[EVENTO FACCIÓN - REV.] La llama de la Revolución [Llegada desde los Blues]
#7
El puerto de Briss nunca había estado realmente en silencio, pero aquella mañana el ruido parecía distinto. No era el bullicio cotidiano de comerciantes, pescadores o borrachos madrugadores, había tensión en el aire, algo invisible que hacía que incluso las gaviotas parecieran gritar más fuerte de lo normal y como siempre yo estaba en medio de todo aquello, obviamente. —¡NO, NO, NO, ESCÚCHAME BIEN! ¡Ese no es el problema real de Briss!— Mi enorme mano señalaba al pobre vendedor ambulante que probablemente solo intentaba cobrar unas frutas. —¡El problema real es que ustedes llevan años aceptando migajas mientras un puñado de viejos vestidos de seda deciden cuánto vale el sudor del pueblo! ¿¡Y saben qué es lo peor!? ¡QUE YA LO NORMALIZARON!—
 
—Roger, tenemos que irnos.— Murmuró uno de los revolucionarios ocultos mientras cargaba cajas al barco. —¡Y ESO ES EXACTAMENTE LO QUE DIGO!— Continué sin siquiera girarme hacia él. —¡La gente siempre dice tenemos que irnos, tenemos que esperar, todavía no es el momento! ¡¿Y cuándo demonios será el momento entonces?!— Una mujer me lanzó una zanahoria desde un puesto cercano y la atrapé en el aire sin dejar de hablar. —¡GRACIAS CIUDADANA COMPROMETIDA CON EL CAMBIO!— Le di una mordida inmediata mientras mis orejas se agitaban al viento. Honestamente, había imaginado algo muy distinto. Briss estaba podrida desde arriba, cualquiera con ojos podía verlo. Nobles corruptos, guardias que protegían bolsillos antes que personas, impuestos absurdos, barrios olvidados, estaba convencido de que tarde o temprano terminaría liderando alguna clase de levantamiento local, aunque fuera accidentalmente, pero la revolución había llamado.
 
Y cuando la revolución llama, uno responde, porque eso era más grande que Briss, mucho más grande. Exhalé lentamente mientras finalmente subía al barco. La madera crujió bajo mi peso y mis enormes orejas se movieron apenas cuando miré por última vez hacia la ciudad. —Pensé que haría más aquí antes de irme— Admití por primera vez en un tono extrañamente tranquilo. —Aunque bueno, supongo que eso significa que el mundo allá afuera está todavía peor.— y sinceramente, esa idea me emocionaba. Mis ojos brillaron casi de inmediato. —¡¿SE IMAGINAN SI LA ISLA A LA QUE VAMOS ESTÁ EN PLENA REVUELTA?! ¡¿O SI HAY UNA DICTADURA LOCAL?! ¡¿O SI NECESITAN UN DISCURSO?!—
 
—Roger, ni siquiera sabemos a dónde vamos. — Respondió una mujer joven con la cara llena tatuajes.  —¡ESO LO HACE MEJOR!— Abrí ambos brazos hacia el horizonte como si estuviera saludando al propio mar. —¡UN NUEVO PUEBLO! ¡NUEVAS PERSONAS! ¡NUEVOS PROBLEMAS ESTRUCTURALES QUE RESOLVER! ¡ESTO ES EXACTAMENTE DE LO QUE HABLO CUANDO DIGO QUE EL CAMBIO NO DESCANSA!— Probablemente estaba demasiado feliz para alguien abandonando su hogar sin rumbo claro, pero yo jamás había necesitado certezas, solo movimiento, solo historia, solo un lugar donde pudiera meterse en medio del caos y empezar a hablar.
 
Pero las órdenes eran claras, demasiado claras de hecho pero sinceramente odiaba las órdenes claras cuando incluían palabras como silencio, ocultos y no llamar la atención. La bodega del enorme pesquero olía a sal, humedad, madera vieja y pescado almacenado durante demasiado tiempo. Un olor que probablemente haría vomitar a cualquiera normal, pero que en aquel momento era menos insoportable que el verdadero problema, el aburrimiento. —Esto es contraproducente para la revolución.— Declaré completamente serio mientras permanecía sentado sobre un barril enorme. —¿Cómo esperan cambiar el mundo encerrando a sus mejores elementos sociales dentro de una caja flotante? —Nadie respondió, incluso uno de los revolucionarios ni siquiera levantó la mirada. Llevábamos días así, sin ver el sol, sin saber dónde demonios estábamos, sin siquiera poder asomarnos a cubierta. Mis enormes orejas se movían constantemente, intentando captar conversaciones a través de la madera del barco. Ese probablemente había sido el verdadero castigo, encerrar a alguien como yo cerca de decenas de conversaciones ajenas sin permitirme meterme en ellas, crueldad absoluta si me lo preguntan.
 
—Hace dos horas escuché a un marinero discutir sobre apuestas de peces espada.— Comenté rompiendo nuevamente el silencio. —Y nadie aquí quiso investigar más. Eso es exactamente por qué el Gobierno Mundial sigue ganando terreno político.—
 
—Roger— uno de los tantos ya cansados de mis discursos me iba a parar pero no lo permití.  —¡NO, ESCÚCHAME! ¡TODO ESTÁ CONECTADO! Las apuestas ilegales generan corrupción local, la corrupción genera hambre, el hambre genera criminalidad y eventualmente alguien termina trabajando para nobles incompetentes. — Un suspiro colectivo recorrió la bodega, ya iban varios así en lo que llevábamos desde que desperté, porque incluso intentando hablar bajo, seguía sintiéndome como alguien dando un discurso frente a una plaza entera.
 
Me levanté finalmente del barril y comencé a caminar de un lado a otro entre cajas y redes de pesca, incapaz de permanecer quieto demasiado tiempo. —Además, ¿qué clase de misión secreta es esta? ¡Nos esconden como contrabando revolucionario! ¡Yo debería estar arriba hablando con la tripulación, entendiendo la situación sociopolítica de las rutas marítimas, generando conexiones humanas!—
 
—Precisamente por eso te encerraron aquí abajo.— Murmuró alguien desde el fondo. Me detuve, pensé en ello unos segundos. —Eso es razonable. — Admití con una honestidad brutal, luego volví a caminar y mis dedos golpeaban distraídamente una zanahoria contra la palma de mi mano mientras mis oídos seguían atentos a cada crujido del barco. Habíamos parado varias veces, eso estaba claro. Lo sabía por los cambios de voces, por los sonidos externos, por el movimiento de mercancías y por el acento distinto de algunos hombres que ocasionalmente escuchaba sobre cubierta, pero no saber dónde estábamos me estaba matando lentamente, yo necesitaba información como otros necesitaban agua. —¿Y si estamos entrando a territorio controlado por el Gobierno Mundial?—, —¿Y si esta misión termina siendo una infiltración?—, —Apuesto cien berries a que necesitan un orador—, luego hubo silencio otra vez, entonces apoyé ambas manos sobre mis rodillas y sonreí ampliamente pese al encierro porque algo estaba pasando y eso me llena de motivación y emoción porque soy parte de eso.

Arriba La Revolución
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RE: [EVENTO FACCIÓN - REV.] La llama de la Revolución [Llegada desde los Blues] - por Roger Rabbit - 29-05-2026, 05:17 PM

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