19-05-2026, 01:56 PM
—Cállate ya, Nyra.
Mis manos soltaron de inmediato las suyas y quedaron enlazadas a la altura del vientre.
Ya había notado que aquella sonrisa no era precisamente de felicidad, y aquellas palabras me confirmaron que el fuerte agarre sobre el pañuelo se debía a la rabia… o quizás algo peor.
La culpa me impidió volver a mirarlo a la cara o buscarlo siquiera cuando aquel destello desapareció.
Sentí mis gemas comenzando a humedecerse mientras me preguntaba hasta qué punto, por idiota, habría llegado a hacerle daño…
—¡Oyeeee!
Ni siquiera se me había ocurrido alzar la mirada hasta que su voz me sorprendió. Aunque sonaba cansado, me llamaba junto a él. Lo observé un par de segundos sin moverme del lugar, tratando de dilucidar si el halago y su invitación venían de un sentimiento sincero o si sólo lo hacía por cumplir o no hacerme sentir mal.
«¿No crees que bastante daño le has hecho ya?».
Detuve un pequeño paso que ya había iniciado bajo el agua. Una parte de mí quería marcharse para que no tuviera que seguir fingiendo por mi causa. Sin embargo, sabía también que, de haber querido, habría fingido mucho mejor. Lo había visto tras su encuentro con Ichiro. ¿O es que estaba tan agotado que ni eso podía ya?
—¡Salvo que no te importe que me coma todo! No dejaré ni la vela.
Una imperceptible sonrisa se formó en mis labios. Con todo lo que se estaba esforzando, no podía marcharme sin más.
«Ya se han hecho las cosas a mi manera demasiado tiempo».
Ahora le tocaba a él marcar el compás.
—¡Eh! ¡Déjame uno de tortilla y tomate por lo menos!
Acto seguido comencé a correr hacia él tan rápido como me lo permitía la resistencia del agua. Al ir acercándome a la orilla, me recogí las faldas hasta un poco más arriba de las rodillas y recorté así la distancia que me separaba de él.
Extendí un poco la sábana al llegar, pues el viento la había movido de su sitio, y me senté sobre ella, dejando únicamente parte de mis piernas fuera. Con un poco de suerte, eso serviría para que mis ropas no se impregnaran de la arena al rozarla.
Estiré entonces el brazo hacia la cesta, tratando de coger un bocadillo al azar.
—Te recomiendo dejar el de queso blanco y dulce de membrillo para el final. ¡Casi podría ser un postre~! —sugerí con una gran sonrisa, tratando de abrazar como podía el presente mientras desenvolvía el papel.
El que había abierto era de filete empanado, con tomate también. Le di enseguida un mordisco, y la punta de mi cola se movió un poquito sola debido al sabor. ¡Qué ricoo!
—Dentro de la cesta hay un par de odres con té, por si tienes sed. Uno de ellos es dulce y el otro no; te puedo dar el que prefieras, a mí me gustan los dos —recordé en voz alta tras pasar aquel primer bocado, mirándolo de reojo por primera vez desde que me senté.
Realmente quería intentar que se sintiera un poquito más en paz.
