23-05-2026, 08:35 AM
En medio del resplandor cálido del sol me quedé observando a Dharma con paciencia silenciosa, su rostro continuaba mostrándose casi carente de emociones, inmóvil tras la presuntuosa pregunta de mi parte, era difícil de analizarlo, y aun así había algo en él que me hacía pensar que detrás de aquella quietud existía una mente que jamás descansaba, como si midiera a filo de mirada las intenciones de quiénes interactúan directo con él. Finalmente descendió el primer tramo de aquella corta escalinata de piedra hasta que la luz bañó parcialmente su rostro, dejando delinear mejor sus facciones aunque sus ojos verdes jamás abandonaron los míos ni por un segundo.
Su voz hizo presencia en respuesta a mis dudas, siempre en tonalidad serena con una actitud relajada, me habló ahora del respeto que Melly le tenía, que era en base a su actitud de enfrentar los riesgos del mar sin dudas obstruyendo su camino, porque el mar no siente compasión por quienes dudan, y mientras caminábamos, aquellas palabras quedaron invadiendo mis pensamientos.
Era verdad, desde que inicié mi viaje por el océano, he vivido tantas situaciones donde mi vida había quedado suspendida de un hilo tan fino que bastaba un mal movimiento para romperlo, he soportado tormentas, personas peligrosas, lugares que parecían tragarse la esperanza misma… sí, el océano jamás daba segundas oportunidades con facilidad. Dharma hablaba de fuerza, de poder, igual que Melly… pero entonces surgió una pregunta persistente entre mis ideas, ¿Qué clase de poder buscaban realmente?
—- Ya veo… —- murmuré más para mí misma que para él, mantuve la vista baja unos segundos, observando el suelo rocoso bajo nuestros pies mientras intentaba comprender aquella búsqueda que parecía repetirse en tantas personas distintas, algunos deseaban libertad, otros soñaban con amor, otros querían la fama, aventuras o convertirse en grandes artistas, y luego estaban aquellos que buscaban poder. ¿Qué clase de poder?
“Soy el tipo de pirata que destruye lo que estorba... y me gusta otorgar paz y humildad Jahjahjah” Un latido advirtió.
A oídos sordos, la música del mercado dejó de existir para mí en cuanto sus palabras cayeron sobre mis hombros, la inquietud apareció para quedarse un buen rato, deslizándose bajo mi piel como una corriente fría, y por un instante fue inevitable sentirme arrastrada hacia aquellos sueños blancos que tantas veces habían alimentado mis pesadillas. ¿Qué tipo de poder…?, ¿Qué tipo de poder…?, ¿Qué tipo de poder…?.
Inevitablemente la pregunta empezó a repetirse lentamente dentro de mi cabeza mientras mi mirada permanecía perdida en algún punto del camino. El bullicio del mercado continuaba alrededor, distante, casi ahogado, como si el mundo hubiese quedado unos pasos más lejos de mí, pero ahí estaba él, un pirata de tenacidad desconocida pero sí declarada. Lo acepté.
Volví a alzar mi mirada hacia él, no estaba exactamente asustada, era más bien… curiosidad mezclada con inquietud, no se alcanzaba a reflejar del todo en mi rostro puesto que siempre mantuve mi sonrisa hacia su persona, intentando comprender qué era exactamente aquello a lo que se refería, esperando de alguna manera estar equivocada.
—- ¿Qué significa destruir lo que estorba? —-- pregunté finalmente con una cautela que apenas logró filtrarse en mi voz, no estaba segura de querer escuchar la respuesta porque una parte de mí suponía que hablaba de arrebatar vidas con la naturalidad con la que otros hablaban sobre el clima o las mareas, así que decidí desviar la mirada hacia la hilera de puestos mercantiles que se extendía a un costado del camino. Aquel sector parecía estar dedicado a medicinas, remedios y plantas exóticas. Mis ojos azules recorrieron distraídamente aquel entorno antes de volver hablar… —- Yo considero que antes de llegar a eso siempre se puede intentar dialogar para alcanzar un buen acuerdo, ¿no? —-- Mi voz salió suave, pensativa mientras hablaba al observar una anciana que discutía precios con un comerciante unos pasos más adelante, y cerca de ella, unos niños reían encantadores solo por jugar con cintas balanceadas en el viento cuál cometas de papel, escenas simples, tranquilas, casi cotidianas, y tal vez por eso me costaba entender aquella manera tan fría de ver el mundo.
—- De esa forma también podría existir paz, eso creo… —- murmuré al final, casi como si estuviera intentando convencerme a mí misma de que no todo es tan malo como parece.
La música comenzó a elevarse poco a poco entre el bullicio del mercado hasta terminar envolviendo completamente la calle, frente a nosotros el camino obligaba a girar hacia la derecha, y apenas lo hicimos, encontramos el origen de aquella melodía, un grupo de artistas callejeros ocupaba parte del paso con sus tambores, panderetas flautines y bailes. Los músicos tocaban con una energía contagiosa mientras algunas personas danzaban alrededor de ellos haciendo girar telas coloridas en el aire, no parecían artistas profesionales, solo isleños intentando ganarse unas monedas de turistas y visitantes, pero había tanta vida en aquella escena que por un instante todo lo demás dejó de importar, el camino prácticamente estaba cerrado.
A pesar de eso, una sonrisa cálida se formó lentamente sobre mis labios mientras mis manos comenzaban a aplaudir con suavidad, apenas lo suficiente para acompañar el ritmo de la música, el sonido de los tambores vibraba al son de mis latidos de una forma curiosamente agradable. —-- Bueno… no creo que podamos avanzar por aquí. —- comenté sin mirarlo realmente, todavía seguía admirando de tan hermosa escena músical, mis ojos recorrían fascinados cada detalle de aquella pequeña presentación callejera.
—- ¿Qué deberíamos hacer? —- pregunté finalmente, inclinando apenas el rostro hacia él. —- ¿Regresar?.
Su voz hizo presencia en respuesta a mis dudas, siempre en tonalidad serena con una actitud relajada, me habló ahora del respeto que Melly le tenía, que era en base a su actitud de enfrentar los riesgos del mar sin dudas obstruyendo su camino, porque el mar no siente compasión por quienes dudan, y mientras caminábamos, aquellas palabras quedaron invadiendo mis pensamientos.
Era verdad, desde que inicié mi viaje por el océano, he vivido tantas situaciones donde mi vida había quedado suspendida de un hilo tan fino que bastaba un mal movimiento para romperlo, he soportado tormentas, personas peligrosas, lugares que parecían tragarse la esperanza misma… sí, el océano jamás daba segundas oportunidades con facilidad. Dharma hablaba de fuerza, de poder, igual que Melly… pero entonces surgió una pregunta persistente entre mis ideas, ¿Qué clase de poder buscaban realmente?
—- Ya veo… —- murmuré más para mí misma que para él, mantuve la vista baja unos segundos, observando el suelo rocoso bajo nuestros pies mientras intentaba comprender aquella búsqueda que parecía repetirse en tantas personas distintas, algunos deseaban libertad, otros soñaban con amor, otros querían la fama, aventuras o convertirse en grandes artistas, y luego estaban aquellos que buscaban poder. ¿Qué clase de poder?
“Soy el tipo de pirata que destruye lo que estorba... y me gusta otorgar paz y humildad Jahjahjah” Un latido advirtió.
A oídos sordos, la música del mercado dejó de existir para mí en cuanto sus palabras cayeron sobre mis hombros, la inquietud apareció para quedarse un buen rato, deslizándose bajo mi piel como una corriente fría, y por un instante fue inevitable sentirme arrastrada hacia aquellos sueños blancos que tantas veces habían alimentado mis pesadillas. ¿Qué tipo de poder…?, ¿Qué tipo de poder…?, ¿Qué tipo de poder…?.
Inevitablemente la pregunta empezó a repetirse lentamente dentro de mi cabeza mientras mi mirada permanecía perdida en algún punto del camino. El bullicio del mercado continuaba alrededor, distante, casi ahogado, como si el mundo hubiese quedado unos pasos más lejos de mí, pero ahí estaba él, un pirata de tenacidad desconocida pero sí declarada. Lo acepté.
Volví a alzar mi mirada hacia él, no estaba exactamente asustada, era más bien… curiosidad mezclada con inquietud, no se alcanzaba a reflejar del todo en mi rostro puesto que siempre mantuve mi sonrisa hacia su persona, intentando comprender qué era exactamente aquello a lo que se refería, esperando de alguna manera estar equivocada.
—- ¿Qué significa destruir lo que estorba? —-- pregunté finalmente con una cautela que apenas logró filtrarse en mi voz, no estaba segura de querer escuchar la respuesta porque una parte de mí suponía que hablaba de arrebatar vidas con la naturalidad con la que otros hablaban sobre el clima o las mareas, así que decidí desviar la mirada hacia la hilera de puestos mercantiles que se extendía a un costado del camino. Aquel sector parecía estar dedicado a medicinas, remedios y plantas exóticas. Mis ojos azules recorrieron distraídamente aquel entorno antes de volver hablar… —- Yo considero que antes de llegar a eso siempre se puede intentar dialogar para alcanzar un buen acuerdo, ¿no? —-- Mi voz salió suave, pensativa mientras hablaba al observar una anciana que discutía precios con un comerciante unos pasos más adelante, y cerca de ella, unos niños reían encantadores solo por jugar con cintas balanceadas en el viento cuál cometas de papel, escenas simples, tranquilas, casi cotidianas, y tal vez por eso me costaba entender aquella manera tan fría de ver el mundo.
—- De esa forma también podría existir paz, eso creo… —- murmuré al final, casi como si estuviera intentando convencerme a mí misma de que no todo es tan malo como parece.
La música comenzó a elevarse poco a poco entre el bullicio del mercado hasta terminar envolviendo completamente la calle, frente a nosotros el camino obligaba a girar hacia la derecha, y apenas lo hicimos, encontramos el origen de aquella melodía, un grupo de artistas callejeros ocupaba parte del paso con sus tambores, panderetas flautines y bailes. Los músicos tocaban con una energía contagiosa mientras algunas personas danzaban alrededor de ellos haciendo girar telas coloridas en el aire, no parecían artistas profesionales, solo isleños intentando ganarse unas monedas de turistas y visitantes, pero había tanta vida en aquella escena que por un instante todo lo demás dejó de importar, el camino prácticamente estaba cerrado.
A pesar de eso, una sonrisa cálida se formó lentamente sobre mis labios mientras mis manos comenzaban a aplaudir con suavidad, apenas lo suficiente para acompañar el ritmo de la música, el sonido de los tambores vibraba al son de mis latidos de una forma curiosamente agradable. —-- Bueno… no creo que podamos avanzar por aquí. —- comenté sin mirarlo realmente, todavía seguía admirando de tan hermosa escena músical, mis ojos recorrían fascinados cada detalle de aquella pequeña presentación callejera.
—- ¿Qué deberíamos hacer? —- pregunté finalmente, inclinando apenas el rostro hacia él. —- ¿Regresar?.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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