23-05-2026, 06:01 PM
(Última modificación: 23-05-2026, 06:32 PM por Nyra Kuroshiro.)
Un entrenamiento grupal de la División 75. Así era como se había dispuesto que íbamos a pasar la mañana en la base de la Marina, listos para practicar nuestros (algunos nuevos) estilos de combate y ver cómo nos desenvolvíamos entre todos trabajando en equipo, ideando también algunas tácticas en conjunto.
Sin embargo, nuestra acción se vio interrumpida con la inesperada llegada de ocho hombres elegantemente uniformados escoltando a un superior… no tan superior de altura. ¡También va muy bien vestido! ¡Me encanta su sombrero de plumas! Y su peluca le da un aire de lo más distinguido, como en esos cuadros de la nobleza que había visto a veces replicados en libros.
Indiferente a su ligero desprecio, yo lo observé con evidente curiosidad, con el rostro ligeramente inclinado hacia un lado, preguntándome si siquiera se encontraba ante las personas correctas.
Debía de estar seguro, porque no tardó en terminar de anunciar su presencia con una característica melodía de trompeta. Mis iris parecieron iluminarse con estrellitas en cuanto comenzó a hablar.
¡Distinguidas damas! ¡¡Soy una distinguida dama!! Pero se me olvidó que lo era ante una palabra muy concreta que me hizo alzar muy alto mis orejas y llevar ambas manos a la boca para aspirar un gritito de emoción contenida: mascarade. ¡¡UNA MASCARADA!!
Contuve el aliento mientras continuaban escuchando cada palabra e instrucción. ¡Cinco de la tarde! Y son, son las… ¡Son las tenemos que prepararnos ya o no nos da tiempo!
Pero la curiosidad me dominaba, y en cuanto el elegante caballero se marchó con su escolta, salté hasta Dimitri y empecé a tirarle de la manga.
―¡Léelo, léelo, Dimitri, léelooooooooo! ―casi suplicaba―. ¡¿Qué poneeeeeeeeeee?!
Pero aunque fuera a leerla, yo iba a mirarla por encima del hombro en cuanto la abriera. HALAAAAAAA, QUÉ LETRA MÁS BONITAAAA, ¡yo también quiero esa tinta para cuando algún día podamos organizar nuestras propias fiestas!
¡GRAN BAILE DE MÁSCARAS DE MATSURI! ¡MEJORES GALAS! ¡INVITADOS SORPRESA! ¡AAAH!
―HAE-WON ―grité de inmediato apareciendo ante ella, tomándola de las manos y con una mirada más intensa que nunca dirigiéndose hacia sus ojos―, ¡tenemos que comprarnos unos vestidos a la de ya! ¡No nos da tiempo! ¡Tenemos que ducharnos y correr!
Espera, ¡correr!
―¡¡Kael!! ―me giré entonces hacia él, sin soltar las manos de mi compañera―, ¡necesitamos un coche de caballos para llegar hasta allí! ¡Dos distinguidas damas no podemos ir con tacones y elegantes vestidos andando hasta allí! ¡Se nos van a estropear! ¡Tú te encargas! ¡Muchas graaaciaaaas~! ¡Ya entrenamos mañana, Shiiin~!
Acto seguido, comencé a dar saltitos alrededor de la albina, sin soltarla en ningún momento.
―¡Vamos a ser princesas, Hae-won! ¡¡Vamos a ser princesas!! ―exclamé antes de empezar a canturrear―. ¡Vamos a ser princeeesaaas, vamos a ser princeeesaaas, vamos a ser princeeesaaas~! ―Tras un vulpino chillidito emocionado, solté una de sus manos para echar a correr, arrastrándola al seguir sosteniendo la otra―. ¡Tenemos que bañarnos ya! ¡En una hora nos vemos en la puerta!
Durante todo el trayecto, no dejé de mirar ni un solo instante por la ventana.
―¡Haalaaaaaaaaaaaa! ¡Qué bonitooooooooo! ¡Mira esas flores! ¡Y qué limpias están las calles! ¡Y qué elegante va la genteeee! ¡Mira, Carlos, miraaaa!
Por supuesto, Hae-won y yo habíamos visto todo aquello al ir a comprar nuestros vestidos a esa zona de la ciudad, pero mi cola no deja de agitarse sobre el asiento al ver todo desde la novedosa perspectiva que aquel coche me ofrece, y yo estaba encantada de poder enseñar todo aquello a mi inseparable mascotita.
―¡Tienes mucha suerte, Calos! ―anuncié poniéndolo en alto―. ¡Tienen una sala sólo para Mushi Mushis! ¡Vas a hacer muchos amigos, ya verás!
A punto estuve de ponérmelo junto a la cara para frotarlo contra mi mejilla de puro cariño, ¡pero menos mal que no lo hice! Me acordé justo a tiempo de que por una vez me había puesto maquillaje en el rostro y un brillo de labios de tonos rosados que, aun suaves, destacaban sobre mi piel sin desentonar con su calidez. Incluso un poco los ojos a pesar de la máscara, porque hacía un efecto muy bonito por debajo.
Cuando nuestro destino ya se veía de lejos, mi cola se agitó aún más sobre el asiento, sabiendo que llegábamos justo cuando comenzaban a llegar los invitados, aunque por supuesto no seríamos los primeros. ¡Así podríamos ver cómo hacían otros las cosas y asegurarnos de hacernos todo bien! Aunque confiaba en todas las novelas que me había leído para poder disfrutar por completo aquella noche.
Y, de hecho, así estaba mentalizada. En cuanto me bajé del carro (con Carlos en un bolsillo interno), mi actitud cambió por completo. Me aseguré de que mi cola no se moviera y enlacé las manos delante de mí al caminar. Lo hice recta y elegante, como toda una señorita, como esas elegantes señoritas que había estado analizando durante las compras con Hae-won. Hoy soy una distinguida dama, ¡una princesa! ¡Y voy a comportarme como tal!
Una vez llegamos ante la puerta, dejé que Shin nos presentara ante la alta sociedad. Mientras lo hacía, no pude evitar observar los trajes de todos y cada uno de mis compañeros. Hae-won estaba preciosa, con un traje increíble que quedaba a juego con el de Dimitri, ambos con tonos blancos y dorados en un estilo realmente exótico pero que encajaba al mismo tiempo con el del entorno. Por su parte, Kael y Shin habían optado por el negro y dorado, aunque el primero centró su atuendo en ese color tan elegante como oscuro, dejando el otro para unos sutiles adornos que captaban la atención hacia su misteriosa y profunda mirada, mientras que el segundo destacaba el dorado en su llamativa chaqueta y en la máscara que enmarcaba sus brillantes iris cerúleos.
Entonces, mis iris se giraron hacia Dimitri, sin estar segura de si este o el propio Shin entregarían la invitación para que quedara constancia de que todo estaba en orden. Una suave brisa soplaba y me hizo ser repentinamente más consciente del sutil perfume de jazmín con que me había perfumado la piel, la cola y el cabello, el cual tenía un toque de vainilla tan etéreo que seguramente solamente yo sería capaz de notar el matiz.
Mientras tanto, una parte de mí se preguntaba dónde habría que dejar a los Mushi Mushi…
Sin embargo, nuestra acción se vio interrumpida con la inesperada llegada de ocho hombres elegantemente uniformados escoltando a un superior… no tan superior de altura. ¡También va muy bien vestido! ¡Me encanta su sombrero de plumas! Y su peluca le da un aire de lo más distinguido, como en esos cuadros de la nobleza que había visto a veces replicados en libros.
Indiferente a su ligero desprecio, yo lo observé con evidente curiosidad, con el rostro ligeramente inclinado hacia un lado, preguntándome si siquiera se encontraba ante las personas correctas.
Debía de estar seguro, porque no tardó en terminar de anunciar su presencia con una característica melodía de trompeta. Mis iris parecieron iluminarse con estrellitas en cuanto comenzó a hablar.
¡Distinguidas damas! ¡¡Soy una distinguida dama!! Pero se me olvidó que lo era ante una palabra muy concreta que me hizo alzar muy alto mis orejas y llevar ambas manos a la boca para aspirar un gritito de emoción contenida: mascarade. ¡¡UNA MASCARADA!!
Contuve el aliento mientras continuaban escuchando cada palabra e instrucción. ¡Cinco de la tarde! Y son, son las… ¡Son las tenemos que prepararnos ya o no nos da tiempo!
Pero la curiosidad me dominaba, y en cuanto el elegante caballero se marchó con su escolta, salté hasta Dimitri y empecé a tirarle de la manga.
―¡Léelo, léelo, Dimitri, léelooooooooo! ―casi suplicaba―. ¡¿Qué poneeeeeeeeeee?!
Pero aunque fuera a leerla, yo iba a mirarla por encima del hombro en cuanto la abriera. HALAAAAAAA, QUÉ LETRA MÁS BONITAAAA, ¡yo también quiero esa tinta para cuando algún día podamos organizar nuestras propias fiestas!
¡GRAN BAILE DE MÁSCARAS DE MATSURI! ¡MEJORES GALAS! ¡INVITADOS SORPRESA! ¡AAAH!
―HAE-WON ―grité de inmediato apareciendo ante ella, tomándola de las manos y con una mirada más intensa que nunca dirigiéndose hacia sus ojos―, ¡tenemos que comprarnos unos vestidos a la de ya! ¡No nos da tiempo! ¡Tenemos que ducharnos y correr!
Espera, ¡correr!
―¡¡Kael!! ―me giré entonces hacia él, sin soltar las manos de mi compañera―, ¡necesitamos un coche de caballos para llegar hasta allí! ¡Dos distinguidas damas no podemos ir con tacones y elegantes vestidos andando hasta allí! ¡Se nos van a estropear! ¡Tú te encargas! ¡Muchas graaaciaaaas~! ¡Ya entrenamos mañana, Shiiin~!
Acto seguido, comencé a dar saltitos alrededor de la albina, sin soltarla en ningún momento.
―¡Vamos a ser princesas, Hae-won! ¡¡Vamos a ser princesas!! ―exclamé antes de empezar a canturrear―. ¡Vamos a ser princeeesaaas, vamos a ser princeeesaaas, vamos a ser princeeesaaas~! ―Tras un vulpino chillidito emocionado, solté una de sus manos para echar a correr, arrastrándola al seguir sosteniendo la otra―. ¡Tenemos que bañarnos ya! ¡En una hora nos vemos en la puerta!
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Apariencia de Nyra
Durante todo el trayecto, no dejé de mirar ni un solo instante por la ventana.
―¡Haalaaaaaaaaaaaa! ¡Qué bonitooooooooo! ¡Mira esas flores! ¡Y qué limpias están las calles! ¡Y qué elegante va la genteeee! ¡Mira, Carlos, miraaaa!
Por supuesto, Hae-won y yo habíamos visto todo aquello al ir a comprar nuestros vestidos a esa zona de la ciudad, pero mi cola no deja de agitarse sobre el asiento al ver todo desde la novedosa perspectiva que aquel coche me ofrece, y yo estaba encantada de poder enseñar todo aquello a mi inseparable mascotita.
―¡Tienes mucha suerte, Calos! ―anuncié poniéndolo en alto―. ¡Tienen una sala sólo para Mushi Mushis! ¡Vas a hacer muchos amigos, ya verás!
A punto estuve de ponérmelo junto a la cara para frotarlo contra mi mejilla de puro cariño, ¡pero menos mal que no lo hice! Me acordé justo a tiempo de que por una vez me había puesto maquillaje en el rostro y un brillo de labios de tonos rosados que, aun suaves, destacaban sobre mi piel sin desentonar con su calidez. Incluso un poco los ojos a pesar de la máscara, porque hacía un efecto muy bonito por debajo.
Cuando nuestro destino ya se veía de lejos, mi cola se agitó aún más sobre el asiento, sabiendo que llegábamos justo cuando comenzaban a llegar los invitados, aunque por supuesto no seríamos los primeros. ¡Así podríamos ver cómo hacían otros las cosas y asegurarnos de hacernos todo bien! Aunque confiaba en todas las novelas que me había leído para poder disfrutar por completo aquella noche.
Y, de hecho, así estaba mentalizada. En cuanto me bajé del carro (con Carlos en un bolsillo interno), mi actitud cambió por completo. Me aseguré de que mi cola no se moviera y enlacé las manos delante de mí al caminar. Lo hice recta y elegante, como toda una señorita, como esas elegantes señoritas que había estado analizando durante las compras con Hae-won. Hoy soy una distinguida dama, ¡una princesa! ¡Y voy a comportarme como tal!
Una vez llegamos ante la puerta, dejé que Shin nos presentara ante la alta sociedad. Mientras lo hacía, no pude evitar observar los trajes de todos y cada uno de mis compañeros. Hae-won estaba preciosa, con un traje increíble que quedaba a juego con el de Dimitri, ambos con tonos blancos y dorados en un estilo realmente exótico pero que encajaba al mismo tiempo con el del entorno. Por su parte, Kael y Shin habían optado por el negro y dorado, aunque el primero centró su atuendo en ese color tan elegante como oscuro, dejando el otro para unos sutiles adornos que captaban la atención hacia su misteriosa y profunda mirada, mientras que el segundo destacaba el dorado en su llamativa chaqueta y en la máscara que enmarcaba sus brillantes iris cerúleos.
Entonces, mis iris se giraron hacia Dimitri, sin estar segura de si este o el propio Shin entregarían la invitación para que quedara constancia de que todo estaba en orden. Una suave brisa soplaba y me hizo ser repentinamente más consciente del sutil perfume de jazmín con que me había perfumado la piel, la cola y el cabello, el cual tenía un toque de vainilla tan etéreo que seguramente solamente yo sería capaz de notar el matiz.
Mientras tanto, una parte de mí se preguntaba dónde habría que dejar a los Mushi Mushi…
Diario de princesa
