25-05-2026, 04:25 PM
Tras mis palabras, Shin cerró unos momentos los párpados y pude sentir el alivio en su suspiro.
Me di cuenta entonces de que aquello no era solamente una guía o enseñanza para llegar a ser más fuerte, sino lo que aquello implicaba. Supe bajo aquel faro que él sólo quería a su lado gente fuerte y entendí que, aunque él siempre intentaría proteger a todos, necesitaba la tranquilidad de que podríamos defendernos solos. Hoy, y tras la historia de Himari, entendí el temor que se oculta tras sus reticencias a crear lazos profundos con otros y el impacto que podría tener para él perderlos de nuevo.
Y los que nos unían ya habían comenzado a enraizarse con fuerza en el otro.
Pero el estornudo dispersó mis pensamientos como una piedrecita al crear ondas en el agua, en especial cuando volvía a escuchar la risita de Shin después de tanto tiempo. Yo hice lo mismo, moviendo ligeramente mi cola ante su comentario y al tiempo que devolvía la vela a la cesta.
—En parte me alegra, aunque ya no sepa qué hacer contigo.
Mis iris no se desviaron de los suyos. Si en los de él se percibía cansancio, en los míos una tranquila curiosidad divertida que, en realidad, no necesitaba respuesta.
—¿Quién dice que tengas que hacer algo?
A mí me valía si simplemente lo ayudaba a vivir el presente y alejarlo, aunque fuera por un rato, de tanto malestar.
Sonreí orgullosa cuando mencionó que probablemente conseguiría que hablase sobre cosas que intenta olvidar, sabiendo que su resignación era sólo una declaración de su comodidad hacia mí.
—Sólo pones esa tonta expresión tuya, y todo parece más fácil…
Mi suave risa se escuchó de nuevo ante aquella declaración que sentí como una pequeña victoria. Quizás, con el tiempo, sí pudiera permitirme ayudarlo aún más con aquellas sombras internas que se atrevían a intentar opacar la misma luz que yo me había jurado proteger.
La pulsera brilló una vez más bajo la luna cuando acepté su mano para ayudarme a levantarme, y acepté con una sonrisa la que él me mostró junto al gesto en mi cabeza.
—¡No te preocupes! Yo sólo quería pasar tiempo contigo, y eso lo he tenido. ¿Qué más podría pedir? —anuncié con un suave movimiento de mi cola.
Me había bajado de la manta para poder guardarla entre los dos, pero unas palabras me dejaron clavada en el sitio.
—Te acompañaré de regreso y volveré a entrenar.
—¡¿Quéeeee?! —Mis ojos se abrieron más al tiempo que mis orejas se echaron hacia atrás.
—No completé mis ejercicios…
—¡Pero Shiiiiiiin! —exclamé abriendo muchos los brazos, olvidando que estaba terminando de recoger él.
—Nada de lo que me digas me convencerá, que conste. ¡Y no se vale que me digas que te compense descansando!
Mis mofletes se inflaron en completa indignación al tiempo que me cruzaba de brazos. ¡Eso no es justo! ¡Ni siquiera me había dado tiempo a pensarlo todavía!
Suspiré resignada cuando lideró la caminata, y yo empecé a seguir sus pasos. Pero no. No me iba a rendir tan fácilmente.
—Pero Shin, parte de todo esto era que pudieras descansar un rato, ¡¿qué sentido tiene ayudarte a descansar un rato si solamente vas a retrasar los mismos ejercicios y acostarte más tarde aún?! —me quejé mostrando las palmas de las manos al hablar—. Antes dijiste que hay que pensar desde otra perspectiva y no quedarse sin otras opciones ni imaginación. ¡O sea, ser listo! ¡¿Cómo vas a hacer que tu mente vaya a la velocidad de tu cuerpo si no descansas?!
Entonces, una pequeña aspiración anunció la idea que se me acababa de pasar por la mente, iluminándome el rostro y volviendo a alzar mis orejas. De inmediato, avancé unos pasos y me coloqué delante de él, caminando hacia atrás sobre la arena para poder mirarlo sin detenernos ni ralentizarnos.
—¡Ya sé! ¡Ya sé cómo me lo vas a compensar! —anuncié felizmente enlazando las manos en la espalda y adivinándose el balanceo de mi cola tras estas—. No puedes ir a entrenar si la cita no termina, así que voy a pedirte… ¡toooda la noche! —exclamé extendiendo de repente ambos brazos a cada lado, como si pudiera abarcar todas esas horas entre estos, antes de bajarlos de nuevo—. Bueno, ¡al menos hasta que te duermas! Puedo llevarme una silla a tu cuarto y cantarte, o contarte cuentos… ¡Y la persiana tiene que estar echada para que no te despierte la luz del amanecer por la mañana! ¡Shiiiin, por favor, por favor, por favoooor…! —me adelanté antes de que pudiera negarse, uniendo mis manos para apoyar esa petición—. ¡Sólo te pido que descanses hasta que te despiertes mañana! ¡Sólo esoooo! ¡Sólo esta veeez! ¡No vas a bajar tu rendimiento sólo por unas poquitas horas, y descansar te ayudará a aprovechar mucho mejor el día de mañana! ¡Por favooooooooooor!
Me di cuenta entonces de que aquello no era solamente una guía o enseñanza para llegar a ser más fuerte, sino lo que aquello implicaba. Supe bajo aquel faro que él sólo quería a su lado gente fuerte y entendí que, aunque él siempre intentaría proteger a todos, necesitaba la tranquilidad de que podríamos defendernos solos. Hoy, y tras la historia de Himari, entendí el temor que se oculta tras sus reticencias a crear lazos profundos con otros y el impacto que podría tener para él perderlos de nuevo.
Y los que nos unían ya habían comenzado a enraizarse con fuerza en el otro.
Pero el estornudo dispersó mis pensamientos como una piedrecita al crear ondas en el agua, en especial cuando volvía a escuchar la risita de Shin después de tanto tiempo. Yo hice lo mismo, moviendo ligeramente mi cola ante su comentario y al tiempo que devolvía la vela a la cesta.
—En parte me alegra, aunque ya no sepa qué hacer contigo.
Mis iris no se desviaron de los suyos. Si en los de él se percibía cansancio, en los míos una tranquila curiosidad divertida que, en realidad, no necesitaba respuesta.
—¿Quién dice que tengas que hacer algo?
A mí me valía si simplemente lo ayudaba a vivir el presente y alejarlo, aunque fuera por un rato, de tanto malestar.
Sonreí orgullosa cuando mencionó que probablemente conseguiría que hablase sobre cosas que intenta olvidar, sabiendo que su resignación era sólo una declaración de su comodidad hacia mí.
—Sólo pones esa tonta expresión tuya, y todo parece más fácil…
Mi suave risa se escuchó de nuevo ante aquella declaración que sentí como una pequeña victoria. Quizás, con el tiempo, sí pudiera permitirme ayudarlo aún más con aquellas sombras internas que se atrevían a intentar opacar la misma luz que yo me había jurado proteger.
La pulsera brilló una vez más bajo la luna cuando acepté su mano para ayudarme a levantarme, y acepté con una sonrisa la que él me mostró junto al gesto en mi cabeza.
—¡No te preocupes! Yo sólo quería pasar tiempo contigo, y eso lo he tenido. ¿Qué más podría pedir? —anuncié con un suave movimiento de mi cola.
Me había bajado de la manta para poder guardarla entre los dos, pero unas palabras me dejaron clavada en el sitio.
—Te acompañaré de regreso y volveré a entrenar.
—¡¿Quéeeee?! —Mis ojos se abrieron más al tiempo que mis orejas se echaron hacia atrás.
—No completé mis ejercicios…
—¡Pero Shiiiiiiin! —exclamé abriendo muchos los brazos, olvidando que estaba terminando de recoger él.
—Nada de lo que me digas me convencerá, que conste. ¡Y no se vale que me digas que te compense descansando!
Mis mofletes se inflaron en completa indignación al tiempo que me cruzaba de brazos. ¡Eso no es justo! ¡Ni siquiera me había dado tiempo a pensarlo todavía!
Suspiré resignada cuando lideró la caminata, y yo empecé a seguir sus pasos. Pero no. No me iba a rendir tan fácilmente.
—Pero Shin, parte de todo esto era que pudieras descansar un rato, ¡¿qué sentido tiene ayudarte a descansar un rato si solamente vas a retrasar los mismos ejercicios y acostarte más tarde aún?! —me quejé mostrando las palmas de las manos al hablar—. Antes dijiste que hay que pensar desde otra perspectiva y no quedarse sin otras opciones ni imaginación. ¡O sea, ser listo! ¡¿Cómo vas a hacer que tu mente vaya a la velocidad de tu cuerpo si no descansas?!
Entonces, una pequeña aspiración anunció la idea que se me acababa de pasar por la mente, iluminándome el rostro y volviendo a alzar mis orejas. De inmediato, avancé unos pasos y me coloqué delante de él, caminando hacia atrás sobre la arena para poder mirarlo sin detenernos ni ralentizarnos.
—¡Ya sé! ¡Ya sé cómo me lo vas a compensar! —anuncié felizmente enlazando las manos en la espalda y adivinándose el balanceo de mi cola tras estas—. No puedes ir a entrenar si la cita no termina, así que voy a pedirte… ¡toooda la noche! —exclamé extendiendo de repente ambos brazos a cada lado, como si pudiera abarcar todas esas horas entre estos, antes de bajarlos de nuevo—. Bueno, ¡al menos hasta que te duermas! Puedo llevarme una silla a tu cuarto y cantarte, o contarte cuentos… ¡Y la persiana tiene que estar echada para que no te despierte la luz del amanecer por la mañana! ¡Shiiiin, por favor, por favor, por favoooor…! —me adelanté antes de que pudiera negarse, uniendo mis manos para apoyar esa petición—. ¡Sólo te pido que descanses hasta que te despiertes mañana! ¡Sólo esoooo! ¡Sólo esta veeez! ¡No vas a bajar tu rendimiento sólo por unas poquitas horas, y descansar te ayudará a aprovechar mucho mejor el día de mañana! ¡Por favooooooooooor!
