pronunció más y más ante la idea de una celebración digna de su talla y por eso no tardó en poner los pies en polvorosa. Movía sus piernas y pisaba con fuerza el suelo en una rutina de ejercicio mientras que sus ojos, azules como el cielo, reflejaban el brillo característico de su mirada cargada de convicción y un alto sueño de algún día llegar a un cargo alto. Por lógica: Shirohime, deseaba ascender en la escala jerárquica. Deseaba estar en el mismo lugar que los grandes y llegar a ser la persona más importante dentro de ese movimiento que tanto revuelo y conmoción causaba a lo largo y ancho del mundo con cada uno de sus actos. Mientras corría, se agitaba. Su corazón latía más y más fuerte al ritmo de una locomotora sin control y el paisaje que sus ojos le permitían ver cambiaba: Poco a poco. Desconocía en su totalidad lo que el destino le iba a mostrar para esta ocasión pero no deseaba perdérselo, sea lo que sea, vaya dónde vaya.
Al llegar, sus manos blancas tocaron el pomo de la puerta de madera y la abrió con la fuerza y rapidez como si irrumpiera en un domicilio al que debió ingresar por medio de una órden, aunque este no era el caso, claro que no, — ¡Ru-ha! ¡Ha llegado la estrella del destino que ustedes tanto ansiaban, mis bellos camaradas de guerra, heraldos del destino y participantes de la historia! ¡Ha llegado la hora de cambiar y de correr! Hacia el cielo... ¡hacia el nuevo mundo de blanco! —, ignoró completamente la calidad y cantidad de personas que habían presentes y se presentó con convicción. A su modo.
Al ingresar con más calma no tardó mucho en dar un giro completo y realizar una exagerada reverencia hacia el frente, independiente de quien esté. Mientras una de sus manos estaba ubicada en el lado del corazón, entonaba, — Su majestad ha llegado para mostrarles el nuevo color de este mundo. —, después recobró la compostura y miró mejor a todos. Sus ojos analizaron muy por encima a cada uno.
Primero empezó con el chico con el que antes entabló relación en los Blues, — ¡Es un placer conocerte, caballero que su cara me recuerda a alguien pero no sé bien a quién! Caballero fragante. Tu valía es más que notada en este lugar. —, pasó a la chica de pelaje oscuro, al verla con detalle se asombró y sus ojos se abrieron como dos platos mientras que su boca se abría de tal modo como si le fueran a entrar moscas de no ser por que la tapaba con la mano diestra, bien abierta y con los dedos extendidos. — Criatura de la noche, doncella bajo la luna. ¡Mis ojos se deslumbran ante tu encanto! Ese canto sagrado que me dice tu mirada, ¡esa fuerza de voluntad y de fiereza interior! ¡Es justo lo que esta lucha necesita! Yo, Shirohime, estaré más que encantada de trabajar contigo para el renacer del nuevo mundo de blanco. Oh, alegría... ¡¡alegría sagrada!! —, una de sus manos fue a su frente cuando su mirada fue hacia el hombre de características animales de un panda. — ¡Gran maestro, gran guerrero de las artes de la guerra! ¡¡Este es un momento histórico para la vida de todos y cada uno de nosotros!! ¡El puño de negro, la oscuridad de la justicia que arrasa con aquel que desee destruir el renacer del nuevo mundo! ¡¡¡RU-HA!!! —, no tardó nada en alzar los tonos y con ello, sus brazos hacia el techo.
El último que quedaba era su comandante.
Extendió su brazo hacia él de forma dramática, — Y por último pero no menos importante, aquel que lucha día tras día y levanta rocas, murallas y es capaz de llevar el toro del cielo hacia el terreno divino. ¡Yo, Shirohime, reconozco tu valía! —, posteriormente se alejó un poco y con un ligero movimiento de cadera puso una mano encima de ella.
— Ah, tengo sed. ¿Alguien tiene agua? —. Finalizó mientras su intenso olor agradable inundaba el lugar.
A veces el silencio dice mucho más. Y ese fue el caso.
No pudo quitarse en ningún momento de la cabeza la imagen y descubrir con qué tanta facilidad se podía arrebatar una vida. Entendió que todos, de algún modo u otro éramos inevitablemente vulnerables y que la muerte era capaz de llegar tan rápido que siquiera hay chance de reaccionar: como le pasó al hombre de camisa blanca. Por eso no tenía demasiadas ganas de dormir o siquiera pegar un poco de ojo: Su amiga, Carmen, estaba de la misma forma. Ambas pensaban y analizaban aquello mientras procesaban la información después de que la asamblea finalmente terminó como correspondía. De manera inevitable, todos volverían a sus lugares y ella no estaba exenta de ello: Contaba con que tarde o temprano regresaría de modo que trató de aprovechar todo el tiempo que pudo para caminar y curiosear, observar el lugar y fascinarse por la estructura del paisaje que sus ojos recorrían. Ahora mismo, el calor recorría la planta de sus pies hasta la cabeza y le fue inevitable tener que mantener la piel expuesta con un conjunto negro en su totalidad mientras su amiga funcionaba como un excéntrico collar. Aprovecharía y miraría todo lo que pudiera sin dudarlo un único segundo: Quizás espiaría alguna otra conversación a escondidas o buscaría a los chicos de los que todavía no recuerda su cara o sus nombres pero sí sus voces. Era la única forma para ella de reconocerlos: Ya que no es que quisiese olvidarlos, es que se emocionaba tanto por los pequeños detalles que restaba importancia a lo demás.
Pasó el tiempo.
Corrió el reloj. Tic, tac. Tic, tac.
Sus pasos avanzaron y de pronto, un hombre le entregó un simple papel en blanco con una dirección clara y hora. No le dijo absolutamente nada más que eso. El hombre vestía unos pantalones negros, botas negras bajas y una remera sin mangas blancas con el peinado hacia atrás y mirada seria. No quiso intercambiar más palabras con ella ya sea por ser de pocas palabras o por que no deseaba interactuar de momento con la rubia, pero eso no venía al caso ahora. Mientras tenía el papel en la mano su corazón se sentía cálido por dentro, estaba emocionada o tal vez nerviosa, ansiosa o algo semejante: No podía describirlo con exactitud. La sola idea de todo lo que pasó le ponía los pelos de punta y por desgracia, por más que lo deseara: No podía calmarse del todo.
Entre sus manos giró el papel de un lado a otro y miró con detenimiento lo escrito.
Una oficina con una clara dirección. Una hora. Y una indicación clara: Asiste. Al ver la tinta y la caligrafía, lo corto y directo del mensaje decidió por una vez obedecer y procedió a meter el papel oculto en su pecho. El calor en esa zona era alto debido a la temperatura corporal natural de la chica, poseedora de un cuerpo envidiable, una cara preciosa y una excéntrica personalidad que mostraba de un lado a otro como si ondeara la mejor de las banderas. Sonrió. La curva de sus labios se pronunció más y más ante la idea de una celebración digna de su talla y por eso no tardó en poner los pies en polvorosa. Movía sus piernas y pisaba con fuerza el suelo en una rutina de ejercicio mientras que sus ojos, azules como el cielo, reflejaban el brillo característico de su mirada cargada de convicción y un alto sueño de algún día llegar a un cargo alto. Por lógica: Shirohime, deseaba ascender en la escala jerárquica. Deseaba estar en el mismo lugar que los grandes y llegar a ser la persona más importante dentro de ese movimiento que tanto revuelo y conmoción causaba a lo largo y ancho del mundo con cada uno de sus actos. Mientras corría, se agitaba. Su corazón latía más y más fuerte al ritmo de una locomotora sin control y el paisaje que sus ojos le permitían ver cambiaba: Poco a poco. Desconocía en su totalidad lo que el destino le iba a mostrar para esta ocasión pero no deseaba perdérselo, sea lo que sea, vaya dónde vaya.
Al llegar, sus manos blancas tocaron el pomo de la puerta de madera y la abrió con la fuerza y rapidez como si irrumpiera en un domicilio al que debió ingresar por medio de una órden, aunque este no era el caso, claro que no, — ¡Ru-ha! ¡Ha llegado la estrella del destino que ustedes tanto ansiaban, mis bellos camaradas de guerra, heraldos del destino y participantes de la historia! ¡Ha llegado la hora de cambiar y de correr! Hacia el cielo... ¡hacia el nuevo mundo de blanco! —, ignoró completamente la calidad y cantidad de personas que habían presentes y se presentó con convicción. A su modo.
Al ingresar con más calma no tardó mucho en dar un giro completo y realizar una exagerada reverencia hacia el frente, independiente de quien esté. Mientras una de sus manos estaba ubicada en el lado del corazón, entonaba, — Su majestad ha llegado para mostrarles el nuevo color de este mundo. —, después recobró la compostura y miró mejor a todos. Sus ojos analizaron muy por encima a cada uno.
Primero empezó con el chico con el que antes entabló relación en los Blues, — ¡Es un placer conocerte, caballero que su cara me recuerda a alguien pero no sé bien a quién! Caballero fragante. Tu valía es más que notada en este lugar. —, pasó a la chica de pelaje oscuro, al verla con detalle se asombró y sus ojos se abrieron como dos platos mientras que su boca se abría de tal modo como si le fueran a entrar moscas de no ser por que la tapaba con la mano diestra, bien abierta y con los dedos extendidos. — Criatura de la noche, doncella bajo la luna. ¡Mis ojos se deslumbran ante tu encanto! Ese canto sagrado que me dice tu mirada, ¡esa fuerza de voluntad y de fiereza interior! ¡Es justo lo que esta lucha necesita! Yo, Shirohime, estaré más que encantada de trabajar contigo para el renacer del nuevo mundo de blanco. Oh, alegría... ¡¡alegría sagrada!! —, una de sus manos fue a su frente cuando su mirada fue hacia el hombre de características animales de un panda. — ¡Gran maestro, gran guerrero de las artes de la guerra! ¡¡Este es un momento histórico para la vida de todos y cada uno de nosotros!! ¡El puño de negro, la oscuridad de la justicia que arrasa con aquel que desee destruir el renacer del nuevo mundo! ¡¡¡RU-HA!!! —, no tardó nada en alzar los tonos y con ello, sus brazos hacia el techo.
El último que quedaba era su comandante.
Extendió su brazo hacia él de forma dramática, — Y por último pero no menos importante, aquel que lucha día tras día y levanta rocas, murallas y es capaz de llevar el toro del cielo hacia el terreno divino. ¡Yo, Shirohime, reconozco tu valía! —, posteriormente se alejó un poco y con un ligero movimiento de cadera puso una mano encima de ella.
— Ah, tengo sed. ¿Alguien tiene agua? —. Finalizó mientras su intenso olor agradable inundaba el lugar.
Resumen
Karmas
⌈ — Diálogo — ☪ “ Pensamiento ” ☪ Narración ⌋
Baúl de los recuerdos
