El tiempo es limitado. Para ti | Fic
#2
El eco de sus propias palabras flotó en el aire, denso y cargado de una promesa silenciosa que solo el viento de la isla pareció registrar. Aquella última frase no era un reto hacia un enemigo invisible, sino un decreto grabado en las paredes de su propia mente. Abrió los ojos apenas un milímetro, lo suficiente para ver cómo las hojas de los árboles danzaban con pereza, ajenas a la tormenta que se gestaba bajo su piel. Qué fácil era para la naturaleza ser hermosa; qué estúpido resultaba el esfuerzo de los hombres por imitar esa armonía en sus patéticas vidas cotidianas allá abajo, en el puerto mercante. Fijó la mirada en el horizonte, donde el azul del cielo se fundía con el mar infinito del Grand Line, esa masa de agua traicionera que devoraba hombres y escupía barcos rotos. Desde la altura de la colina, la perspectiva cambiaba las proporciones de las cosas. Los grandes navíos de carga, aquellos monstruos de madera y velas que en los muelles resultaban imponentes, aquí arriba parecían meros juguetes de madera flotando en un estanque. La perspectiva lo era todo. Aquellos que se consideraban poderosos allá abajo, capitanes de comercio con trajes finos y marineros con cicatrices de taberna, no eran más que hormigas moviéndose bajo un orden preestablecido, un orden que Dharma sabía que podía quebrar en cualquier instante si se lo proponía.

Una ráfaga de viento más fuerte sacudió la copa del árbol en el que se apoyaba, desprendiendo un par de hojas secas que cayeron sobre su regazo. Las tomó entre sus dedos, observando las nervaduras marchitas con una atención casi clínica. La vida y la muerte coexistiendo en el mismo pedazo de tierra. Esa era la única verdad universal que respetaba. El pasto verde que pisaba hoy sería el abono del mañana, y los hombres que hoy sonreían en los mercados de la isla número dos terminarían formando parte del mismo ciclo, despojados de sus orgullos y sus pequeñas fortunas acumuladas.

| Qué frágil es la seguridad de los ignorantes... se duermen pensando en el oro del mañana sin saber si su corazón latirá esta noche... | Murmuró para sí mismo, dejando que la hoja seca se desintegrara bajo la presión de su pulgar. | Demasiadas ilusiones y demasiada debilidad habita tambien... |

El contraste entre la belleza del paisaje y la crudeza de su mente generaba una fricción extraña, una chispa que alimentaba esa oscuridad latente. A unos cientos de metros, el manto de flores multicolores vibraba bajo el sol. Había rojos intensos que recordaban a la sangre fresca, amarillos tan brillantes que lastimaban la vista y violetas profundos que semejaban los hematomas de una batalla bien librada. Era un espectáculo hermoso, innegablemente, pero para Dharma esa belleza radicaba en su naturaleza efímera. Las flores marchitarían, el clima agradable de la corriente Akai daría paso a una tormenta impredecible y la cordialidad de los habitantes de la isla se transformaría en pánico al primer cañonazo. La paz no era un estado permanente; era solo el intervalo aburrido entre dos catástrofes.

Apoyó la nuca contra la corteza rugosa, sintiendo la textura áspera y firme del árbol. Ese contacto con algo sólido le permitía mantener los pies en la tierra mientras su mente vagaba por conceptos abstractos. Se preguntó cuántos hombres habrían pasado por esa misma colina buscando lo mismo que él: un respiro, un momento de desconexión. Probablemente muchos. Pero la diferencia radicaba en que los demás regresaban a sus vidas ordinarias sintiéndose renovados, listos para integrarse de nuevo en el engranaje del mundo. Él no. Él solo usaba este breve descanso para afilar los bordes de su voluntad, para recordar por qué despreciaba tanto la normalidad. La figura de Melly cruzó fugazmente por sus pensamientos, no como una interrupción, sino como una excepción a su regla de aislamiento. Recordar la soltura con la que ella se movía entre el caos, robando al mismo tripulante que acababan de sobornar, le provocó una leve distensión en el rostro. 

Era una rareza que encajaba en su propia lógica distorsionada. El mundo estaba lleno de idiotas que seguían las leyes al pie de la letra, pero aquellos que sabían romperlas con elegancia merecían una categoría aparte. Sin embargo, incluso esa complicidad involuntaria quedaba en segundo plano cuando se enfrentaba a la inmensidad de sus propias ambiciones. El sol comenzó su lento descenso en el horizonte, tiñendo las nubes periféricas de un tono anaranjado y purpúreo. La luz dorada se filtraba entre las ramas, proyectando sombras alargadas sobre el pasto que semejaban garras oscuras estirándose desde el bosque. Dharma observó el fenómeno con fascinación silenciosa. La oscuridad siempre encontraba una forma de reclamar su terreno, ocultando los colores vivos y sumergiendo el paisaje en la penumbra donde las verdaderas intenciones cobran vida. Así era su espíritu: una noche perpetua que devoraba lentamente los últimos vestigios de la calidez mundana.

| Tengo tanto por hacer... pero así sera. | Las palabras salieron densas, casi arrastradas, perdiéndose en el susurro de la maleza. | Tengo que... jahjahjah |

Se enderezó un poco, cruzando los brazos sobre el pecho mientras mantenía las piernas estiradas sobre el manto verde. El aire puro de la isla Akai comenzaba a enfriarse, trayendo consigo el olor característico de las mareas nocturnas, una mezcla de sal, algas y misterio. Sabía que su tiempo de contemplación estaba llegando a su fin. No porque el entorno lo obligara, sino porque su propia naturaleza inquieta rechazaba la inmovilidad prolongada. La comodidad entumecía los músculos y ablandaba el espíritu; pasar demasiadas horas disfrutando del buen clima era un lujo peligroso para alguien que pretendía quebrar el orden establecido.A lo lejos, las luces del puerto empezaron a encenderse una a una, como estrellas artificiales caídas en la costa. Desde su posición, el movimiento de la gente parecía el de un hormiguero mecánico, todos corriendo de un lado a otro con propósitos absurdos. El comercio, las monedas, las promesas de una vida mejor al otro lado del océano. Todo aquello le parecía una farsa monumental.

Dharma respiró hondo por última vez, llenando sus pulmones con esa brisa especial que la isla le regalaba, saboreando el contraste entre la pureza del oxígeno y la podredumbre de sus intenciones futuras. La oscuridad endemoniada que se agitaba en su interior volvió a calmarse, pero no por debilidad, sino por saciedad. Había alimentado sus pensamientos con la dosis necesaria de desprecio y filosofía cruenta para los días venideros. Miró sus propias manos, las palmas marcadas por el esfuerzo y el destino que él mismo había elegido arrancar de las garras del azar. No había vuelta atrás. En el momento en que decidió adentrarse en la ruta maldita, aceptó que su camino no estaría pavimentado con la cordialidad de las islas comerciales, sino con las cenizas de las ilusiones ajenas. Con una lentitud calculada, Dharma comenzó a prepararse mentalmente para abandonar la sombra bienhechora del árbol. El tonto que había decidido ser por un día estaba desapareciendo, dejando paso una vez más al individuo que no dudaría en aplastar los corazones de los soberbios. Se quedó inmóvil unos instantes más, permitiendo que la última luz del crepúsculo golpeara su rostro antes de entregarse por completo a la noche que ya gobernaba la colina.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
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El tiempo es limitado. Para ti | Fic - por Dharma - 07-05-2026, 11:37 PM
RE: El tiempo es limitado. Para ti | Fic - por Dharma - 21-05-2026, 09:51 PM

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