09-06-2026, 08:04 AM
El ambiente de ensueño pronto se vio comprometido por un cambio inesperado cuando ambos identificaron a las personas que al parecer eran sus conocidos, de Akane y Hiruzen. Me quedé algo perpleja por sus reacciones aunque la música continuaba fluyendo con la misma dulzura de antes, tuve la sensación de que sus corazones y pensamientos ya no estaban allí acompañando aquella hermosa melodía que habíamos creado juntos. Sus miradas se desviaban de vez en cuando hacia los recién llegados como si una preocupación hubiera comenzado a darse paso entre las notas de la canción, por mi parte mantuve las manos sobre el instrumento permitiendo que la melodía siguiera su curso pero no pude evitar observarlos con curiosidad. La música ya no era el centro de atención.
Al desvanecerse la última nota ambos me dedicaron una mirada de agradecimiento antes de despedirse con una clara advertencia de que me indicaban no involucrarme en lo que estaba por ocurrir. Los observé ahora a la expectativa de aquellos desconocidos, ¿se trataba de una disputa?, ¿algún problema del que intentaban mantenerme alejada?, no lo sabía pero algo me decía que aquellos recién llegados no traían buenas noticias.
El grupo de hombres con sombreros de paja avanzó entre la multitud que aguardaba por más interpretaciones, sin embargo, en lugar de dispersarse comenzaron a posicionarse de una manera que prácticamente nos dejó acorralados. El ambiente se volvió hostil en cuestión de segundos, guardé silencio en mi ansiedad mientras observaba el actuar de Akane y Hiruzen que intentaban sacarme de esa situación. Por fragmentos de la conversación comprendí que existía un trasfondo entre ellos, una historia previa de la que no tenía la más mínima idea pero que claramente era la causa de aquella tensión de hostilidad.
El sonido de las espadas al ser desenvainadas resonó en el aire con un timbre frío y metálico, una advertencia tan clara como una declaración de guerra, la forma de aquellas hojas me resultaba familiar, me recordaban a las armas que alguna vez portaron mis antiguos nakamas, eran katanas con el mismo tipo de revestimiento y sabía perfectamente lo letales que podían llegar a ser cuando entraban en combate. Solo hicieron falta unos segundos para que la multitud desapareciera como una capa de humo, los murmullos se transformaron en gritos y la curiosidad dio paso al miedo mientras las personas huían en todas direcciones para alejarse de lo que parecía ser una pelea inminente.
Todo aquello me dejaba completamente confundida, no comprendía qué estaba ocurriendo ni por qué todos actuaban de aquella manera, intenté seguir la situación con la mirada, buscando alguna explicación entre los rostros presentes pero de pronto mi visión quedó cubierta por un par de telas que cayeron sobre mí, tomada por sorpresa terminé enredándome con ellas. Perdí el equilibrio casi de inmediato y tras un torpe tropiezo acabé ahora en el suelo, sentada, tratando de apartar aquella maraña de tela mientras intentaba pensar en que podría hacer en este momento.
Luché por liberarme de aquellas prendas hasta quedar completamente libre, al alzar la vista me encontré con una escena que jamás habría imaginado, Hiruzen y Akane no solo eran diestros en la música también eran maestros de las armas de filo, frente a los hombres que los habían emboscado, Akane empuñaba un par de dagas cortas mientras que Hiruzen blandían una extraña hoz unida a una cadena, por un momento me quedé inmóvil, sorprendida al descubrir aquella faceta de ambos.
Me levanté de inmediato al comprender que no era momento de ahogarme en dudas sino de brindarles apoyo, no después de haber compartido un momento tan especial a través de la música. Tomé mi arco y coloqué dos flechas sobre el entallado de madera antes de posicionarme detrás de Akane y Hiruzen, lista para actuar. —- Permítanme ayudarles, ellos son más pero sí surge una oportunidad puedo alcanzarlos con mis flechas y de esta manera podremos irnos.
Al desvanecerse la última nota ambos me dedicaron una mirada de agradecimiento antes de despedirse con una clara advertencia de que me indicaban no involucrarme en lo que estaba por ocurrir. Los observé ahora a la expectativa de aquellos desconocidos, ¿se trataba de una disputa?, ¿algún problema del que intentaban mantenerme alejada?, no lo sabía pero algo me decía que aquellos recién llegados no traían buenas noticias.
El grupo de hombres con sombreros de paja avanzó entre la multitud que aguardaba por más interpretaciones, sin embargo, en lugar de dispersarse comenzaron a posicionarse de una manera que prácticamente nos dejó acorralados. El ambiente se volvió hostil en cuestión de segundos, guardé silencio en mi ansiedad mientras observaba el actuar de Akane y Hiruzen que intentaban sacarme de esa situación. Por fragmentos de la conversación comprendí que existía un trasfondo entre ellos, una historia previa de la que no tenía la más mínima idea pero que claramente era la causa de aquella tensión de hostilidad.
El sonido de las espadas al ser desenvainadas resonó en el aire con un timbre frío y metálico, una advertencia tan clara como una declaración de guerra, la forma de aquellas hojas me resultaba familiar, me recordaban a las armas que alguna vez portaron mis antiguos nakamas, eran katanas con el mismo tipo de revestimiento y sabía perfectamente lo letales que podían llegar a ser cuando entraban en combate. Solo hicieron falta unos segundos para que la multitud desapareciera como una capa de humo, los murmullos se transformaron en gritos y la curiosidad dio paso al miedo mientras las personas huían en todas direcciones para alejarse de lo que parecía ser una pelea inminente.
Todo aquello me dejaba completamente confundida, no comprendía qué estaba ocurriendo ni por qué todos actuaban de aquella manera, intenté seguir la situación con la mirada, buscando alguna explicación entre los rostros presentes pero de pronto mi visión quedó cubierta por un par de telas que cayeron sobre mí, tomada por sorpresa terminé enredándome con ellas. Perdí el equilibrio casi de inmediato y tras un torpe tropiezo acabé ahora en el suelo, sentada, tratando de apartar aquella maraña de tela mientras intentaba pensar en que podría hacer en este momento.
Luché por liberarme de aquellas prendas hasta quedar completamente libre, al alzar la vista me encontré con una escena que jamás habría imaginado, Hiruzen y Akane no solo eran diestros en la música también eran maestros de las armas de filo, frente a los hombres que los habían emboscado, Akane empuñaba un par de dagas cortas mientras que Hiruzen blandían una extraña hoz unida a una cadena, por un momento me quedé inmóvil, sorprendida al descubrir aquella faceta de ambos.
Me levanté de inmediato al comprender que no era momento de ahogarme en dudas sino de brindarles apoyo, no después de haber compartido un momento tan especial a través de la música. Tomé mi arco y coloqué dos flechas sobre el entallado de madera antes de posicionarme detrás de Akane y Hiruzen, lista para actuar. —- Permítanme ayudarles, ellos son más pero sí surge una oportunidad puedo alcanzarlos con mis flechas y de esta manera podremos irnos.
Amphitrite Toca la Cancion
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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