24-11-2023, 09:15 PM
¿Qué estaba sucediendo? Alzeid estaba completamente desconcertado ante aquel panorama. Después de haber invitado a Irina expresamente a acompañarle por el camino que seguramente fuese el más interesante de todos, ésta no lo aceptó. Pero lo que más le impresionó a Alzeid no fue la no aceptación, ya que esta no fue expresa, sino el hecho de dejarlo todo en manos de Daryl. ¿Qué le estaba sucediendo? A veces, resultaba difícil de descifrar. A ojos de Alzeid, el alma de la pelirroja en esos momentos estaba revolviéndose, moviéndose de un lado para otro de forma aleatoria y descoordinada, y eso le llamaba la atención. ¿Acaso ella había pensado en un plan y por eso estaba dejándose llevar? ¿O es que estaba haciendo rabiar a Daryl por algún motivo? - ¡¿Acaso se gustan y está celosa por las otras dos?! - Pensó para sí mismo, con un cierto tono de sorpresa. Alzeid se acercó a Ikirami para inspeccionarla un poco y ver qué podría ofrecerle a alguien como Irina. Pero no encontraba nada. A Daryl no quiso acercarse, pues era bastante hipocondríaco y prudente con las posibles plagas que solían contagiar ciertas especies de animales. Especialmente, las caninas. Alzeid seguía sin entender nada.
Mientras, el sonido que provenía de aquel túnel se hacía cada vez más fuerte y más evidente. En la cabeza de Alzeid y debido a sus creencias, escuchaba algo más un simple sonido metálico, una voz que le decía que fuese hacia ella. Que le salvara. - ¿Acaso hay un alma esperándome? - Se mordió el labio. Se dio la vuelta, alejándose nuevamente de Ikirami y se acercó a la entrada del túnel de la izquierda. En ese momento, un sonido todavía más fuerte resonó en su cabeza. Estaba justo detrás de él así que se dio la vuelta para comprobar qué era. - La gigante... - Susurró. Al final, el plan que había pensado el canino no había funcionado en lo más mínimo. Una en la entrada, dos hacia un lado, uno por otro lado... Y resulta que Irina quiso que la última aparición del grupo se sumase al suyo, aunque dejando caer alguna que otra broma hacia Daryl. Se gustaban, no había duda. A Alzeid le encantaban los cotilleos así que esto traería que hablar. Las reacciones que estaba teniendo con Ikirami, mostrando un repentino interés por ella, también eran bastante sospechosas. Pero ya habría tiempo de pensar en eso. Al fin y al cabo, se había juntado con este grupo de forma accidental y, a pesar de que alguna de esas almas resultase aparentemente interesante... había todavía muchas otras más sabrosas esperando por él. En algún lugar.
Con la llegada de la gigante, los agentes y la marine se dividieron en tres grupos diferentes para ir por cada uno de los tres caminos caminos: Alzeid por la izquierda, Daryl por el centro y el resto por el último. - Suerte con la gigante. - Movió su mano derecha de un lado a otro, despidiéndose del grupo. Agarró un par de cajas y las vació, dejando los materiales en el suelo, y colocó un par de ellas en la vagoneta. Una encima de la otra para, finalmente, posar sobre ellas una de las jaulas que había en aquel lugar. Concretamente, una que tenía un par de canarios dentro. ¿El objetivo? Que cuando la vagoneta llegara, no fuese a él lo primero que vieran. Con el material que tenía fue lo único que podía pensar. Aunque seguramente las personas que estaban allí presentes creyeran que Alzeid se subiría y comenzaría a gritar algo sobre la liberación de las almas, él era bastante más prudente que eso. - Vamos allá. - Murmuró, en un tono relajado y sonriendo, mientras golpeó la vagoneta con una patada. Esta comenzó a andar por aquellos raíles y, justo en ese momento, los canarios empezaron a revolverse dentro de la jaula. - Un rezo por vuestras almas. - Sabía que morirían. Alzeid aprovecharía ese momento para crear cuchillas desde la suela de sus pies y utilizarlas como transporte, comenzando a 'patinar' por aquellos raíles. - ¿Quién recogerá el regalo que mi alma ha preparado? - Susurraba, mientras corría detrás de aquella vagoneta a una distancia prudente.
Mientras, el sonido que provenía de aquel túnel se hacía cada vez más fuerte y más evidente. En la cabeza de Alzeid y debido a sus creencias, escuchaba algo más un simple sonido metálico, una voz que le decía que fuese hacia ella. Que le salvara. - ¿Acaso hay un alma esperándome? - Se mordió el labio. Se dio la vuelta, alejándose nuevamente de Ikirami y se acercó a la entrada del túnel de la izquierda. En ese momento, un sonido todavía más fuerte resonó en su cabeza. Estaba justo detrás de él así que se dio la vuelta para comprobar qué era. - La gigante... - Susurró. Al final, el plan que había pensado el canino no había funcionado en lo más mínimo. Una en la entrada, dos hacia un lado, uno por otro lado... Y resulta que Irina quiso que la última aparición del grupo se sumase al suyo, aunque dejando caer alguna que otra broma hacia Daryl. Se gustaban, no había duda. A Alzeid le encantaban los cotilleos así que esto traería que hablar. Las reacciones que estaba teniendo con Ikirami, mostrando un repentino interés por ella, también eran bastante sospechosas. Pero ya habría tiempo de pensar en eso. Al fin y al cabo, se había juntado con este grupo de forma accidental y, a pesar de que alguna de esas almas resultase aparentemente interesante... había todavía muchas otras más sabrosas esperando por él. En algún lugar.
Con la llegada de la gigante, los agentes y la marine se dividieron en tres grupos diferentes para ir por cada uno de los tres caminos caminos: Alzeid por la izquierda, Daryl por el centro y el resto por el último. - Suerte con la gigante. - Movió su mano derecha de un lado a otro, despidiéndose del grupo. Agarró un par de cajas y las vació, dejando los materiales en el suelo, y colocó un par de ellas en la vagoneta. Una encima de la otra para, finalmente, posar sobre ellas una de las jaulas que había en aquel lugar. Concretamente, una que tenía un par de canarios dentro. ¿El objetivo? Que cuando la vagoneta llegara, no fuese a él lo primero que vieran. Con el material que tenía fue lo único que podía pensar. Aunque seguramente las personas que estaban allí presentes creyeran que Alzeid se subiría y comenzaría a gritar algo sobre la liberación de las almas, él era bastante más prudente que eso. - Vamos allá. - Murmuró, en un tono relajado y sonriendo, mientras golpeó la vagoneta con una patada. Esta comenzó a andar por aquellos raíles y, justo en ese momento, los canarios empezaron a revolverse dentro de la jaula. - Un rezo por vuestras almas. - Sabía que morirían. Alzeid aprovecharía ese momento para crear cuchillas desde la suela de sus pies y utilizarlas como transporte, comenzando a 'patinar' por aquellos raíles. - ¿Quién recogerá el regalo que mi alma ha preparado? - Susurraba, mientras corría detrás de aquella vagoneta a una distancia prudente.
Resumen
Karmas
Bélico
