06-06-2026, 08:36 PM
(Última modificación: 06-06-2026, 08:48 PM por Saint Ethanbaron V. Nusjuro.)
Cientos o miles de personas, hombres y mujeres de todas las razas y de todas las partes del mundo estaban reunidos aquí, en la primera asamblea, para dar un paso en dirección al cambio del mundo en su totalidad. Cientos o miles de personas... eran tan difícil concretarlos a todos ellos... saber cuántos eran... y aunque me encantaría poder escuchar sus historias, comprender su dolor, conocer la motivación detrás de sus pasos para querer luchar conjuntamente para abolir la tiranía de los opresores, pero me era imposible tener el tiempo material para poder tener esa conversación con absolutamente todos ellos.
¿Cuántos habría realmente? ¿Qué esperarían de la asamblea? ¿Qué esperarían de mi? ¿Sería suficiente como para poder inspirarlos? ¿Estaba nerviosa? Negué con la cabeza y miré mis manos por la palma y el dorso, alternando ambas posiciones con calma y lentitud fijándome en las líneas y las marcas de las mismas y unas pequeñas llamas rojizas danzando en ellas.
La cabeza de Alhen salió de entre las cortinas llamándome por mi apodo más cercano y sacándome de mis propias preocupaciones, diciéndome que todos estaban ahí a excepción de él. Sonreí cerrando los ojos — El Puño siendo El Puño ¿no? — contesté sonriendo dándole respuesta normalizando la ausencia de una de mis dos manos — Se encargará de que no nos molesten — declaré con seguridad y diversión. Era el hombre más confiable y fuerte que conocía, pero sabía que era un alma completa y absolutamente libre. El día que lo necesitase, estaría ahí, pero mientras tanto sabía que todo lo que hacía era guiado por su corazón, y su corazón era la Revolución en si misma.
Mientras Alhen desaparecía de nuevo, me levanté y alisé mi falda con las manos apagando las llamas que había en ellas y me dispuse a salir a recibir a todos los presentes. Suspiré, introduje las manos entre ambas cortinas y haciéndolas a un lado cada una de ellas emergí hacia el lugar de recepción de discurso que teníamos preparado.
En cuanto salí a escena extendí ambas manos de lado a lado mientras caminaba hacia el frente, recibiendo una ovación y un griterío de júbilo por parte de todos los presentes que aplaudían y silbaban a la vez mientras recorría la distancia hacia el extremo de la zona elevada para estar más cerca de ellos. Al alcanzar ese extremo llevé mis pulgares a mis sienes, el resto de los dedos hacia el techo, con los codos desplazados hacia fuera y saqué la lengua realizando el saludo formal y oficial de los Revolucionarios - idea original de El Puño, por cierto - mientras reía alegremente mostrando mi sonrisa a todos — ¡Qué alegría veros a todos! — declaré sonriendo deshaciendo el saludo y comenzando a saludar mientras los saludos y los gritos se mantenían en el ambiente, pasando así un par de minutos hasta que el recibimiento se calmó.
Alcé el puño izquierdo cerrado al aire para que todos guardasen silencio, y me dispuse a hacer lo que había venido a hacer.
— Gracias a todos por venir — dije con honestidad, elevando el tono para que pudiesen escucharme bajando el puño para dejar la mano relajada al lado de mi cadera — Es increíble ver cuántas buenas gentes se han unido a esta causa, no puedo estaros más agradecida por dedicar vuestras vidas a conseguir un futuro justo e igualitario para todos — e hice una pequeña pausa para mirar y apreciar realmente cuánta cantidad de personas había ahí, deduciendo que no podía llegar a escatimar con exactitud la magnitud de aquellas personas.
— Sé que todos habréis oído hablar de mi, aunque no muchos me hayáis visto hasta ahora en persona... Soy Elizabeth D. Kaiten, nací en Amazon Lilly y actualmente soy considerada la Emperatriz de las Kuja además de la malvada líder de los apestosos maleantes que van contra el maravilloso gobiernoooo uuuuh — dije poniendo tono de falso terror, como cuando intentas asustar a un niño pequeño, y reí llevándome la mano a la boca cubriéndola en parte — Tsutsutsutsutsu — suspiré y volví a adoptar una postura neutral bajando la mano a mis caderas — Alhen ya os ha presentado a todo el mundo de mi círculo de confianza personal, a excepción de la ausencia de un gran amigo que se dedica al trabajo de campo más arriesgado y directo... a quien algún día conoceréis sin duda en persona, le llaman "El Puño de la Revolución", seguro que ya sabéis a quien me refiero — entonces arrastrándose rápido pese a su grotesco tamaño, una serpiente blanca con manchas azules muy obesa se deslizó desde la zona de las cortinas hasta estar cubriendo mi espalda — ¡Y esta es Katsuyu! Mi mejor amiga y mi dietista — me incliné un poco hacia delante con gesto cómplice guiñando un ojo — Se encarga de que coma lo justo y necesario comiéndose todo lo demás ella tsutsutsutsutsutsu — bromeé riendo y negué con la cabeza y la mano volviendo a mi postura anterior — Sólo bromeo, me ha salvado la vida más veces de las que puedo contar... — añadí pasando mi mano por la cabeza de la serpiente que se acercaba a mi costado derecho, con cariño y mimo.
— Hoy es un día histórico para toda nuestra causa, camaradas. Hoy nos reunimos en la isla que fue nuestra primera base y refugio para honrar a los camaradas caídos, para elogiar a los camaradas presentes, y para planear los pasos del futuro. Hoy, me impresiona poder ver cuántas personas estamos aquí reunidas y cuántos de vosotros, vosotras y vosotres habéis decidido dar vuestra vida para construir un mundo sin la tiranía del Gobierno Mundial. El camino de la rectitud está por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos y hoy, aquí, por fin, establecemos un antes y un después para nuestra causa y tomamos acción de forma definitiva estableciendo unos conceptos y misiones claros en los que vamos a dejarnos la piel, el sudor, la sangre y la vida si hace falta, para poder terminar de decantar la balanza a nuestro favor — el eco de mis palabras llenó la cámara en la que estábamos y resonó varios segundos cuando paré a tomar aire — Desde hoy os hago el juramento que en su momento hice sobre mi propia convicción, un juramento en el que os prometo mi vida si vosotros me prometéis la vuestra para dedicarlas todas juntas para lograr la libertad, la verdad, y la igualdad. Hoy la Armada Revolucionaria por la Liberación del Pueblo dará un paso al frente, y desde hoy NADA SERÁ IGUAL PARA ESOS OPRESORES — finalicé gritando y mientras los expandía a ambos lados de mi cuerpo, convertí mis brazos en mis dos flamígeras alas carmesíes con un sonoro sonido seco de ignición, ampliando la envergadura de mi presencia y haciendo que pequeñas virutas de brasas candentes se esparciesen a mis lados — HOY EL FUEGO DE LA REVOLUCIÓN ARDERÁ CON MÁS FUERZA QUE NUNCA, Y LOS PODEROSOS TEMBLARÁN EN SUS CASTILLOS Y FORTALEZAS SABIENDO QUE SE LES AGOTA EL TIEMPO ¡HOY COMIENZA EL MAÑANA! ¡¡HOY DAREMOS INICIO A LA CAÍDA DEL RÉGIMEN DEL MUNDO!! — grité a pleno pulmón haciendo resonar mis palabras aun más que antes, mientras el zumbar de las lenguas de fuego de mis alas y el brillo de estas mismas mantenían el foco en mi reforzando mi discurso.
Y al terminar, cuando el eco de mis palabras se diluyó en los recovecos de las paredes, el griterío del inicio en mi llegada parecía un susurro en comparación con el ruido que se hacía hoy.
La Revolución saldría de este lugar reorganizada, reubicada, concreta y con sus efectivos enfocados en realizar distintas tareas dependiendo de la zona en la que estuvieran. Las instrucciones eran claras, Alhen podía explicarlo todo a cada Comandante y estos a sus subordinados. Pero mi presencia era necesaria. No podía esperar su lealtad y su dedicación si yo no daba la cara ante todos ellos.
¿Cuántos habría realmente? ¿Qué esperarían de la asamblea? ¿Qué esperarían de mi? ¿Sería suficiente como para poder inspirarlos? ¿Estaba nerviosa? Negué con la cabeza y miré mis manos por la palma y el dorso, alternando ambas posiciones con calma y lentitud fijándome en las líneas y las marcas de las mismas y unas pequeñas llamas rojizas danzando en ellas.
La cabeza de Alhen salió de entre las cortinas llamándome por mi apodo más cercano y sacándome de mis propias preocupaciones, diciéndome que todos estaban ahí a excepción de él. Sonreí cerrando los ojos — El Puño siendo El Puño ¿no? — contesté sonriendo dándole respuesta normalizando la ausencia de una de mis dos manos — Se encargará de que no nos molesten — declaré con seguridad y diversión. Era el hombre más confiable y fuerte que conocía, pero sabía que era un alma completa y absolutamente libre. El día que lo necesitase, estaría ahí, pero mientras tanto sabía que todo lo que hacía era guiado por su corazón, y su corazón era la Revolución en si misma.
Mientras Alhen desaparecía de nuevo, me levanté y alisé mi falda con las manos apagando las llamas que había en ellas y me dispuse a salir a recibir a todos los presentes. Suspiré, introduje las manos entre ambas cortinas y haciéndolas a un lado cada una de ellas emergí hacia el lugar de recepción de discurso que teníamos preparado.
En cuanto salí a escena extendí ambas manos de lado a lado mientras caminaba hacia el frente, recibiendo una ovación y un griterío de júbilo por parte de todos los presentes que aplaudían y silbaban a la vez mientras recorría la distancia hacia el extremo de la zona elevada para estar más cerca de ellos. Al alcanzar ese extremo llevé mis pulgares a mis sienes, el resto de los dedos hacia el techo, con los codos desplazados hacia fuera y saqué la lengua realizando el saludo formal y oficial de los Revolucionarios - idea original de El Puño, por cierto - mientras reía alegremente mostrando mi sonrisa a todos — ¡Qué alegría veros a todos! — declaré sonriendo deshaciendo el saludo y comenzando a saludar mientras los saludos y los gritos se mantenían en el ambiente, pasando así un par de minutos hasta que el recibimiento se calmó.
Alcé el puño izquierdo cerrado al aire para que todos guardasen silencio, y me dispuse a hacer lo que había venido a hacer.
— Gracias a todos por venir — dije con honestidad, elevando el tono para que pudiesen escucharme bajando el puño para dejar la mano relajada al lado de mi cadera — Es increíble ver cuántas buenas gentes se han unido a esta causa, no puedo estaros más agradecida por dedicar vuestras vidas a conseguir un futuro justo e igualitario para todos — e hice una pequeña pausa para mirar y apreciar realmente cuánta cantidad de personas había ahí, deduciendo que no podía llegar a escatimar con exactitud la magnitud de aquellas personas.
— Sé que todos habréis oído hablar de mi, aunque no muchos me hayáis visto hasta ahora en persona... Soy Elizabeth D. Kaiten, nací en Amazon Lilly y actualmente soy considerada la Emperatriz de las Kuja además de la malvada líder de los apestosos maleantes que van contra el maravilloso gobiernoooo uuuuh — dije poniendo tono de falso terror, como cuando intentas asustar a un niño pequeño, y reí llevándome la mano a la boca cubriéndola en parte — Tsutsutsutsutsu — suspiré y volví a adoptar una postura neutral bajando la mano a mis caderas — Alhen ya os ha presentado a todo el mundo de mi círculo de confianza personal, a excepción de la ausencia de un gran amigo que se dedica al trabajo de campo más arriesgado y directo... a quien algún día conoceréis sin duda en persona, le llaman "El Puño de la Revolución", seguro que ya sabéis a quien me refiero — entonces arrastrándose rápido pese a su grotesco tamaño, una serpiente blanca con manchas azules muy obesa se deslizó desde la zona de las cortinas hasta estar cubriendo mi espalda — ¡Y esta es Katsuyu! Mi mejor amiga y mi dietista — me incliné un poco hacia delante con gesto cómplice guiñando un ojo — Se encarga de que coma lo justo y necesario comiéndose todo lo demás ella tsutsutsutsutsutsu — bromeé riendo y negué con la cabeza y la mano volviendo a mi postura anterior — Sólo bromeo, me ha salvado la vida más veces de las que puedo contar... — añadí pasando mi mano por la cabeza de la serpiente que se acercaba a mi costado derecho, con cariño y mimo.
— Hoy es un día histórico para toda nuestra causa, camaradas. Hoy nos reunimos en la isla que fue nuestra primera base y refugio para honrar a los camaradas caídos, para elogiar a los camaradas presentes, y para planear los pasos del futuro. Hoy, me impresiona poder ver cuántas personas estamos aquí reunidas y cuántos de vosotros, vosotras y vosotres habéis decidido dar vuestra vida para construir un mundo sin la tiranía del Gobierno Mundial. El camino de la rectitud está por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos y hoy, aquí, por fin, establecemos un antes y un después para nuestra causa y tomamos acción de forma definitiva estableciendo unos conceptos y misiones claros en los que vamos a dejarnos la piel, el sudor, la sangre y la vida si hace falta, para poder terminar de decantar la balanza a nuestro favor — el eco de mis palabras llenó la cámara en la que estábamos y resonó varios segundos cuando paré a tomar aire — Desde hoy os hago el juramento que en su momento hice sobre mi propia convicción, un juramento en el que os prometo mi vida si vosotros me prometéis la vuestra para dedicarlas todas juntas para lograr la libertad, la verdad, y la igualdad. Hoy la Armada Revolucionaria por la Liberación del Pueblo dará un paso al frente, y desde hoy NADA SERÁ IGUAL PARA ESOS OPRESORES — finalicé gritando y mientras los expandía a ambos lados de mi cuerpo, convertí mis brazos en mis dos flamígeras alas carmesíes con un sonoro sonido seco de ignición, ampliando la envergadura de mi presencia y haciendo que pequeñas virutas de brasas candentes se esparciesen a mis lados — HOY EL FUEGO DE LA REVOLUCIÓN ARDERÁ CON MÁS FUERZA QUE NUNCA, Y LOS PODEROSOS TEMBLARÁN EN SUS CASTILLOS Y FORTALEZAS SABIENDO QUE SE LES AGOTA EL TIEMPO ¡HOY COMIENZA EL MAÑANA! ¡¡HOY DAREMOS INICIO A LA CAÍDA DEL RÉGIMEN DEL MUNDO!! — grité a pleno pulmón haciendo resonar mis palabras aun más que antes, mientras el zumbar de las lenguas de fuego de mis alas y el brillo de estas mismas mantenían el foco en mi reforzando mi discurso.
Y al terminar, cuando el eco de mis palabras se diluyó en los recovecos de las paredes, el griterío del inicio en mi llegada parecía un susurro en comparación con el ruido que se hacía hoy.
La Revolución saldría de este lugar reorganizada, reubicada, concreta y con sus efectivos enfocados en realizar distintas tareas dependiendo de la zona en la que estuvieran. Las instrucciones eran claras, Alhen podía explicarlo todo a cada Comandante y estos a sus subordinados. Pero mi presencia era necesaria. No podía esperar su lealtad y su dedicación si yo no daba la cara ante todos ellos.
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