13-05-2026, 11:53 PM
(Última modificación: 14-05-2026, 01:10 AM por Hasegawa Shin.)
Hace mucho tiempo no presenciaba esa energía.
A veces ciertas personas irradian un brillo único, que se extiende alrededor de todo lo que orbita a su alcance, generando efectos inmediatos que varían según su receptor. En Nyra, las luces tenues y cálidas aparecieron desde el primer momento, con intriga, curiosidad, deseos silenciosos que en realidad, eran compartidos, como susurros pronunciados al unísono.
Y volvió a sentirlo cuando se vieron a solas tras la reunión en Samba.
Sus palabras le recordaban ecos que parecían extintos. Cuando más confundido se veía, fue su sonrisa incansable la que le volvió a mostrar por qué es humano, y no un arma del clan Hasegawa. Le mostró el sabor del presente, y lo bonito que en él se reflejan las memorias pasadas, un trazo inequívoco de las historias que construyen a las personas.
Y lo que encontró fue luz. La misma que ella despertaba en él.
Iluminaban noches de apariencia eterna, a las sombras más oscuras, envueltos por los sueños e ideas sobre días aún no vividos, y elevaron tanto esas esperanzas, que aquello acostumbrado a rodearlos en forma de pequeñas luciérnagas parpadeantes, se transformó en un cielo claro repleto de estrellas, atestiguando la continuación de los casi inaudibles susurros.
Ella hizo silencio cuando por fin pudo pronunciarlos, y trató de leer a través de las pequeñas miradas que le iba dedicando, entendiendo progresivamente que una niebla densa iba desapareciendo de su cabeza. No supo si había vuelto a ver algo en él, si dentro de su abrigo de protección deshilachado encontró algún hilo del cual tirar para volver a desarmarlo, pero llegó hasta el final de sus ideas, encontrando de nuevo alegría en esos labios que tantas habladurías podían producir.
Habladurías que de cierta forma, terminaba atesorando.
Se dejó empujar, aunque no le saldría gratis, pues inmediatamente contestó al pedido de que no le haga eso. —¿Pooooor qué? ¿Acaso te enamoraste de mí y sí querías ese beso? ¿Eh, eh? —la señaló, sin dejar de lado el resto de sus ideas incluso y si esa broma puntual incluía algo tan privado.
—¡Ajá! Ahora es mi culpa... ¡la próxima vez piénsalo dos veces antes de escuchar conversaciones ajenas! —otra acusación. Y si bien, las luces no desaparecían, Shin intentaba aislarse del brillo mediante el ruido, uno tan intenso que cortaba con sus tonterías la sensibilidad del momento, tratando de recuperar el control de sus propias emociones.
Pero de alguna forma, y por primera vez en mucho tiempo, ese prodigio frío, líder innato y guerrero inalcanzable perdió el dominio de la escena, y es que si bien, fue él quien le dio la cesta, la forma en que Kuroshiro terminó tomando la decisión le impidió imponer su propio ritmo, viéndose obligado a seguirla tal y como ella quería, retirándose el velo blanco con el cual se había vestido y el calzado. La camiseta ajustada negra y los pantalones holgados claros resaltaron ante la luz de la luna, tomando la decisión de sentarse justo donde la chica le dijo, y fue abordado casi de inmediato por algo sencillo, la diferencia entre lo que él creía que necesitaba, y lo que realmente necesitaba.
Y también, algo tan trivial como los miedos. Nunca se preguntó si tenía alguno, y a la hora de imaginarlo tampoco le caían ideas siquiera cercanas a alguna realidad. El contacto con la piel ajena lo llevó a mirarla directamente a los ojos, intentando rebuscar motivos o circunstancias, recuerdos que hubiesen generado los traumas suficientes como para querer evitar algo, y no supo si era negación, o sentir el tacto de Nyra, demasiado en el presente. Un calor tan profundo y armonioso que podía llegar a fracturar del todo su fachada, y por ello debía separarse.
Tras breves segundos, donde tuvo el espacio para responder, Shin escapó y apoyó ambas manos detrás de su espalda, sentado, y se inclinó hacia atrás, el torso perfilado hacia el cielo. Sonreía, retazos de resignación viviendo en su rostro.
—Creo que todavía no lo entiendes, pequeña Nyri. ¡Toooonta! —exclamó, mirándola de soslayo. Sus iris cerúleas parecían contener una chispa que incluso iluminaba en la oscuridad, y especialmente al reflejarla a ella se encendían un poco más.
—No hay miedos que calmar. Conozco mis posibilidades, y también, estoy dispuesto a cambiar el destino las veces que sean necesarias. —sus orbes observaban el cielo, algunos mechones albinos cayendo sobre uno de los laterales de su frente —Por si no lo entendiste, esta es la última excepción. Si quieres aprender por qué las cosas son así, aprovecha. —suspira, exhalando la pesadez mental que carga.
—Pretendo conocer con qué sueñan todos ustedes, y ayudarlos a volver realidad esos deseos. Es otro motivo para volverme el más fuerte. —no quería que piense que iba a cerrarse por completo, sin embargo, volver a reconocer incapacidad le pesaba bastante, era su forma de decirle que confíe en la versión de él mismo que conocía antes de escuchar esa conversación amarga con su padre. Y es ese recuerdo inmediato el que mancha brevemente su sonrisa, aunque vuelve a animarse con la idea que se le cruza por la cabeza.
—Ah... con razón Ichiro te odia. Te habrías llevado muy bien con Himari. —su rostro, hasta ese momento de perfil, se gira a verla. Se ve completamente confiado de esa afirmación, y hasta cierto punto, es una certeza que lo reconforta.
Incluso negando a Nyra, lo que ella busca en él, realmente se alegra de haberla conocido.
Porque nunca había visto un brillo como ese.
A veces ciertas personas irradian un brillo único, que se extiende alrededor de todo lo que orbita a su alcance, generando efectos inmediatos que varían según su receptor. En Nyra, las luces tenues y cálidas aparecieron desde el primer momento, con intriga, curiosidad, deseos silenciosos que en realidad, eran compartidos, como susurros pronunciados al unísono.
Y volvió a sentirlo cuando se vieron a solas tras la reunión en Samba.
Sus palabras le recordaban ecos que parecían extintos. Cuando más confundido se veía, fue su sonrisa incansable la que le volvió a mostrar por qué es humano, y no un arma del clan Hasegawa. Le mostró el sabor del presente, y lo bonito que en él se reflejan las memorias pasadas, un trazo inequívoco de las historias que construyen a las personas.
Y lo que encontró fue luz. La misma que ella despertaba en él.
Iluminaban noches de apariencia eterna, a las sombras más oscuras, envueltos por los sueños e ideas sobre días aún no vividos, y elevaron tanto esas esperanzas, que aquello acostumbrado a rodearlos en forma de pequeñas luciérnagas parpadeantes, se transformó en un cielo claro repleto de estrellas, atestiguando la continuación de los casi inaudibles susurros.
Ella hizo silencio cuando por fin pudo pronunciarlos, y trató de leer a través de las pequeñas miradas que le iba dedicando, entendiendo progresivamente que una niebla densa iba desapareciendo de su cabeza. No supo si había vuelto a ver algo en él, si dentro de su abrigo de protección deshilachado encontró algún hilo del cual tirar para volver a desarmarlo, pero llegó hasta el final de sus ideas, encontrando de nuevo alegría en esos labios que tantas habladurías podían producir.
Habladurías que de cierta forma, terminaba atesorando.
Se dejó empujar, aunque no le saldría gratis, pues inmediatamente contestó al pedido de que no le haga eso. —¿Pooooor qué? ¿Acaso te enamoraste de mí y sí querías ese beso? ¿Eh, eh? —la señaló, sin dejar de lado el resto de sus ideas incluso y si esa broma puntual incluía algo tan privado.
—¡Ajá! Ahora es mi culpa... ¡la próxima vez piénsalo dos veces antes de escuchar conversaciones ajenas! —otra acusación. Y si bien, las luces no desaparecían, Shin intentaba aislarse del brillo mediante el ruido, uno tan intenso que cortaba con sus tonterías la sensibilidad del momento, tratando de recuperar el control de sus propias emociones.
Pero de alguna forma, y por primera vez en mucho tiempo, ese prodigio frío, líder innato y guerrero inalcanzable perdió el dominio de la escena, y es que si bien, fue él quien le dio la cesta, la forma en que Kuroshiro terminó tomando la decisión le impidió imponer su propio ritmo, viéndose obligado a seguirla tal y como ella quería, retirándose el velo blanco con el cual se había vestido y el calzado. La camiseta ajustada negra y los pantalones holgados claros resaltaron ante la luz de la luna, tomando la decisión de sentarse justo donde la chica le dijo, y fue abordado casi de inmediato por algo sencillo, la diferencia entre lo que él creía que necesitaba, y lo que realmente necesitaba.
Y también, algo tan trivial como los miedos. Nunca se preguntó si tenía alguno, y a la hora de imaginarlo tampoco le caían ideas siquiera cercanas a alguna realidad. El contacto con la piel ajena lo llevó a mirarla directamente a los ojos, intentando rebuscar motivos o circunstancias, recuerdos que hubiesen generado los traumas suficientes como para querer evitar algo, y no supo si era negación, o sentir el tacto de Nyra, demasiado en el presente. Un calor tan profundo y armonioso que podía llegar a fracturar del todo su fachada, y por ello debía separarse.
Tras breves segundos, donde tuvo el espacio para responder, Shin escapó y apoyó ambas manos detrás de su espalda, sentado, y se inclinó hacia atrás, el torso perfilado hacia el cielo. Sonreía, retazos de resignación viviendo en su rostro.
—Creo que todavía no lo entiendes, pequeña Nyri. ¡Toooonta! —exclamó, mirándola de soslayo. Sus iris cerúleas parecían contener una chispa que incluso iluminaba en la oscuridad, y especialmente al reflejarla a ella se encendían un poco más.
—No hay miedos que calmar. Conozco mis posibilidades, y también, estoy dispuesto a cambiar el destino las veces que sean necesarias. —sus orbes observaban el cielo, algunos mechones albinos cayendo sobre uno de los laterales de su frente —Por si no lo entendiste, esta es la última excepción. Si quieres aprender por qué las cosas son así, aprovecha. —suspira, exhalando la pesadez mental que carga.
—Pretendo conocer con qué sueñan todos ustedes, y ayudarlos a volver realidad esos deseos. Es otro motivo para volverme el más fuerte. —no quería que piense que iba a cerrarse por completo, sin embargo, volver a reconocer incapacidad le pesaba bastante, era su forma de decirle que confíe en la versión de él mismo que conocía antes de escuchar esa conversación amarga con su padre. Y es ese recuerdo inmediato el que mancha brevemente su sonrisa, aunque vuelve a animarse con la idea que se le cruza por la cabeza.
—Ah... con razón Ichiro te odia. Te habrías llevado muy bien con Himari. —su rostro, hasta ese momento de perfil, se gira a verla. Se ve completamente confiado de esa afirmación, y hasta cierto punto, es una certeza que lo reconforta.
Incluso negando a Nyra, lo que ella busca en él, realmente se alegra de haberla conocido.
Porque nunca había visto un brillo como ese.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
