28-05-2026, 11:17 AM
(Última modificación: 28-05-2026, 11:53 AM por Nyra Kuroshiro.)
—¡DeeeejaaaaMEEEE!
—¡Que nooooOOOO!
Shin apenas pudo dar un par de pasos arrastrándome por el suelo cuando una nueva presencia llegó a la escena.
—Os diría que cerréis la puerta, pero es evidente que os gusta exhibiros.
Mis iris se clavaron de inmediato en el hueco, donde ahora se encontraba Dimitri tratando de contener una sonrisa a duras penas. Lo observé entre la sorpresa y la confusión. «¿Exhibirnos?».
—Y, Nyra, hay otras formas más interesantes de quitar un pantalón.
Mi piel, habitualmente morena, se incendió al instante con unos tonos rojizos jamás vistos anteriormente por nadie de mi tripulación.
—¡Dimitri, no inventes! ¡Yo no…!
—¡Yo qué vosotros buscaba un hotel!
—¡DIMITRI!
Ni largándose dejaba de meter cizaña, y obviamente que el albino no iba a ser menos en aquella competición. ¡¿Por qué tuvo que decir lo del hotel?!
—¡Shin, NO! ¡No hagas parecer que…!
—¡Sí! ¡Nyra y yo en un hotel! ¡Solos!
—¡SHIN!
Me levanté de golpe para correr a asomarme por el gran agujero en la pared.
—¡No es así, Dimitri! ¡¡No es esoooo!!
«Maldita sea, ¡¿por qué tienen que hacerme estooo?!».
—¡Y Georgy! ¡Dile a esa cosa que llamas novia que venga a reparar la puerta de Nyri!
—Oye, ¡¿cómo que “cosa”?! —exclamé enfadada hacia Shin, antes de volver a girarme hacia la dirección en la que se había ido Dimitri—. ¡Pero sí, dile a Hae-Won que…! —En menos de un instante, volví a buscar al albino con la mirada, molesta—. ¡Espera! ¡¿Por qué Choi?! ¡¿Qué culpa tiene ella?! ¡Pobrecita!
Pero, por supuesto, mi compañero tenía el don de hacer girar la situación que fuese a donde más le conviniera.
—Así que la inconquistable Nyra Kuroshiro finalmente está a mis pies…
Mi tez, que desde que se insultó a mi amiga había ido recuperando progresivamente su color hasta casi llegar al habitual, volvió a encenderse a niveles imposibles al imaginar verme en la situación en la que había estado y que dio lugar al malintencionado comentario de Dimitri. Entre los dos, habían llevado mi mente a un estado en el que no solía navegar y que provocó que, aun a sabiendas de que aquella mirada se trataba de una broma amplificada por su fruta, me hiciera repentinamente hiperconsciente de lo estúpidamente guapo que era aquel maldito.
—Siempre supe que tú ibas a enamorarte primero, pequeña Nyri.
—¡Ya te gustaría!
—¡Nyra Hasegawa! Tiene impacto.
—¡¡Shin!!
Apenas a tiempo de ver aquel gesto, me cubrí el rostro con las manos, avergonzada, pero también con dos sombras lejanas cruzando mi mente de forma simultanea: Himari y aquella carta.
De hecho, el propio albino mencionó una de ellas casi enseguida, y aun a través de los dedos pude percibir su destello al desvanecerse. Cuando miré alrededor, buscándolo, lo encontré sentado en mi cama. En aquella pose, con aquella frase y con aquel tono, me divirtió imaginarlo como un personaje, un príncipe enigmático, que había salido de las páginas para invitar a su historia a la lectora que había elegido y tratar de cambiar así juntos el final del libro.
Mis iris brillaron entre el disfrute y la convicción.
—¿Crees que hay algo en este mundo que pudiera hacerme decir que no~?
Después de todo, ¿qué lectora rechazaría acompañar a su protagonista favorito?
—¡Que nooooOOOO!
Shin apenas pudo dar un par de pasos arrastrándome por el suelo cuando una nueva presencia llegó a la escena.
—Os diría que cerréis la puerta, pero es evidente que os gusta exhibiros.
Mis iris se clavaron de inmediato en el hueco, donde ahora se encontraba Dimitri tratando de contener una sonrisa a duras penas. Lo observé entre la sorpresa y la confusión. «¿Exhibirnos?».
—Y, Nyra, hay otras formas más interesantes de quitar un pantalón.
Mi piel, habitualmente morena, se incendió al instante con unos tonos rojizos jamás vistos anteriormente por nadie de mi tripulación.
—¡Dimitri, no inventes! ¡Yo no…!
—¡Yo qué vosotros buscaba un hotel!
—¡DIMITRI!
Ni largándose dejaba de meter cizaña, y obviamente que el albino no iba a ser menos en aquella competición. ¡¿Por qué tuvo que decir lo del hotel?!
—¡Shin, NO! ¡No hagas parecer que…!
—¡Sí! ¡Nyra y yo en un hotel! ¡Solos!
—¡SHIN!
Me levanté de golpe para correr a asomarme por el gran agujero en la pared.
—¡No es así, Dimitri! ¡¡No es esoooo!!
«Maldita sea, ¡¿por qué tienen que hacerme estooo?!».
—¡Y Georgy! ¡Dile a esa cosa que llamas novia que venga a reparar la puerta de Nyri!
—Oye, ¡¿cómo que “cosa”?! —exclamé enfadada hacia Shin, antes de volver a girarme hacia la dirección en la que se había ido Dimitri—. ¡Pero sí, dile a Hae-Won que…! —En menos de un instante, volví a buscar al albino con la mirada, molesta—. ¡Espera! ¡¿Por qué Choi?! ¡¿Qué culpa tiene ella?! ¡Pobrecita!
Pero, por supuesto, mi compañero tenía el don de hacer girar la situación que fuese a donde más le conviniera.
—Así que la inconquistable Nyra Kuroshiro finalmente está a mis pies…
Mi tez, que desde que se insultó a mi amiga había ido recuperando progresivamente su color hasta casi llegar al habitual, volvió a encenderse a niveles imposibles al imaginar verme en la situación en la que había estado y que dio lugar al malintencionado comentario de Dimitri. Entre los dos, habían llevado mi mente a un estado en el que no solía navegar y que provocó que, aun a sabiendas de que aquella mirada se trataba de una broma amplificada por su fruta, me hiciera repentinamente hiperconsciente de lo estúpidamente guapo que era aquel maldito.
—Siempre supe que tú ibas a enamorarte primero, pequeña Nyri.
—¡Ya te gustaría!
—¡Nyra Hasegawa! Tiene impacto.
—¡¡Shin!!
Apenas a tiempo de ver aquel gesto, me cubrí el rostro con las manos, avergonzada, pero también con dos sombras lejanas cruzando mi mente de forma simultanea: Himari y aquella carta.
De hecho, el propio albino mencionó una de ellas casi enseguida, y aun a través de los dedos pude percibir su destello al desvanecerse. Cuando miré alrededor, buscándolo, lo encontré sentado en mi cama. En aquella pose, con aquella frase y con aquel tono, me divirtió imaginarlo como un personaje, un príncipe enigmático, que había salido de las páginas para invitar a su historia a la lectora que había elegido y tratar de cambiar así juntos el final del libro.
Mis iris brillaron entre el disfrute y la convicción.
—¿Crees que hay algo en este mundo que pudiera hacerme decir que no~?
Después de todo, ¿qué lectora rechazaría acompañar a su protagonista favorito?
