07-06-2026, 11:09 PM
(Última modificación: 07-06-2026, 11:16 PM por Max D. Bambú.)
Se dio cuenta de su presencia antes de que se abrieran las cortinas que la ocultaban. En un principio no la había notado, lo cual parecía completamente inverosímil. El poder de Elisabeth D. Kaiten sobrepasaba con creces toda fuerza que el panda hubiera experimentado a lo largo de su vida. Sin embargo, había una lógica detrás de esta pequeña falta de percepción. Don Bambú había estado buscando una presencia fuerte como la de Alhen, algo más brillante si cabe, pero el brillo de la Comandante Suprema era tan intenso que lo impregnaba todo. Era, de alguna forma, como intentar buscar Madrid desde la Puerta del Sol.
La exuberante mujer hizo aparición de entre las cortinas extendiendo sus brazos hacia su devoto público. El panda, que estaba bastante nervioso, decidió unirse a la ovación con un potente grito de júbilo. Sus palmas chocaban con fuerza la una contra la otra provocando sonoros aplausos que se fundían con los del público. No cabía en sí mismo de la emoción, porque finalmente allí estaba, delante suya, la persona que le daba sentido a todo. Se trataba de una Kuja, lo cual delataba su inmensa belleza, y era bastante bajita desde la perspectiva del panda, que siempre se había imaginado a la Comandante Suprema como una persona más grande que él. En cuanto hizo el saludo oficial de la Revolución el panda lo devolvió al momento, cuadrándose militarmente y regresando a la marcial seriedad que le caracterizaba frente a sus superiores. Elizabeth parecía una mujer extremadamente agradable. Poseía un carisma natural y tenía una voz cautivadora. Tanto era así que cuando ella hablaba, Don Bambú nunca se atrevería a interrumpirla. No sólo porque era su superior, sino porque sería un crimen impedirle que hablara. Sencillamente no estaría bien. Se bebió su discurso como si estuviera sediento de agua en el desierto. Hizo rápidamente la conexión con su estatus en Amazon Lilly en cuanto mencionó la isla, la cual conocía bastante bien a través de los libros y no se sorprendió cuando mencionó que se trataba de la emperatriz de las Kujas. Después de todo, no había nadie más adecuado para liderarlas que ella, a ojos del panda. Sonrió con el chiste de los maleantes de la Revolución y asintió solemnemente ante la mención de "El Puño". La segunda Mano del Ejército, segunda en el sentido de que primero había conocido a Alhen, claro, era una leyenda. Una leyenda como todas las que se encontraban sobre aquella tarima ahora mismo.
Una serpiente con un severo caso de obesidad hizo acto de presencia a espaldas de la Kuja, acercándose a ella con expectativas de cariñitos. Don Bambú estaba seguro de que la mayoría de los hombres y mujeres presentes en aquella reunión desearían ser esa serpiente ahora mismo, él, desde luego, también lo hubiera deseado. Después de la presentación de la serpiente, el discurso de la Elizabeth adquirió un tono mucho más beligerante. Sus palabras inflamaban, estaba seguro de ello, los corazones de todos los presentes como inflamaban el corazón del panda. Sentía en las palabras de la Comandante Suprema las suyas propias expresadas con una claridad cristalina y un carisma arrollador. Fue entonces cuando dos enormes alas llameantes de un color parecido al pelo de Garnet, aunque bastante difícil de percibir correctamente para el panda, surgieron en lugar de los brazos de ella. Bambú se quedó mudo, anonadado ante la increíble presencia de su líder y el fuego que de ella emanaba reflejado en sus ojos desorbitados. —Esto es sin lugar a dudas... ¡Suzaku! —Sus estudios habían dado sus frutos. Conocía de sobra las frutas del diablo mitológicas como para no asociar las alas y el fuego al ave legendaria guardiana del sur.
Cuando el discurso de Elizabeth terminó, el público estalló en ovaciones muchísimo más potentes que las que recibieron a la Comandante Suprema y Don Bambú se unió a ellas con un fanatismo incendiario que le caracterizaba. De algún modo toda posibilidad de derrota se había desvanecido de sus mentes. Ante el Ejército que se levantaba en armas aquella noche no habría defensa alguna que pudiera detenerlo. La Revolución, finalmente, había llegado.
La exuberante mujer hizo aparición de entre las cortinas extendiendo sus brazos hacia su devoto público. El panda, que estaba bastante nervioso, decidió unirse a la ovación con un potente grito de júbilo. Sus palmas chocaban con fuerza la una contra la otra provocando sonoros aplausos que se fundían con los del público. No cabía en sí mismo de la emoción, porque finalmente allí estaba, delante suya, la persona que le daba sentido a todo. Se trataba de una Kuja, lo cual delataba su inmensa belleza, y era bastante bajita desde la perspectiva del panda, que siempre se había imaginado a la Comandante Suprema como una persona más grande que él. En cuanto hizo el saludo oficial de la Revolución el panda lo devolvió al momento, cuadrándose militarmente y regresando a la marcial seriedad que le caracterizaba frente a sus superiores. Elizabeth parecía una mujer extremadamente agradable. Poseía un carisma natural y tenía una voz cautivadora. Tanto era así que cuando ella hablaba, Don Bambú nunca se atrevería a interrumpirla. No sólo porque era su superior, sino porque sería un crimen impedirle que hablara. Sencillamente no estaría bien. Se bebió su discurso como si estuviera sediento de agua en el desierto. Hizo rápidamente la conexión con su estatus en Amazon Lilly en cuanto mencionó la isla, la cual conocía bastante bien a través de los libros y no se sorprendió cuando mencionó que se trataba de la emperatriz de las Kujas. Después de todo, no había nadie más adecuado para liderarlas que ella, a ojos del panda. Sonrió con el chiste de los maleantes de la Revolución y asintió solemnemente ante la mención de "El Puño". La segunda Mano del Ejército, segunda en el sentido de que primero había conocido a Alhen, claro, era una leyenda. Una leyenda como todas las que se encontraban sobre aquella tarima ahora mismo.
Una serpiente con un severo caso de obesidad hizo acto de presencia a espaldas de la Kuja, acercándose a ella con expectativas de cariñitos. Don Bambú estaba seguro de que la mayoría de los hombres y mujeres presentes en aquella reunión desearían ser esa serpiente ahora mismo, él, desde luego, también lo hubiera deseado. Después de la presentación de la serpiente, el discurso de la Elizabeth adquirió un tono mucho más beligerante. Sus palabras inflamaban, estaba seguro de ello, los corazones de todos los presentes como inflamaban el corazón del panda. Sentía en las palabras de la Comandante Suprema las suyas propias expresadas con una claridad cristalina y un carisma arrollador. Fue entonces cuando dos enormes alas llameantes de un color parecido al pelo de Garnet, aunque bastante difícil de percibir correctamente para el panda, surgieron en lugar de los brazos de ella. Bambú se quedó mudo, anonadado ante la increíble presencia de su líder y el fuego que de ella emanaba reflejado en sus ojos desorbitados. —Esto es sin lugar a dudas... ¡Suzaku! —Sus estudios habían dado sus frutos. Conocía de sobra las frutas del diablo mitológicas como para no asociar las alas y el fuego al ave legendaria guardiana del sur.
Cuando el discurso de Elizabeth terminó, el público estalló en ovaciones muchísimo más potentes que las que recibieron a la Comandante Suprema y Don Bambú se unió a ellas con un fanatismo incendiario que le caracterizaba. De algún modo toda posibilidad de derrota se había desvanecido de sus mentes. Ante el Ejército que se levantaba en armas aquella noche no habría defensa alguna que pudiera detenerlo. La Revolución, finalmente, había llegado.
Datos
