19-05-2026, 07:18 AM
'Lo siento…'
Las palabras perdían valor, especialmente cuando los actos son realizados con tanta decisión. Lo repasaba en cámara lenta, cada paso dado hacia el mar que enfriaba sus cuerpos, todas las frases gritadas hacia el cielo, atrapadas sílaba a sílaba por diferentes estrellas, el firmamento fungiendo de pecera. Un estanque artificial de recuerdos, desbordándose.
Sólo pudo esclarecer que eligió transitar ese camino de manera consciente, sin importar los costes humanos que se sacrificasen a medida que avanzaba. Su propia humanidad, y de nadie más. El regalo que le hizo Himari, un tributo que estaba dispuesto a pagar si eso significaba llevar sus sueños a la realidad, hacer la utopía tangible, volcando el paraíso sobre almas errantes, orbitando alrededor de cuerpos que no se pertenecen a sí mismos.
El poder. La política. Las responsabilidades. Cada cuestión lo alejaba más de una cotidianidad estándar, lo descubría con cada nueva interacción, con los sentimientos intentando encontrarlo, dando con la enorme distancia que había trazado entre ellos y su racionalidad. Tal y como le confesó, es la única manera que entendía de vida, y estaba tan entregado a ello que había perdido la capacidad de afrontar situaciones como las que exponía Kuroshiro.
Quizás por eso la perdonó en completo silencio.
'Yo jamás me rendiré contigo.'
Su sonrisa fue trazada por mera ironía.
Sintió la tela en su mano derecha. El contacto esta vez fue frío, mayormente tapado por el pañuelo que había decidido entregarle, húmedo debido a las condiciones a las que se expusieron. A las que fue arrastrado, un poco en contra de su voluntad inicial.
—Cállate ya, Nyra.
Las únicas palabras que salieron de sus labios. Un pitido creciente saturaba casi todos sus sentidos, los estímulos lo habían sobrepasado, y no quería seguir escuchando cosas que por el simple contexto ya sabía. El tono en su voz estuvo repleto de desgana, y la única pista genuina que Kuroshiro podría tener para quizás, entender que no la estaba despreciando, era la forma en que se aferraba al pañuelo, observándolo durante instantes fugaces casi imperceptibles, antes de finalmente desaparecer.
El destello fue abrupto, al no estar totalmente sumergido ese poder seguía funcionando, y lo hacía a una velocidad que parecía no tener límites. Nyra sería incapaz de siquiera intentar predecir la dirección que tomó, pues las estelas dejadas por ese brillo tan intenso desaparecían casi a la misma velocidad que sus movimientos. Ni siquiera el agua entendía si algo realmente se movió en ella.
Pero las esperanzas no habían muerto.
Tras varios segundos, donde yacía la cesta, se pudo ver a Shin. Sentado frente a la misma, metiendo las manos en el interior, tratando de desvelar lo que guardaba, y encontrándose un mundo de sabores en forma de bocadillos, aunque a punto estuvo de llevarse a la boca la vela. Durante la transición, guardó el pañuelo en el interior de su uniforme, y cuando parecía que incluso desde ese momento iba a ignorar a Kuroshiro, sus ojos en aparente estado de normalidad se dirigieron a la chica. Entonces, alzó el brazo.
—¡Oyeeee! —no sonaba alegre, al menos no de la forma que acostumbraba. Había cansancio, cierta desgana y una oscuridad que seguía oprimiéndolo, aún así, lo intentaba. —Reconozco que eres hermosa con esa luz natural, pero se supone que eres mi cita. Te verías aún mejor cerca de mí. —palmeó la arena a su lado, sonriente. Esa curva en sus labios era minúscula, imperceptible a la distancia.
El pitido disminuía la intensidad. La petición de silencio resignificaba su sentido, como si no fuesen explicaciones lo que necesitaba tras, prácticamente, haber sido abatido por ella. —¡Salvo que no te importe que me coma todo! No dejaré ni la vela. —la sacó de la cesta, mostrándosela, y agitándola en el aire.
Su cansancio no se ocultaba. Las sonrisas eran reales, intentando no hundirse por los recuerdos, por esa nueva sensación que reinaba en su pecho, y eso evitaba que lo usado en ese instante sea una máscara.
Seguía siendo él. La persona que gritó al infinito un arrepentimiento que jamás verbalizó. Pero también, el hombre que cargaba con todos los pesos en completa soledad.
La gran diferencia, era esa invitación.
Asumir en silencio que la compañía, por esa vez, no le vendría tan mal.
Let there be light
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
