10-05-2026, 10:34 PM
La reacción de Heras tomó a Bai completamente por sorpresa, pues, sin entender por qué, el lunarian había parecido alterarse. O al menos eso es lo que ella entendía por la forma extraña y abrupta que había tenido de reaccionar. Pero, ¿por qué? ¿Qué había ocurrido? ¿Qué había dicho? ¿Había hecho algo incorrecto?
Bai se acarició las manos primero para luego, por incomodidad, retorcerse los dedos por un momento.
Y, sin embargo, había un detalle que no terminaba de encajar en aquella forma de actuar. Algo se le escapaba. Así que soltó sus manos, aún sin apartarse, y observó a Heras hablando con la tabernera. ¿Le estaría dando indicaciones? No, le había pedido algo.
—Scatterix. —Bai llamó la atención del hombre, pues no quería quedarse atrás en esa extraña conversación a tres.
Y el pelirrojo, pareciendo que entendía lo que pasaba, habló.
El problema es que, a medida que iba explicándole lo que el muchacho aparentemente había querido decir, la expresión de Bai se transformaba lentamente en una perplejidad absoluta.
—Ah —respondió como en una especie de acto reflejo—. Ah… —añadió intentando procesarlo—. Creo que... comprendo.
O, al menos, creía comprenderlo.
No era la primera vez que recibía atención masculina. Era consciente de que su aspecto, su rostro, su altura e incluso la pequeñez de sus alas habían provocado miradas, pero aquello era distinto. Demasiada honestidad, demasiada transparencia. Y eso la desconcertaba porque no tenía un manual de cómo actuar.
—Pero...
Bai volvió entonces la mirada hacia el muchacho y, con una calma suave, acortó la distancia entre ambos. Alzó la mano y la apoyó sobre el pecho ajeno.
—Heras… —pronunció despacio para después negar con la cabeza.
Y, llevándose la mano hacia sí misma, añadió: —Bai.
Luego, por si no hubiera quedado claro que esa era su forma de decirle que no quería nada con él, volvió a negar con la cabeza.
No es que él no fuese hermoso —que sí lo era— ni que no le pareciera un ejemplar saludable y atractivo —pues él poseía esa belleza ardiente de la juventud—, sino que, Bai, deseaba otra cosa completamente diferente. Su corazón no anhelaba pertenecer a nadie. No ahora. Ella solo quería viajar y conocer. Aprender. Continuar avanzando hasta ser una verdadera erudita.
Y, además, para amantes, ya tenía uno.
En ese momento, apareció entonces la tabernera cargando dos enormes jarras rebosantes de espuma.
Bai parpadeó. Miró las bebidas, luego a Heras y después de nuevo a Scatterix. Vaciló. No quería darle una impresión equivocada al muchacho ni que confundiera la amabilidad con una promesa que no estaba dispuesta a hacer.
Así que, al final, tras brevemente pensárselo, terminó girándose hacia el pelirrojo.
—Dile… Dile que puedo compartir un trago… pero no la comida. Sí es eso lo que significa para él.
—¡Chicos! —la voz de la tabernera cruzó hasta donde estaban los tres —¡Chicos! — repitió haciéndoles señas —. La comida tardará un rato todavía y los músicos están por llegar. Disfrutad un rato del lugar, mi esposo o yo os avisaremos.
Bai se acarició las manos primero para luego, por incomodidad, retorcerse los dedos por un momento.
Y, sin embargo, había un detalle que no terminaba de encajar en aquella forma de actuar. Algo se le escapaba. Así que soltó sus manos, aún sin apartarse, y observó a Heras hablando con la tabernera. ¿Le estaría dando indicaciones? No, le había pedido algo.
—Scatterix. —Bai llamó la atención del hombre, pues no quería quedarse atrás en esa extraña conversación a tres.
Y el pelirrojo, pareciendo que entendía lo que pasaba, habló.
El problema es que, a medida que iba explicándole lo que el muchacho aparentemente había querido decir, la expresión de Bai se transformaba lentamente en una perplejidad absoluta.
—Ah —respondió como en una especie de acto reflejo—. Ah… —añadió intentando procesarlo—. Creo que... comprendo.
O, al menos, creía comprenderlo.
No era la primera vez que recibía atención masculina. Era consciente de que su aspecto, su rostro, su altura e incluso la pequeñez de sus alas habían provocado miradas, pero aquello era distinto. Demasiada honestidad, demasiada transparencia. Y eso la desconcertaba porque no tenía un manual de cómo actuar.
—Pero...
Bai volvió entonces la mirada hacia el muchacho y, con una calma suave, acortó la distancia entre ambos. Alzó la mano y la apoyó sobre el pecho ajeno.
—Heras… —pronunció despacio para después negar con la cabeza.
Y, llevándose la mano hacia sí misma, añadió: —Bai.
Luego, por si no hubiera quedado claro que esa era su forma de decirle que no quería nada con él, volvió a negar con la cabeza.
No es que él no fuese hermoso —que sí lo era— ni que no le pareciera un ejemplar saludable y atractivo —pues él poseía esa belleza ardiente de la juventud—, sino que, Bai, deseaba otra cosa completamente diferente. Su corazón no anhelaba pertenecer a nadie. No ahora. Ella solo quería viajar y conocer. Aprender. Continuar avanzando hasta ser una verdadera erudita.
Y, además, para amantes, ya tenía uno.
En ese momento, apareció entonces la tabernera cargando dos enormes jarras rebosantes de espuma.
Bai parpadeó. Miró las bebidas, luego a Heras y después de nuevo a Scatterix. Vaciló. No quería darle una impresión equivocada al muchacho ni que confundiera la amabilidad con una promesa que no estaba dispuesta a hacer.
Así que, al final, tras brevemente pensárselo, terminó girándose hacia el pelirrojo.
—Dile… Dile que puedo compartir un trago… pero no la comida. Sí es eso lo que significa para él.
—¡Chicos! —la voz de la tabernera cruzó hasta donde estaban los tres —¡Chicos! — repitió haciéndoles señas —. La comida tardará un rato todavía y los músicos están por llegar. Disfrutad un rato del lugar, mi esposo o yo os avisaremos.
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
