09-06-2026, 02:16 AM
Luces y sombras se mezclan en la sala que llena de lujos acecha en esta sala, y que Kael, familiar cercano, decidía abrazar como su mayor siervo. Es sin duda un momento ideal para demostrar sus capacidades, y sin duda, no hay momento que le resulte más divertido hasta ese instante que conocer la cantidad de pretendientes que la humink, distinguida en su belleza entre todos los presentes, podía llegar a despertar en todos aquellos invitados que, de alguna forma, no acostumbran a ver a un miembro de su raza que sea capaz de resaltar en tan distinguido momento. La sorpresa tan solo resalta ante la ausencia de mujeres con un atisbo de iniciativa que, lejos de invitar al albino, parecen centradas por completo en sus distintas parejas, dejando de lado al joven de ojos celestes.
Kael, por su parte, aún no había encontrado entre todos los presentes invitados a una presa ideal, ni a nadie que se le asemejase, ni que le sirviera en su proceder. Parece dispuesto a ser selecto, más en el fondo tan solo busca un mínimo instante, cualquiera que no fuese a llamar entre exclamaciones la atención de las buenas y malas gentes que allí había presentes. Su deber era permanecer en la oscuridad, recabando toda información que a sus oídos llegara con calma, y eso, tal y como lo es el arte de la pesca, requiere de una infinita paciencia y parsimonia.
La fiesta acababa de comenzar, pero él tenía en su mente cierto deleite que solo sabría describir en ese mismo momento, y por fortuna, nadie en su sano juicio parecía dispuesto a interrumpirle para tal frivolidad. ¿Quién prestaría atención a tan galante caballero en solitario, para una pregunta banal y sin intención certera ninguna?
Conversaciones triviales, intrascendentales, nimiedades del seno del oro, la flora y la nata que ni siquiera podrían despertar el menor atisbo de pasión en su saber llegaron hasta él, por pura desgracia. Aquello era lo común, lo lógico, pues nadie despertaría entre sus conversaciones algo tal que le permitiera deleitar a oídos indiscretos como el suyo sin mantener la guardia alta. Debía optar por los rincones, por salas poco frecuentadas como aquellas en las que invitados distinguidos no podían acceder sin invitación directa y específica. Colarse por dichos pasillos era un acto temerario, pero si al pasar de las horas no encontraba nada que pudiera servirles a ellos, quizás sería momento de pasar a un nuevo acto en tan dignificada obra...
Hasta que por supuesto, el momento llegó, y mucho antes de lo esperado.
— ¡No es por el dinero!
Un mensaje claro, cargado de incordio en una voz perdida en un hilo que roza los nervios aflorantes en su piel. El azabache no pudo sino prestar atención a aquello, ofreciendo la espalda a los susodichos, ofreciendo sus esfuerzos manuales en percibir más por el sentido auditivo por encima de cualquier otro.
—Es la tercera fiesta en la que decides meterte a apostar y pierdes. Como voy ahora a mirar a la cara a mis amigas en nuestras reuniones del club de lectura. No eres más que un...
Es entonces cuando aquel sonido decidió desaparecer en el ambiente, diluirse entre los sonidos que llenaban la estancia para posteriormente desaparecer en un silencio que se había formado en su mente, ofreciéndose tan solo como testigo de aquella invasión de su espacio personal, aquel ataque contra toda su integridad. Un asesinato contra aquel que se sienta en el trono de la monotonía, y un intento de regicidio contra el rey de semblante inexpugnable.
Esa chica, aquella mujer de cabello rojizo escarlata, había atacado uno de sus más valiosos y recónditos secretos sin tan siquiera ser consciente de ello.
Un susurro...y todo el castillo se vino abajo.
— Vaya, esto va a ir para largo, pero no es que sea algo demasiado extraordinario. A esa mujer le gusta demasiado llamar la atención sin que parezca que está deseando montar una escena, es tan típico...
Dulce melodía para sus oídos, el más bello néctar que se podía recoger entre los bosques de la gallardía y la sutileza, un atisbo de cielo reflejado en una miel que tan sólo él recogería en aquel ínfimo momento que tan solo ambos compartirían.
No fue sorpresa ni sobresalto lo que se tornó en el semblante inamovible del marine. Su mente había cambiado, una pequeña chispa que cambiaría su forma de jugar, ofreciéndole mayor valentía, recargada con un atisbo de osadía que sin duda, sabía como diluir formando con ello una mezcla adecuada...y que roza con lo sincero.
Algo que pocos en el planeta serían capaces de comprender en su ser.
Sus ojos entregaron en su mirada un atisbo de profundidad más extenso. Donde ella observaba un iris, el hombre recaba datos de los plateados, cualquier gesto, parpadeo, atisbo de duda, misterio, firmeza o de una mirada ardiente que camelaba los contrarios podían ser información suficiente para elaborar una estratagema adecuada...y aún así, no dudó un solo instante en mover sus fichas.
—Quizás debáis observarme un poco más a fondo para no perderos ningún detalle. Debe de ser esta la primera fiesta a la que asisto pues, ya que de otra forma jamás habría pasado desapercibida vuestra presencia ante mis ojos.—Si ella jugaba con el espacio personal, Kael entregaría su diestra a sujetar la espalda de la contraria, ofreciéndole soporte para mantener aquella postura, facilitándole su teatro de desvanecimiento.—Vuestro "nombre" os acompaña a la perfección, milady. Considero que es el adecuado para que Phantom le ofrezca su primer baile, si tenéis a bien recibirme.—Y con aquella pintoresca presentación, previo a que pudiera separarse, Kael tomó con la diestra el dorso de la contraria, ofreciendo un suave y casto beso sobre la misma en señal de cortesía, respeto...y una pizca de interés.—Permitidme pues reservar con vos un baile en vuestra lista, señorita Mirage. No quisiera perderme tal oportunidad. Tendremos entonces una conversación pendiente para...conocernos adecuadamente.
Ni pudo ni quiso apartar la mirada. Verla desvanecerse alejándose hasta adquirir una nueva copa sería un pequeño momento guardado en sus adentros, un detalle histórico que, entre cada una de las fiestas a las que había asistido, podría permanecer como recuerdo digno que mereciese la pena sobre tanta parafernalia.
Quitó entonces la copa vacía que la dama había dejado sobre el pomo, dejándole sobre alguna mesa cercana para que se la llevasen los de servicio, observando la puerta con intriga. Había ofrecido una cantidad valiosa de su tiempo en una inversión durante horas posteriores, pero cuando por fin tuvo la capacidad de relajarse y devolver la entereza a sus formas...tan solo pudo volver a desvanecerse, entremezclarse con las masas en sigilosa caminata, permitiéndose así, una vez más, buscar entre aquellos invitados alguna figura interesante...y quizás una presa interesante.
Aunque tal vez, había cometido un error en dejar escapar a aquella dama hasta la hora del baile...pero sólo él sabría definir cuáles eran verdaderas prioridades...y cuáles designios contaminados por un sentimiento que parecía imposible despertar en aquel hombre impasible.
Kael, por su parte, aún no había encontrado entre todos los presentes invitados a una presa ideal, ni a nadie que se le asemejase, ni que le sirviera en su proceder. Parece dispuesto a ser selecto, más en el fondo tan solo busca un mínimo instante, cualquiera que no fuese a llamar entre exclamaciones la atención de las buenas y malas gentes que allí había presentes. Su deber era permanecer en la oscuridad, recabando toda información que a sus oídos llegara con calma, y eso, tal y como lo es el arte de la pesca, requiere de una infinita paciencia y parsimonia.
La fiesta acababa de comenzar, pero él tenía en su mente cierto deleite que solo sabría describir en ese mismo momento, y por fortuna, nadie en su sano juicio parecía dispuesto a interrumpirle para tal frivolidad. ¿Quién prestaría atención a tan galante caballero en solitario, para una pregunta banal y sin intención certera ninguna?
Conversaciones triviales, intrascendentales, nimiedades del seno del oro, la flora y la nata que ni siquiera podrían despertar el menor atisbo de pasión en su saber llegaron hasta él, por pura desgracia. Aquello era lo común, lo lógico, pues nadie despertaría entre sus conversaciones algo tal que le permitiera deleitar a oídos indiscretos como el suyo sin mantener la guardia alta. Debía optar por los rincones, por salas poco frecuentadas como aquellas en las que invitados distinguidos no podían acceder sin invitación directa y específica. Colarse por dichos pasillos era un acto temerario, pero si al pasar de las horas no encontraba nada que pudiera servirles a ellos, quizás sería momento de pasar a un nuevo acto en tan dignificada obra...
Hasta que por supuesto, el momento llegó, y mucho antes de lo esperado.
— ¡No es por el dinero!
Un mensaje claro, cargado de incordio en una voz perdida en un hilo que roza los nervios aflorantes en su piel. El azabache no pudo sino prestar atención a aquello, ofreciendo la espalda a los susodichos, ofreciendo sus esfuerzos manuales en percibir más por el sentido auditivo por encima de cualquier otro.
—Es la tercera fiesta en la que decides meterte a apostar y pierdes. Como voy ahora a mirar a la cara a mis amigas en nuestras reuniones del club de lectura. No eres más que un...
Es entonces cuando aquel sonido decidió desaparecer en el ambiente, diluirse entre los sonidos que llenaban la estancia para posteriormente desaparecer en un silencio que se había formado en su mente, ofreciéndose tan solo como testigo de aquella invasión de su espacio personal, aquel ataque contra toda su integridad. Un asesinato contra aquel que se sienta en el trono de la monotonía, y un intento de regicidio contra el rey de semblante inexpugnable.
Esa chica, aquella mujer de cabello rojizo escarlata, había atacado uno de sus más valiosos y recónditos secretos sin tan siquiera ser consciente de ello.
Un susurro...y todo el castillo se vino abajo.
— Vaya, esto va a ir para largo, pero no es que sea algo demasiado extraordinario. A esa mujer le gusta demasiado llamar la atención sin que parezca que está deseando montar una escena, es tan típico...
Dulce melodía para sus oídos, el más bello néctar que se podía recoger entre los bosques de la gallardía y la sutileza, un atisbo de cielo reflejado en una miel que tan sólo él recogería en aquel ínfimo momento que tan solo ambos compartirían.
No fue sorpresa ni sobresalto lo que se tornó en el semblante inamovible del marine. Su mente había cambiado, una pequeña chispa que cambiaría su forma de jugar, ofreciéndole mayor valentía, recargada con un atisbo de osadía que sin duda, sabía como diluir formando con ello una mezcla adecuada...y que roza con lo sincero.
Algo que pocos en el planeta serían capaces de comprender en su ser.
Sus ojos entregaron en su mirada un atisbo de profundidad más extenso. Donde ella observaba un iris, el hombre recaba datos de los plateados, cualquier gesto, parpadeo, atisbo de duda, misterio, firmeza o de una mirada ardiente que camelaba los contrarios podían ser información suficiente para elaborar una estratagema adecuada...y aún así, no dudó un solo instante en mover sus fichas.
—Quizás debáis observarme un poco más a fondo para no perderos ningún detalle. Debe de ser esta la primera fiesta a la que asisto pues, ya que de otra forma jamás habría pasado desapercibida vuestra presencia ante mis ojos.—Si ella jugaba con el espacio personal, Kael entregaría su diestra a sujetar la espalda de la contraria, ofreciéndole soporte para mantener aquella postura, facilitándole su teatro de desvanecimiento.—Vuestro "nombre" os acompaña a la perfección, milady. Considero que es el adecuado para que Phantom le ofrezca su primer baile, si tenéis a bien recibirme.—Y con aquella pintoresca presentación, previo a que pudiera separarse, Kael tomó con la diestra el dorso de la contraria, ofreciendo un suave y casto beso sobre la misma en señal de cortesía, respeto...y una pizca de interés.—Permitidme pues reservar con vos un baile en vuestra lista, señorita Mirage. No quisiera perderme tal oportunidad. Tendremos entonces una conversación pendiente para...conocernos adecuadamente.
Ni pudo ni quiso apartar la mirada. Verla desvanecerse alejándose hasta adquirir una nueva copa sería un pequeño momento guardado en sus adentros, un detalle histórico que, entre cada una de las fiestas a las que había asistido, podría permanecer como recuerdo digno que mereciese la pena sobre tanta parafernalia.
Quitó entonces la copa vacía que la dama había dejado sobre el pomo, dejándole sobre alguna mesa cercana para que se la llevasen los de servicio, observando la puerta con intriga. Había ofrecido una cantidad valiosa de su tiempo en una inversión durante horas posteriores, pero cuando por fin tuvo la capacidad de relajarse y devolver la entereza a sus formas...tan solo pudo volver a desvanecerse, entremezclarse con las masas en sigilosa caminata, permitiéndose así, una vez más, buscar entre aquellos invitados alguna figura interesante...y quizás una presa interesante.
Aunque tal vez, había cometido un error en dejar escapar a aquella dama hasta la hora del baile...pero sólo él sabría definir cuáles eran verdaderas prioridades...y cuáles designios contaminados por un sentimiento que parecía imposible despertar en aquel hombre impasible.
Phantom
