26-11-2023, 06:38 AM
Al final serían tres en lugar de dos las que avanzarían por el camino designado. No le hacía especial gracia ir con ninguna de las dos mujeres. Jude, a pesar de que no la había conocido mucho y era un tanto malhablada, le parecía agradable. Le recordaba a cierta peliazul, pero midiendo cinco veces más. Lo malo es que era muy ruidosa simplemente caminando, e Ikirami prefería el sigilo en primera instancia. Respecto a Irina, se comportaba de forma extraña con ella, parecía que se aprovechaba del miedo que le había infundido verla transformada. Pero se había mentalizado en no verla como una enemiga, no era una pirata y no le tenía miedo a ella, sino al recuerdo de Rust. Entonces Irina sugirió que debían conocerse mejor las tres. Tal vez incluso no era mala persona y simplemente un tanto excéntrica, por su tono de voz, el cual siempre se mantenía igual, no era capaz de dilucidarlo. Le devolvió una amable sonrisa como respuesta. A continuación, Jude habló e Ikirami se giró hacia ella.
-Por supuesto. Vamos. -respondió Ikirami ante la pregunta de Jude sobre si tenían ganas de machacar piratas, y comenzó a avanzar por el camino junto a sus compañeras.
Por supuesto que quería machacarlos. Acabar con Sadine había sido agradable, incluso excitante si se paraba a pensarlo, pero le sabía a poco. No estaría satisfecha del todo hasta acabar con el propio Glatus, con sus propias manos si podía. Continuando su marcha con Jude encabezando el grupo, el camino comenzó a serpentear y a oscurecerse. Ikirami se tocó el casco que había cogido antes, rozando con sus dedos el pequeño foco que había en él, buscó el botón de encendido y lo presionó. Daba igual que notasen la luz, los pasos de Jude las delatarían mucho antes, mejor ver por donde pisaban y si había algún peligro al acecho. En ese momento, Irina rompió el silencio, ordenando a las restantes actuar con cautela. Sí, Jude era un problema, pero Ikirami también compartía la opinión de que no era buena idea precipitarse. No sabían si había más caminos y más enemigos además de los conocidos, ni si tal vez les esperaba alguna trampa.
-Coincido con lo que dices, así lo haremos. -afirmó ella justo cuando Irina la miró fijamente.
La mujer monstruo le dijo directamente que no creía que fuese a ser útil en combate, porque era pequeña, aunque guapa. Entonces volvió a actuar extrañamente acariciándole la mejilla. “¿Está… intentando coquetear conmigo?” pensó, algo confundida por las señales que le enviaba. Estaba a punto de sonrojarse cuando Irina continuó sugiriendo que lo que sí podría hacer es satisfacer a un hombre en caso de encontrarlo y dejarle a ella la parte de asesinarlo mientras. Menuda ironía del destino era que le dijese exactamente eso. No fue capaz de contener una ligera risa que sonó como un siseo “Sssssss”
-Aunque te cueste considerarlo, puedo hacer ambas cosas al mismo tiempo, y no sería la primera vez. -dijo con una sonrisa ladeada, recordando la primera vez que asesinó a alguien, precisamente a un capitán pirata. Se mordió el labio recordando la sangría que siguió a ello. Una cama de sabanas blancas empapadas en rojo, el olor y el sabor del hierro en su boca, el susurro de las olas en sus oídos, el barco balanceándose apaciguadamente en el océano. Por un instante, casi podía sentir incluso la viscosidad de la sangre deslizándose por sus manos y su cuerpo desnudos. Su dulce y carmesí venganza. Estaba tan absorta en sus pensamientos que apenas pudo escuchar lo que decía su interlocutora a continuación, algo de culparlas si Glatus escapaba.
Pero por desgracia, no tardó mucho en tener que abandonar aquellos estimulantes recuerdos. Una luz al final del túnel, como se diría. Volvió rápidamente en sí, con unas crecientes ganas de conflicto en su interior. Necesitaba estar centrada, así que se abofeteó ligeramente las mejillas para centrarse. Continuaron caminando hasta llegar a la que era una sala no especialmente grande, pero sí alta, una suerte para Jude. Había varias mesas y sillas, un área común para descanso de los mineros. Entonces, mientras recorría la sala con la mirada inspeccionándola, notó un ligero destello de algo metálico en el fondo de la sala en la que se reflejaba muy ligeramente la luz de su casco. Miró hacia allí y vio un hombre de piel fría y grisácea, sentado en una caja junto a otra con un Den den mushi sobre ella. Por su aspecto, todo apuntaba a que era el maldito capitán, con su piel azulada incluso. “Bingo. Te tenemos sucia rata escurridiza” dijo en su cabeza.
Irina se avanzó ojeando la sala, parecía no haberse percatado de la presencia del hombre. Ikirami se aclaró la garganta, posicionada en medio de la entrada, intentando avisar a las demás. En ese momento el hombre comenzó a hablar, presuponiendo acertadamente que sus dos lacayos habían muerto. Por su tono y reacciones, no le importaba lo más mínimo. Pero claro, ¿cómo iba a hacerlo? Los piratas eran pura escoria. Mataban a los suyos ellos mismos incluso, consideraban las vidas simples herramientas y monedas de cambio en sus manos.
Entonces, Irina vio al hombre y lo identificó como Glatus. Confirmado el objetivo, Ikirami se mantuvo en su posición a la espera con cautela, mientras este continuaba hablando con tranquilidad, aproximándose con un ritmo sosegado a ellas. Aplaudió felicitándolas por acabar con aquellos dos inmundos piratas. Una vez estuvo a escasos seis metros de la más adelantada, Irina, frenó su avance y les propuso algo impensable, que se uniesen a él.
Ikirami se mantuvo estoica en su lugar, conteniendo sus ganas de acabar con aquello en ese mismo instante. No era una persona impulsiva, se valía del engaño y la estrategia para llevar las cosas a su terreno primero. Tras unos segundos de silencio, lrina la miró y señaló a la derecha de la sala. Dio un rápido vistazo al sitio viendo varias sillas amontonadas en tres pilas de dos y cajas con utensilios de cocina encima. Asintió y se movió hacia allí en silencio con paso relajado, sin perder de vista a Glatus y dando un ligero rodeo para mantenerse a la máxima distancia de él en todo momento, unos 6 metros. Estaba deseosa de poder lanzarse al ataque en cuanto sus compañeras se posicionasen.
Irina dio un par de pasos adelante, se dirigió directamente al hombre presentándose y haciéndele entender que se encontraba en desventaja completa con distintos argumentos. También insultó a su inteligencia, puede que no fuese la mejor opción, pero supuestamente ella lo conocía bastante bien por la información de la que disponía. Siguió avanzando mientras soltaba su discurso, el cual tenía claramente la intención de hacerle ver a Glatus que ella se encontraba muy por encima de él. Mientras esto acontecía, Ikirami decidió dejárselo a ella, la cual se había proclamado líder de la misión junto a Daryl al inicio de esta. Pero ella tampoco iba a perder el tiempo. Sin moverse, echó un vistazo minucioso a la sala en busca de señales de un posible camino de huida, un túnel secreto o algo que no encajase. Cualquier rastro en el suelo, cualquier marca en la pared podría ser sospechosa. Se fijó especialmente en la zona en la que antes había estado sentado el hombre, la cual estaba poco iluminada, pero aprovechó su buena visión y la luz del casco para ello. Con lo que había escuchado a sus compañeros decir de él y la posibilidad que Glatus tuviese un plan B, le encajaba que pudiese haber una ruta de escape. Sería extraño que se adentrase hasta el fondo de una mina a sabiendas de que, si venían a por él, estaría totalmente acorralado. Aunque lo mismo se podía decir de ellas, claro.
Irina finalmente dijo lo que estaba esperando. Se negó a unirse a él. Ikirami esbozó una pequeña sonrisa al escucharlo. Ni se había parado a pensar en la posibilidad de que aceptasen. Sin embargo, su compañera prosiguió mostrando interés en lo que él pudiera ofrecernos.
Acostumbrada al arte del engaño, Ikirami dio por supuesto que no se refería realmente a pactar con un pirata, que se trataba de un ardid para sacarle información y tal vez hacerle bajar la guardia para después poder acabar con él con más facilidad. Les dio la orden a ella y Jude de sentarse, Ikirami decidió unirse al juego y acató la orden sin rechistar asintiendo con firmeza. Con cuidado de no hacer ningún movimiento brusco movió una de las sillas ligeramente para situarse a la derecha de Irina pero algo ladeada. Una posición en que le quedase la esquina a la espalda, a unos tres metros de la pared derecha y otros tres de Irina, que estaba justo en medio de la sala. Con suerte la gigante abarcaría el espacio restante para cortar la salida al sujeto en caso de intentar escapar.
Una vez en posición, cruzó las piernas poniendo por encima la que tenía la abertura lateral en la falda, dejando al descubierto algo más de su muslo de manera sutil de forma que pareciese accidentalmente y apoyó uno de los codos en ella. Con su mirada fija en el hombre, uso esa misma mano para agarrar un mechón de pelo y juguetear con él mientras ladeaba la cabeza observándolo con curiosidad. Por supuesto, un ingenuo coqueteo fingido, pero con sus habilidades no debería ser perceptible, estaba tan acostumbrada a ello que hasta era su forma natural de actuar. Aguardó para ver como se acontecían los hechos a continuación, expectante por la batalla que esperaba se diese más pronto que tarde.
-Por supuesto. Vamos. -respondió Ikirami ante la pregunta de Jude sobre si tenían ganas de machacar piratas, y comenzó a avanzar por el camino junto a sus compañeras.
Por supuesto que quería machacarlos. Acabar con Sadine había sido agradable, incluso excitante si se paraba a pensarlo, pero le sabía a poco. No estaría satisfecha del todo hasta acabar con el propio Glatus, con sus propias manos si podía. Continuando su marcha con Jude encabezando el grupo, el camino comenzó a serpentear y a oscurecerse. Ikirami se tocó el casco que había cogido antes, rozando con sus dedos el pequeño foco que había en él, buscó el botón de encendido y lo presionó. Daba igual que notasen la luz, los pasos de Jude las delatarían mucho antes, mejor ver por donde pisaban y si había algún peligro al acecho. En ese momento, Irina rompió el silencio, ordenando a las restantes actuar con cautela. Sí, Jude era un problema, pero Ikirami también compartía la opinión de que no era buena idea precipitarse. No sabían si había más caminos y más enemigos además de los conocidos, ni si tal vez les esperaba alguna trampa.
-Coincido con lo que dices, así lo haremos. -afirmó ella justo cuando Irina la miró fijamente.
La mujer monstruo le dijo directamente que no creía que fuese a ser útil en combate, porque era pequeña, aunque guapa. Entonces volvió a actuar extrañamente acariciándole la mejilla. “¿Está… intentando coquetear conmigo?” pensó, algo confundida por las señales que le enviaba. Estaba a punto de sonrojarse cuando Irina continuó sugiriendo que lo que sí podría hacer es satisfacer a un hombre en caso de encontrarlo y dejarle a ella la parte de asesinarlo mientras. Menuda ironía del destino era que le dijese exactamente eso. No fue capaz de contener una ligera risa que sonó como un siseo “Sssssss”
-Aunque te cueste considerarlo, puedo hacer ambas cosas al mismo tiempo, y no sería la primera vez. -dijo con una sonrisa ladeada, recordando la primera vez que asesinó a alguien, precisamente a un capitán pirata. Se mordió el labio recordando la sangría que siguió a ello. Una cama de sabanas blancas empapadas en rojo, el olor y el sabor del hierro en su boca, el susurro de las olas en sus oídos, el barco balanceándose apaciguadamente en el océano. Por un instante, casi podía sentir incluso la viscosidad de la sangre deslizándose por sus manos y su cuerpo desnudos. Su dulce y carmesí venganza. Estaba tan absorta en sus pensamientos que apenas pudo escuchar lo que decía su interlocutora a continuación, algo de culparlas si Glatus escapaba.
Pero por desgracia, no tardó mucho en tener que abandonar aquellos estimulantes recuerdos. Una luz al final del túnel, como se diría. Volvió rápidamente en sí, con unas crecientes ganas de conflicto en su interior. Necesitaba estar centrada, así que se abofeteó ligeramente las mejillas para centrarse. Continuaron caminando hasta llegar a la que era una sala no especialmente grande, pero sí alta, una suerte para Jude. Había varias mesas y sillas, un área común para descanso de los mineros. Entonces, mientras recorría la sala con la mirada inspeccionándola, notó un ligero destello de algo metálico en el fondo de la sala en la que se reflejaba muy ligeramente la luz de su casco. Miró hacia allí y vio un hombre de piel fría y grisácea, sentado en una caja junto a otra con un Den den mushi sobre ella. Por su aspecto, todo apuntaba a que era el maldito capitán, con su piel azulada incluso. “Bingo. Te tenemos sucia rata escurridiza” dijo en su cabeza.
Irina se avanzó ojeando la sala, parecía no haberse percatado de la presencia del hombre. Ikirami se aclaró la garganta, posicionada en medio de la entrada, intentando avisar a las demás. En ese momento el hombre comenzó a hablar, presuponiendo acertadamente que sus dos lacayos habían muerto. Por su tono y reacciones, no le importaba lo más mínimo. Pero claro, ¿cómo iba a hacerlo? Los piratas eran pura escoria. Mataban a los suyos ellos mismos incluso, consideraban las vidas simples herramientas y monedas de cambio en sus manos.
Entonces, Irina vio al hombre y lo identificó como Glatus. Confirmado el objetivo, Ikirami se mantuvo en su posición a la espera con cautela, mientras este continuaba hablando con tranquilidad, aproximándose con un ritmo sosegado a ellas. Aplaudió felicitándolas por acabar con aquellos dos inmundos piratas. Una vez estuvo a escasos seis metros de la más adelantada, Irina, frenó su avance y les propuso algo impensable, que se uniesen a él.
Ikirami se mantuvo estoica en su lugar, conteniendo sus ganas de acabar con aquello en ese mismo instante. No era una persona impulsiva, se valía del engaño y la estrategia para llevar las cosas a su terreno primero. Tras unos segundos de silencio, lrina la miró y señaló a la derecha de la sala. Dio un rápido vistazo al sitio viendo varias sillas amontonadas en tres pilas de dos y cajas con utensilios de cocina encima. Asintió y se movió hacia allí en silencio con paso relajado, sin perder de vista a Glatus y dando un ligero rodeo para mantenerse a la máxima distancia de él en todo momento, unos 6 metros. Estaba deseosa de poder lanzarse al ataque en cuanto sus compañeras se posicionasen.
Irina dio un par de pasos adelante, se dirigió directamente al hombre presentándose y haciéndele entender que se encontraba en desventaja completa con distintos argumentos. También insultó a su inteligencia, puede que no fuese la mejor opción, pero supuestamente ella lo conocía bastante bien por la información de la que disponía. Siguió avanzando mientras soltaba su discurso, el cual tenía claramente la intención de hacerle ver a Glatus que ella se encontraba muy por encima de él. Mientras esto acontecía, Ikirami decidió dejárselo a ella, la cual se había proclamado líder de la misión junto a Daryl al inicio de esta. Pero ella tampoco iba a perder el tiempo. Sin moverse, echó un vistazo minucioso a la sala en busca de señales de un posible camino de huida, un túnel secreto o algo que no encajase. Cualquier rastro en el suelo, cualquier marca en la pared podría ser sospechosa. Se fijó especialmente en la zona en la que antes había estado sentado el hombre, la cual estaba poco iluminada, pero aprovechó su buena visión y la luz del casco para ello. Con lo que había escuchado a sus compañeros decir de él y la posibilidad que Glatus tuviese un plan B, le encajaba que pudiese haber una ruta de escape. Sería extraño que se adentrase hasta el fondo de una mina a sabiendas de que, si venían a por él, estaría totalmente acorralado. Aunque lo mismo se podía decir de ellas, claro.
Irina finalmente dijo lo que estaba esperando. Se negó a unirse a él. Ikirami esbozó una pequeña sonrisa al escucharlo. Ni se había parado a pensar en la posibilidad de que aceptasen. Sin embargo, su compañera prosiguió mostrando interés en lo que él pudiera ofrecernos.
Acostumbrada al arte del engaño, Ikirami dio por supuesto que no se refería realmente a pactar con un pirata, que se trataba de un ardid para sacarle información y tal vez hacerle bajar la guardia para después poder acabar con él con más facilidad. Les dio la orden a ella y Jude de sentarse, Ikirami decidió unirse al juego y acató la orden sin rechistar asintiendo con firmeza. Con cuidado de no hacer ningún movimiento brusco movió una de las sillas ligeramente para situarse a la derecha de Irina pero algo ladeada. Una posición en que le quedase la esquina a la espalda, a unos tres metros de la pared derecha y otros tres de Irina, que estaba justo en medio de la sala. Con suerte la gigante abarcaría el espacio restante para cortar la salida al sujeto en caso de intentar escapar.
Una vez en posición, cruzó las piernas poniendo por encima la que tenía la abertura lateral en la falda, dejando al descubierto algo más de su muslo de manera sutil de forma que pareciese accidentalmente y apoyó uno de los codos en ella. Con su mirada fija en el hombre, uso esa misma mano para agarrar un mechón de pelo y juguetear con él mientras ladeaba la cabeza observándolo con curiosidad. Por supuesto, un ingenuo coqueteo fingido, pero con sus habilidades no debería ser perceptible, estaba tan acostumbrada a ello que hasta era su forma natural de actuar. Aguardó para ver como se acontecían los hechos a continuación, expectante por la batalla que esperaba se diese más pronto que tarde.
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