¡No quiero asustarte pero debemos ir al fondo del mar! :: Privado :: Pasado
#4
Su voluntad, aquella que le permite mantenerse despierto, la que le obliga a levantarse aún cuando sus fuerzas no parecen permitirlo, esa voluntad que le hace extraer más allá de donde su cuerpo se lo permite, se ve invadida y avasallada. Donde creería encontrar paz y calma, encuentra un continuo lanzamiento de palabras que sus oídos no estaban dispuestos a procesar. En donde solo espera escuchar un nombre, una palabra dulce, o simplemente un pequeño sonido proveniente de unos dulces labios carnosos entremezclados en una voz de diosa...tan solo encuentra ruido, estruendo para pronunciar esas palabras, como si aquella fuese una conversación entre una niña y un adulto, pero este estuviera en mitad de un campo de guerra, mientras la contraria juega en un campo de maíz con la energía de mil soles.

Dios, la está torturando sin ni siquiera saberlo, y no puede responder para pedirle un poco de silencio.

Sus hombros se desploman ligeramente, haciendo su cuerpo tambalear mientras desataviado de vergüenza, se arrastra hasta la única salvación que posee, que también se convierte poco a poco en su perdición más suave.

Siente que la cabeza le estalla, que el calor se convierte en frío y repite mientras lucha contra la inconsciencia de donde estaba verdaderamente la vida, y donde nada más todo esto se volvía un sueño queriendo abrazarlo poco a poco, hasta hacerle desaparecer por completo.

Oh, no...la muerte no se lo iba a llevar. No aquí, no ahora, no en este lugar lejos de todo y de todos. Si fallecía, lo haría como marine. Si la parca desea abrazarlo, será bajo sus términos y condiciones, y estos estaban extremadamente distantes de tener tan siquiera una pizca de lo que buscaba.

Robó fuerzas de un aliento seco que lo hace toser. Busca formas de comunicarse aún con el calor del alcohol invadiendo sus cuerdas vocales sin tan siquiera haber probado gota

—De acuerdo, MM.—Algo más sencillo de pronunciar que su nombre completo. Ni siquiera rebatiría que le llamasen regaliz, no cuando cada palabra le asfixia y le roba las fuerzas que toma prestadas del abismo en lo más profundo de su ser.—Iré hasta ti, pero seré yo quién te desate. Romperé tus ataduras, y si no me desangro en el proceso...saldremos de aquí nadando.

La sola idea es terriblemente sencilla de pronunciar, pero su guerra se debate entre permanecer despierto o inconsciente, ¿y busca aún así ofrecer sus fuerzas a la mar, chapoteando para nadar a dios sabe que distancia de tierra firme, todo ello sin que nadie los descubra, solo por no tener que correr y huir a continuación? Nunca había sido tan descuidado, pero el optimismo es la única fortaleza que lo mantiene firme. Las cadenas de la chica no eran de acero, sino cuerda firme que para una chica como la presente, serían imposibles de romper a fuerza bruta. Él podía intentarlo, romper los hilos incluso si de sus manos le abandona aún más sangre del cuerpo. ¿Cuanta más puede perder hasta que su cuerpo le impida continuar? ¿Cuanto de él se mantiene humano, y cuanto está muerto, por encima de sus capacidades?

Bueno...pensar en ello no los sacará de ahí.

Se arrastró, cerrando la distancia entre ambos como un pequeño mortal en dirección a su salvación, un ruego de un alma fútil hacia las puertas del limbo, pero regresando al mundo de los vivos que con tanto ahínco desea permanecer...y la alcanza.

Resignado a las formas, se coloca a su lado, primero bajo sus pies, avanzando hasta sus rodillas, y después hasta la cintura, donde de milagro la cabeza no acabó tocando el poste, acabando con su sufrimiento en un golpe accidentado. La sangre bañaba sus ropas, y estas se ensuciarían aún más buscando el contacto con las manos ajenas, llegando hasta sus muñecas, buscando en ellas la cuerda que la inmovilizaba.

—No espero que me perdones, MM, pero sí que ambos consigamos salir de esta, cueste lo que nos cueste.

Se puso frente a la contraria. Hizo un esfuerzo titánico por colocarse de rodillas, pasando una de sus piernas hacia el otro lado de la cintura contraria hasta acabar sobre los tablones al lado de su cintura, manteniéndose a horcajadas frente a la muchacha.

Humillación.

Agachó la cabeza como si tratase de reverenciarse, ofreciendo la herida oculta de su cabello a la de cabellos azulados, para cumplir con lo prometido, mientras sus manos paran por encima de las mejillas carmesí, esforzándose en contra de aquel nudo, para, poco a poco, segundo a segundo, hacer aquel agarre más débil. Ni siquiera sabe cuantos segundos e incluso minutos tardaría con aquello, pero reconoce que lo conseguirá...y solo debe seguir vivo hasta entonces.

Su cuerpo debe aguantar

...al menos un poco más.
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RE: ¡No quiero asustarte pero debemos ir al fondo del mar! :: Privado :: Pasado - por Kael Omuyaga - 10-05-2026, 04:16 PM

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