28-05-2026, 07:35 PM
La era de la revolución había llegado. Claramente fue lo que entendió Yamaguchi cuando una voz distorsionada llegó a su den den mushi. El mensaje estaba claro, y es que la causa revolucionaria le requería en la isla de Báltigo. Parecía que, finalmente, después de volcarse en sus entrenamientos, podría hacer algo tras dedicarse a la revolución, provocar un cambio que sacudiría el mundo. Desde que pudo ver que Sera se echó a la mar y que había conseguido ganarse una reputación lo suficientemente grande como para valer 30 millones, Yamaguchi se sentía que no podía quedarse atrás. Este era su momento.
Con las directrices claras, Yamaguchi esperó lo necesario en Isla Karate, siempre atento a la zona costera que aparecería su billete hacia Báltigo hasta que, finalmente, un robusto y resistente barco pesquero atracó en esas aguas. Cuando éste llegó, cogió todos sus objetos personales, utensilios y armas y fue directo a subirse al navío. Una vez delante, los nervios se apoderaron de él, incluso para alguien tan tranquilo como él. Claramente era un asunto de alta relevancia Vamos Ryu no es tan difícil… Vas te presentas, y te subes al barco… comenzó a acercarse hacia la persona a cargo hasta que, debido a los nervios y a su natural torpeza, Yamaguchi se tropezó con un pedrusco en el trayecto y cayó de bruces.
Genial… comenzó a incorporarse, presentando la cara rojiza por el planchazo. Ya que había hecho el ridículo, no tenía mucho que perder. [b]Disculpe mi entrada… Se presenta Ryu, Yamaguchi Ryu, solicito permiso para subir al barco, por favor.[/b] se paró frente a la persona a cargo, haciéndole el saludo marcial de la revolución tras pedirle permiso, no teniendo opción el encargado a dejarle pasar al ver que, Yamaguchi, conocía el saludo revolucionario.
Una vez subido al barco, Yamaguchi tenía instrucciones claras de introducirse en la bodega y, pasara lo que pasara, no salir de allí. Parecía que la revolución se iba a tomar muy en serio su clandestinidad para poder asistir a la asamblea sin ser detenidos. Sin embargo el largo trayecto al que el charlatán estuvo sometido fue extremadamente duro, llegando nuevos y variopintos reclutas por cada parada que iba haciendo el pesquero a lo largo de su ruta, y acumulándose un olor que resultaba complicado, incluso para alguien con un sentido atenuado al olfato como Yamaguchi tenía. Además, el no fumar para no apestar la habitación del barco, se le hacía un infierno al iniciado de la revolución. No era capaz ni de saber cuántos días llevaba navegando, abriendo y cerrando su encendedor por pura inercia.
Cuando Yamaguchi creía que iba a perder del todo su cordura, su den den comenzó a emitir un sonido estático [b]¿Y esto? sacó su medio de comunicación de su mochila, comprobando que este no funciona, ¿qué estaba pasando? Disculpen, mi den den parece que no funciona, ¿os ocurre lo mismo? preguntó al resto de polizones, con los que no había interactuado demasiado durante su estancia, sin saber que estaba a nada de la principal sede del Ejército Revolucionario.
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Con las directrices claras, Yamaguchi esperó lo necesario en Isla Karate, siempre atento a la zona costera que aparecería su billete hacia Báltigo hasta que, finalmente, un robusto y resistente barco pesquero atracó en esas aguas. Cuando éste llegó, cogió todos sus objetos personales, utensilios y armas y fue directo a subirse al navío. Una vez delante, los nervios se apoderaron de él, incluso para alguien tan tranquilo como él. Claramente era un asunto de alta relevancia Vamos Ryu no es tan difícil… Vas te presentas, y te subes al barco… comenzó a acercarse hacia la persona a cargo hasta que, debido a los nervios y a su natural torpeza, Yamaguchi se tropezó con un pedrusco en el trayecto y cayó de bruces.
![[Imagen: 38504f990191b6cd79d0585eb2736b47.jpg]](https://i.ibb.co/MDp8CQSB/38504f990191b6cd79d0585eb2736b47.jpg)
Genial… comenzó a incorporarse, presentando la cara rojiza por el planchazo. Ya que había hecho el ridículo, no tenía mucho que perder. [b]Disculpe mi entrada… Se presenta Ryu, Yamaguchi Ryu, solicito permiso para subir al barco, por favor.[/b] se paró frente a la persona a cargo, haciéndole el saludo marcial de la revolución tras pedirle permiso, no teniendo opción el encargado a dejarle pasar al ver que, Yamaguchi, conocía el saludo revolucionario.
Una vez subido al barco, Yamaguchi tenía instrucciones claras de introducirse en la bodega y, pasara lo que pasara, no salir de allí. Parecía que la revolución se iba a tomar muy en serio su clandestinidad para poder asistir a la asamblea sin ser detenidos. Sin embargo el largo trayecto al que el charlatán estuvo sometido fue extremadamente duro, llegando nuevos y variopintos reclutas por cada parada que iba haciendo el pesquero a lo largo de su ruta, y acumulándose un olor que resultaba complicado, incluso para alguien con un sentido atenuado al olfato como Yamaguchi tenía. Además, el no fumar para no apestar la habitación del barco, se le hacía un infierno al iniciado de la revolución. No era capaz ni de saber cuántos días llevaba navegando, abriendo y cerrando su encendedor por pura inercia.
Cuando Yamaguchi creía que iba a perder del todo su cordura, su den den comenzó a emitir un sonido estático [b]¿Y esto? sacó su medio de comunicación de su mochila, comprobando que este no funciona, ¿qué estaba pasando? Disculpen, mi den den parece que no funciona, ¿os ocurre lo mismo? preguntó al resto de polizones, con los que no había interactuado demasiado durante su estancia, sin saber que estaba a nada de la principal sede del Ejército Revolucionario.
¡Viva la revolución!
