24-11-2023, 11:16 PM
Las adversidades vividas en Whisky Peaks sirvieron para crear una unión entre Nadja y la tripulación que fue cimentándose con el pasar de los días. Al principio la mujer no sabía si lograría encajar bien con ellos, pero la verdad es que resultaban ser encantadores. Habían formado una familia, donde existían los piques, las bromas, las riñas pero también el cariño. Le recordaba a su propia familia, una rota y desestructurada, pero que no cambiaría por nada. Notaba que entre el ánimo del grupo, Caoba se quedaba un poco descolgade y Nadja siempre intentaba integrarle y hacerle partícipe de las conversaciones para que no se quedase marginade, pero la pérdida de Moris le había afectado.
El momento de arribar a la nueva isla llegó. El calor empezaba a ser notable, en parte por la proximidad de la nueva estación, pero también porque aquella isla era una jungla, cálida y húmeda. Nadja estaba acostumbrada a las temperaturas más altas de Arabasta, sin embargo, la humedad tropical se le hacía tremendamente cargante y pesada. El calor de isla Sandy era desértico, árido y áspero, no selvático. Se encontraba a solas en el camarote, un milagro teniendo en cuenta que lo compartía con Enma -aunque no solía dormir allí-, Don Bambú y Caoba. Tenían que buscar una forma de ampliar ese barco... una reforma o lo que sea, había demasiado poco espacio para todos los que eran. Aprovechó aquella breve intimidad para cambiarse a una ropa más ligera con la que moverse cómodamente.
Se vistió con un top sin mangas de color negro, unos shorts del mismo color rodeados por un cinturón dorado y unas sandalias con una pequeña plataforma de un par de centímetros. Le dolía no poder ponerse sus tacones como de costumbre, pero tenía la ligerísima impresión de que le serían incómodos en aquella jungla. Se recogió los largos mechones rubios en una trenza y se colocó unas gafas de sol con tonos morados. Llevaba una pistolera rodeando su torso, donde guardaba a su querida Áspro, y con Stravrós a la espalda.
Salió del camarote hasta la cubierta, había quedado allí con Kovashi para salir los dos a la isla a hacer un poco de reconocimiento, aunque realmente cualquiera de la tripulación podía unirse a ellos si querían, no es que se tratara de una cita ni nada... ¿entonces porqué Nadja se había arreglado tanto e incluso pintado los ojos? A saber, cosas de chicas. La verdad es que le gustaba ser coqueta y verse bien a sí misma, nada que ver con la presencia de un hombre cicatrizado y fornido. Se quedó esperándole mientras revisaba que llevaba una buena cantidad de munición, estaba lista para desembarcar y explorar el nuevo paisaje. ¿Encontrarían civilización?
El momento de arribar a la nueva isla llegó. El calor empezaba a ser notable, en parte por la proximidad de la nueva estación, pero también porque aquella isla era una jungla, cálida y húmeda. Nadja estaba acostumbrada a las temperaturas más altas de Arabasta, sin embargo, la humedad tropical se le hacía tremendamente cargante y pesada. El calor de isla Sandy era desértico, árido y áspero, no selvático. Se encontraba a solas en el camarote, un milagro teniendo en cuenta que lo compartía con Enma -aunque no solía dormir allí-, Don Bambú y Caoba. Tenían que buscar una forma de ampliar ese barco... una reforma o lo que sea, había demasiado poco espacio para todos los que eran. Aprovechó aquella breve intimidad para cambiarse a una ropa más ligera con la que moverse cómodamente.
Se vistió con un top sin mangas de color negro, unos shorts del mismo color rodeados por un cinturón dorado y unas sandalias con una pequeña plataforma de un par de centímetros. Le dolía no poder ponerse sus tacones como de costumbre, pero tenía la ligerísima impresión de que le serían incómodos en aquella jungla. Se recogió los largos mechones rubios en una trenza y se colocó unas gafas de sol con tonos morados. Llevaba una pistolera rodeando su torso, donde guardaba a su querida Áspro, y con Stravrós a la espalda.
Salió del camarote hasta la cubierta, había quedado allí con Kovashi para salir los dos a la isla a hacer un poco de reconocimiento, aunque realmente cualquiera de la tripulación podía unirse a ellos si querían, no es que se tratara de una cita ni nada... ¿entonces porqué Nadja se había arreglado tanto e incluso pintado los ojos? A saber, cosas de chicas. La verdad es que le gustaba ser coqueta y verse bien a sí misma, nada que ver con la presencia de un hombre cicatrizado y fornido. Se quedó esperándole mientras revisaba que llevaba una buena cantidad de munición, estaba lista para desembarcar y explorar el nuevo paisaje. ¿Encontrarían civilización?
