06-06-2026, 08:38 PM
El poder de su akuma no mi seguía siendo una cosa extraña para su cuerpo. Normal, por un lado; llevaba poco más de un año con ella, experimentando sus capacidades y limitaciones con el agregado de que la suya no era una habilidad precisamente benigna para entrenar. El veneno era peligroso en cualquier dosis, cualquier intensidad, y para cualquier organismo; utilizarlo de forma irresponsable, a lo loco, sin pensar en sus consecuencias, era receta para el desastre. Testear los límites se hacía difícil cuando un mal movimiento podía modificar significativamente el devenir de las vidas de un pueblo entero. Contaminar el agua, el suelo, las plantaciones o los animales por un error de cálculo.
Por eso vigilaba sus manos mientras se abría paso. Derritió una porción precisa del alto libustro utilizando la cantidad justa de veneno ácido, que paró se secretar en el segundo que pasó al otro lado y se encontró con Miyori.
—Oi, oi, ¿no ves lo que le acabo de hacer a ese arbusto? —Sus manos, ya secas y seguras, sujetaron a la joven pirata de la cintura—. Probablemente hiciste bien en no acercarte. ¿Sabes el escándalo? “¡Capitán recién promovido es visto cenando con una celebridad de la piratería!” Las tapas de todos los periódicos.
Probablemente estaba exagerando. No sé consideraba tan importante ( aún ) para que los medios estuvieran encima suyo. La noticia del ascenso todavía no era pública y, aunque lo fuera, solo era otro uniformado más con chaqueta. Necesitaba escalar a los rangos que pululaban en torno a la palabra “Almirante” ( contraalmirante, vicealmirante ) para empezar a considerarse alguien con un nombre en la marina. Estaba lejos. Ya no taaaan lejos, pero lejos.
Acomodó un mechón de cabello anaranjado, apartándolo del rostro de Miyori cuando se separaron.
—Casi me preocupo cuando esos locos secuestraron el barco del New Era Joy Park, pero te vi bastante entera a la salida —señaló, la ceja alzada y los brazos en jarra—. Creo que yo estaba más golpeado que tú. —La sujetó del mentón, en un rápido movimiento, y forzó el agolpar de sus labios en un morro infantil. Igual de infantil, o más, que el puchero que estaba haciendo antes—. ¿O no? Hmm, a menos que ese violín sea más duro de lo que aparenta, tendrás que explicarme como te defendiste ahí abajo. Empiezo a dudar que seas tan indefensa como aparentas, Naranjita.
Levantó su sombrero, miró dentro y después volvió a colocarlo en su lugar.
—No hay armas ocultas ahí, al menos. Ni parece que tengas un tercer ojo que dispare láser…
Y, súbitamente, Miyori tuvo una revelación. Una que lo interpelaba directamente. Saint Vangelis Enji, Capitán de la marina, nunca había sido visto por ella completamente vestido. Por ella y por muchas otras personas tampoco. Era su firma, su peculiaridad.
—¿Desnudo? —replicó, y se echó un vistazo—. No estoy desnudo —dijo, escéptico—. ¿No ves estos?
Se sujetó del elástico los boxers, dando dos pasos atrás.
—Y están limpios, eh. Solo que, bueno, este lugar está lleno de tierra. Y hojas. Y ramas… —empezó a enumerar, reanudando su andar por el laberinto. Súbitamente no era tan importante encontrar el camino correcto—. ¿Que tal te ha sentado la Grand Line, eh? Este es otro mundo, bastante diferente al South Blue. Aquí todos pueden ser unos granujas o unos héroes.
Por eso vigilaba sus manos mientras se abría paso. Derritió una porción precisa del alto libustro utilizando la cantidad justa de veneno ácido, que paró se secretar en el segundo que pasó al otro lado y se encontró con Miyori.
—Oi, oi, ¿no ves lo que le acabo de hacer a ese arbusto? —Sus manos, ya secas y seguras, sujetaron a la joven pirata de la cintura—. Probablemente hiciste bien en no acercarte. ¿Sabes el escándalo? “¡Capitán recién promovido es visto cenando con una celebridad de la piratería!” Las tapas de todos los periódicos.
Probablemente estaba exagerando. No sé consideraba tan importante ( aún ) para que los medios estuvieran encima suyo. La noticia del ascenso todavía no era pública y, aunque lo fuera, solo era otro uniformado más con chaqueta. Necesitaba escalar a los rangos que pululaban en torno a la palabra “Almirante” ( contraalmirante, vicealmirante ) para empezar a considerarse alguien con un nombre en la marina. Estaba lejos. Ya no taaaan lejos, pero lejos.
Acomodó un mechón de cabello anaranjado, apartándolo del rostro de Miyori cuando se separaron.
—Casi me preocupo cuando esos locos secuestraron el barco del New Era Joy Park, pero te vi bastante entera a la salida —señaló, la ceja alzada y los brazos en jarra—. Creo que yo estaba más golpeado que tú. —La sujetó del mentón, en un rápido movimiento, y forzó el agolpar de sus labios en un morro infantil. Igual de infantil, o más, que el puchero que estaba haciendo antes—. ¿O no? Hmm, a menos que ese violín sea más duro de lo que aparenta, tendrás que explicarme como te defendiste ahí abajo. Empiezo a dudar que seas tan indefensa como aparentas, Naranjita.
Levantó su sombrero, miró dentro y después volvió a colocarlo en su lugar.
—No hay armas ocultas ahí, al menos. Ni parece que tengas un tercer ojo que dispare láser…
Y, súbitamente, Miyori tuvo una revelación. Una que lo interpelaba directamente. Saint Vangelis Enji, Capitán de la marina, nunca había sido visto por ella completamente vestido. Por ella y por muchas otras personas tampoco. Era su firma, su peculiaridad.
—¿Desnudo? —replicó, y se echó un vistazo—. No estoy desnudo —dijo, escéptico—. ¿No ves estos?
Se sujetó del elástico los boxers, dando dos pasos atrás.
—Y están limpios, eh. Solo que, bueno, este lugar está lleno de tierra. Y hojas. Y ramas… —empezó a enumerar, reanudando su andar por el laberinto. Súbitamente no era tan importante encontrar el camino correcto—. ¿Que tal te ha sentado la Grand Line, eh? Este es otro mundo, bastante diferente al South Blue. Aquí todos pueden ser unos granujas o unos héroes.

